viernes, 17 de abril de 2015

La vía democrática


En la actual coyuntura, 2015, y en ciernes las importantes elecciones parlamentarias, se hace necesario reiterar el compromiso democrático de todos los sectores, así como la voluntad política de transitar un diálogo constructivo en una situación llena de dificultades pero que no puede desviarnos de los principios fundamentales del respeto, la convivencia y la paz. Para los sectores y factores que de una u otra manera aspiran a un cambio de gobierno, este año trae la posibilidad de iniciar un cambio político pacífico si la oposición logra ganar las elecciones parlamentarias a pesar de las desventajas conocidas como lo son un CNE parcializado y un gobierno que abusa de sus ventajas. Si hacemos un breve repaso por los resultados electorales más importantes y dada la difícil situación económica y social y la disminución evidente del apoyo popular al gobierno, es razonable pensar que la oposición si hace bien las cosas pudiera ganar este proceso. Chávez en su mejor momento electoral gana la presidencia en 1998 con el 56.4% de la población (porcentaje parecido al triunfo de Lusinchi en 1983, 56.75% y al de CAP en 1988, 54.56%).

Para aprobar la nueva Constitución vía Referéndum, si bien se obtuvo un 80% de respaldo, pero la abstención se ubicó en 55.62%.

En la reelección del 2006, Chávez recibe el 54.42%, y en su tercera reelección, violando de manera flagrante la Constitución, obtuvo un 54.42%. Chávez gozó de un respaldo electoral importante y sin menoscabo de sus méritos personales, sin lugar a dudas, la bonanza petrolera y el populismo dadivoso tuvo mucho que ver con este respaldo. En la actual coyuntura, las cosas han cambiado de manera radical, con el fallecimiento del Presidente y la caída de los precios del petroleo la situación de Maduro y el oficialismo cada día luce más difícil y precaria. En ese sentido, Maduro es electo el 14 de abril del 2013, en un proceso electoral con fuertes dudas sobre los niveles de fraude y logra un 50.6% frente a Capriles que a pesar de las desventajas logra un 49.1%. Todavía hoy, muchos piensas o dudan de la victoria del presidente Maduro. En sana lógica, si no hay un acontecimiento extraordinario, el gobierno seguirá deteriorándose en la misma medida que el país siga deteriorándose y en este sentido la crisis progresiva y casi terminal es inocultable. De allí que no es descabellado pensar en un posible triunfo de la oposición siempre y cuando vaya unida y sepa hacer las cosas bien.

La historia siempre depara sorpresas, pero las sorpresas no pueden ser anticipadas, de allí que en términos de racionalidad política no nos queda sino apostar a un proceso electoral, en donde la observación internacional es fundamental y que la oposición lícitamente puede aspirar a ganar.

lunes, 2 de marzo de 2015

Élites, poder y política


Las crisis históricas y políticas son permanentes y recurrentes en la evolución de las sociedades y de los países. Una manera de expresar y corregir desequilibrios y al mismo tiempo asumir los cambios necesarios e inevitables. La Historia siempre es hacia adelante, es la Historia-Vida, cuyos impulsos vitales, culturales y tecno-científicos obligan a mirar siempre hacia el futuro.

Las sociedades tienden a ser conservadoras y las élites dominantes muchos más por la simple razón de que quieren perpetuarse en el poder y mantener sus privilegios.

Casi siempre el cambio político está precedido por cambios socio-culturales y económicos-tecnológicos que se expresan fundamentalmente en la emergencia de nuevos sectores sociales no representados y por actores políticos emergentes que se van constituyendo como nuevos grupos de poder que compiten con las clases dominantes del pasado y del presente, usufructuarios y representantes de lo que en la revolución francesa se llamó el “ancien regime”. Nuestro país tiene sus propios ejemplos al respecto, los mantuanos comenzando el siglo XIX, desplazando a la vieja élite peninsular monárquica y posteriormente los caudillos emergentes, a su vez, desplazando o asociándose con los sectores mantuanos tradicionales. En nuestra historia del siglo XIX este proceso fue denominado por José Gil Fortoul como el período de las oligarquías conservadoras y la oligarquía liberal hasta el posterior advenimiento de los caudillos del liberalismo y los caudillos andinos.

Con el advenimiento de la economía petrolera se modifica toda la estructura socio-económica del país y surgen nuevos grupos sociales y actores políticos, todo lo cual se va a reflejar de manera visible y cada vez más protagónica en todos los acontecimientos posteriores a 1936. Así podemos registrar el agotamiento de los diversos grupos que detentaron el poder de la Venezuela rural y la emergencia de los modernos sindicatos y partidos políticos que terminaron usufructuando el proceso político del último medio siglo.

La crisis evidente del modelo petrolero y del sistema político que lo representa, empieza a manifestarse en fechas emblemáticas, como el viernes negro de 1983, el caracazo de 1989, las intentonas golpistas de 1992 y el triunfo electoral en 1998 de Chávez como representante y figura emblemática, tanto de los viejos grupos en el poder, como es el sector militar, al mismo tiempo que recoge el descontento de las masas abandonadas en sus carencias por el sistema bipartidista instaurado desde 1958. Su mensaje es exitoso más allá de sus cualidades y características políticas personales, por el hecho que en él convergen poderosas fuerzas emocionales y políticas representadas tradicionalmente por el mesianismo populista y la permanente tentación autoritaria que padecen nuestra sociedades.

Discontinuidad en la continuidad, cada época y cada estructura económica fue creando los grupos de poder emergente y que en nuestro caso todos han estado vinculados directamente a la renta petrolera, así podemos hablar de la burguesía nacional como unas oleadas sucesivas de “nuevos ricos” asociados a los diversos gobiernos (los ricos del gomecismo y del neo-gomecismo, los ricos vinculados a los gobiernos de AD y COPEI, y la emergente boliburguesía vinculada al gobierno de Chávez y sucesor).

Siempre es así, en todos los tiempos y en todas las sociedades, los grupos de poder vinculados al proceso político como expresión de los cambios sociales y económicos y las demandas insatisfechas de los grupos sociales preteridos o emergentes. En el fondo, la Historia siempre es la misma, una minoría manda y se enriquece y la mayoría participa en estos procesos con sus expectativas siempre parcialmente satisfechas.

lunes, 9 de febrero de 2015

La República in-civil


Venezuela, con excepción del período 1945-48 y 1958-98 ha sido y es una República militar. El actual régimen, prefigurado en 1992, con el fallido golpe de estado, y encumbrado al gobierno en las elecciones de 1998, no ha sido otra cosa que un gobierno y un régimen militar, lo demás es fraseología y propaganda para camuflar. No hay “V” República ni mucho menos un socialismo del siglo XXI, simplemente lo que tenemos es un gobierno y un régimen militar, tanto por la orientación militarista como por el hecho de que sus principales actores fueron y son militares, secuestrando en la práctica a la institución armada y poniéndola a su servicio.

La frase que se le atribuye a Bolívar de que Venezuela era un cuartel, cobra dramática vigencia en toda nuestra historia de manera determinante. Habiendo nacido la República Civil, la guerra le dio protagonismo al sector militar, protagonismo que han usufructuado hasta nuestros días. A pesar de ello, la sociedad venezolana nunca ha renunciado al origen y al derecho de tener una República Civil que nace en el Ayuntamiento el 19 de abril de 1810 y en la capilla Santa Rosa de la Universidad de Caracas, el 5 de Julio de 1811. En 1936, López Contreras de manera voluntaria y simbólica se quita el uniforme e intenta ser un presidente civil, igual Medina Angarita, pero sólo en 1945 y a pesar de tener un origen golpista, el gobierno del 45 al 48 puede considerarse fundamentalmente civil y con mucha más razón, después del golpe de estado del 23 de Enero del 58, el gobierno que se inaugura en 1959, la etapa más luminosa de nuestra historia política con nueve presidencias civiles y que se interrumpe en 1998 con la elección de un militar que no supo o no pudo ir más allá de una concepción mesiánica, populista y militarista del gobierno.

En la difícil coyuntura actual en realidad el problema principal a nivel político no es tanto ponerle fin a un gobierno sino la posibilidad de desarrollar un gran acuerdo nacional que permita recuperar a plenitud la Constitución y el ejercicio civil de los poderes públicos y de la política y el gobierno en general.

Nadie sabe realmente, dada la gravedad de la situación que estamos viviendo en el orden económico y social, lo que va a pasar en Venezuela, pero lo peor que pudiera sucedernos es repetir los esquemas golpistas del pasado y que el poder armado siga siendo árbitro y protagonista principal. En este sentido la propia Institución armada, debería estar interesada en rescatarse de la contaminación ideológica y la manipulación política y ponerse al servicio de la Constitución y el Estado de Derecho que ayude a la sociedad venezolana a recuperar a plenitud sus posibilidades democráticas y de progreso y convivencia en Democracia. De eso se trata, reconciliar el país y propiciar un diálogo necesario para recuperar las instituciones en función de los intereses de todos y no en representación de un grupo político con pretensiones hegemónicas. El régimen, tanto en su pre-historia como historia, tiene una fuerte influencia política e ideológica de izquierda, y que se reflejó de manera positiva en el proceso Constituyente que terminó en la actual Constitución. Como igualmente en las orientaciones de algunas políticas de fuerte impronta social, pero con el paso del tiempo, el régimen no logró superar todas las miseria y limitaciones del populismo y el militarismo, bordeando de manera peligrosa conductas y políticas de corte neo-fascista y neo-comunistas. Dicho de manera simple, la Constitución se escribió con la izquierda y el gobierno la usó desde el pragmatismo corrupto que es la principal debilidad de nuestros gobernantes de siempre. Un proyecto y un programa político no puede quedarse en buenas intenciones sino en prosperidad para la mayoría y oportunidades y libertad para todos.

viernes, 30 de enero de 2015

Transición política en 1936


La historia no se repite, pero de ella, lícitamente podemos derivar aprendizajes.

Muerto el dictador, Juan Vicente Gómez, en 1935, se desencadena una feroz lucha por la sucesión, desde las propias entrañas del régimen. Por un lado la familia y otros factores de influencia y fundamentalmente el estamento militar. El gomecismo se fragmenta y los principales derrotados son el entorno familiar y asociados directos, imponiéndose el neo-gomecismo liderizado por López Contreras y el sector militar, lo cual le permite controlar la situación de gobernabilidad pero al mismo tiempo lo obliga a una apertura inevitable y a una política de reformas necesarias. Eleazar López Contreras venía del grupo original tachirense y del Ministerio de Guerra y Marina. Hombre de confianza del dictador, sin embargo tuvo la visión y la habilidad de iniciar y manejar la transición con la inteligencia política necesaria y que se resumió en la frase “calma y cordura”. Un hecho clave y con fuerte impacto político y simbólico fue la circunstancia de despojarse del uniforme y asumir el traje civil del magistrado, así como reducir voluntariamente su período presidencial de 7 años a 5 años. De manera adecuada había entendido que el poder no podía ser ejercido de manera absoluta como lo había ejercido el recién fallecido dictador, sino que para garantizar la gobernabilidad el poder tenía que compartirse y abrir los espacios necesarios a los sectores sociales y políticos emergentes.

Eleazar López Contreras, Presidente número 32 (17-12-1935 / 05-05-1941), fue un Presidente que supo mirar hacia adelante y con fino olfato político entendió que Venezuela había cambiado, de no haber adoptado esta política de apertura y reformas el golpe de estado hubiera sido inevitable. Supo atemperar el autoritarismo tradicional de nuestros gobiernos y entendió que solo la mesura y el equilibrio podían permitirle sobrevivir en el gobierno, al mismo tiempo que orientaba y capitalizaba las emergencias de una sociedad en movimiento y garantizaba espacio y participación a los nuevos actores sociales y políticos, inatajables en su dinámica y fuerza arrolladora, tanto, que en menos de una década ya habían asaltado el gobierno y el poder como efectivamente ocurrió el 18-10-1945 en alianza, como siempre en la historia política venezolana, con el sector militar, el partido armado, siempre presente y en rol protagónico en estos 200 años de República que no termina de asumirse definitivamente como una República civil.

Eleazar López Contreras, supo administrar el cambio necesario e inevitable, evitándole traumas y violencias innecesarias al país y facilitando la dinámica socio-política de un país en trance de futuro.

La actual coyuntura histórica siendo diferente tiene mucho parecido con los tiempos y las circunstancias de López Contreras. Vivimos una transición que si no se propicia y facilita desde el propio gobierno seguramente obligará a la República a vivir violencias y traumas perfectamente evitables con una política de diálogo y concertación.