domingo, 21 de enero de 2018

23 de enero de 1958


Para mi generación, Pérez Jiménez era el “último dictador” en una historia nacional de tres siglos de monarquía absoluta y 200 años de una República gobernada autoritariamente, siempre y en dictaduras sucesivas que se hacían eternas y que cubrían décadas de oprobio y violencia. La única excepción fue el trienio 1945-48 y la democracia de 1958-1998. Dos siglos en donde el poder fue monopolizado por el “partido militar”.

La Democracia no fue conocida por nuestra sociedad en el siglo XIX (por lo menos en los términos de su desarrollo en la Europa Occidental) y en el siglo XX fue un proyecto político en desarrollo desde los años 30 en adelante, cuando producto del impacto petrolero, la sociedad empieza a cambiar aceleradamente, de rural a urbana y una incipiente industrialización y la respectivas clases medias, lo que posibilitó la aparición de los llamados partidos de masas desde la misma década de los 40, y se consolida, este proceso democrático, en 1947, cuando en el proceso constituyente, y la nueva Constitución, se estableció el voto universal y secreto.

Pero en nuestro país una cosa es la Constitución formal (Constituciones de papel, fueron llamadas por algunos intelectuales) y otra cosa la Constitución real y leyes que en la práctica tendían a hacer prevalecer la tradición arbitraria y abuso sistemático del ordenamiento jurídico. El estado de derecho en Venezuela siempre ha sido más un marco jurídico-político ideal que una realidad asumida y practicada, producto no solo del atraso de nuestra sociedad y la precariedad de nuestra ciudadanía y civilidad, sino la preponderancia de hecho en el poder de la ideología militarista y la casta militar.

Pérez Jiménez lamentablemente no terminó siendo como creíamos, el “último dictador”. En 1998, nuestro atraso y regresionismo histórico nos hizo elegir a un militar, cuyo primer intento de llegar al poder fue por un golpe de estado fallido y una vez accedido a él por la vía electoral nunca ocultó su estilo y mentalidad autoritaria, que seguiría acentuando con el paso de los años hasta llegar a ejercer una hegemonía casi total, sustentada una vez más en la renta petrolera y en el estamento militar.

La crisis venezolana es estructural y de larga duración. A partir de 1983 (viernes negro) empezó a visibilizarse una crisis económica desde una economía estancada y no diversificada. Un estamento político bipartidista, esclerotizado y una sociedad atrapada en sus privilegios y con muy pocas responsabilidades. En el frente político sobrevivía una izquierda, arrinconada por el sistema a quien nunca se le permitió tener ninguna posibilidad electoral y por consiguiente una parte de ella encontró su posibilidad de acceder al gobierno y al poder a través del nuevo caudillo militar, cuyo proceso conspirativo había acompañado desde los orígenes: MRB-200. Lo demás es historia reciente, una profunda y progresiva crisis nacional de estructuras políticas, sociales y económicas, en cuestionamiento casi absoluto y que ponen en entre dicho todo el sistema jurídico-político-institucional y todo el tejido social: empobrecimiento colectivo y emigración masiva incluida, proceso agravado en los últimos 4 años por la abrupta caída de los precios del petróleo y la comprobada incapacidad y corrupción gubernamental. Este 23 de enero de 2018 no solo debe ser la memoria de la penúltima dictadura sino oportunidad para reflexionar sobre nuestros errores como sociedad, nuestras distorsiones como economía y nuestras muchas carencias que permitieron que llegáramos a donde hemos llegado. Pero que esa reflexión no sea de autoflagelación nacional sino oportunidad para que en términos políticos, concretos e inmediatos nos permita aupar un gran movimiento nacional de recuperación democrática y que permita, igualmente, viabilizar la recuperación del país en términos de una sociedad moderna y en donde la democracia termine consolidada sin riesgo de volver a perderse, cada vez que nuestra sociedad se extravía y nuestros gobernantes fallan.

Ángel Lombardi
www.angellombardi.com

viernes, 27 de octubre de 2017

Gran Pacto Republicano de Felipe Pérez Martí

Gran Pacto Republicano 
(Gran Pacto Social, GPS)
Borrador inicial revisado: 23 de Octubre de 2017
Grupo facilitador

Objetivo

Alianza política para la construcción de la República, con medidas inmediatas, de corto, mediano y largo plazos. 

Los jugadores

1. El soberano, con sus representantes más auténticos. Los trabajadores, los estudiantes, los empresarios, los profesores, las iglesias, y el resto. Un proxi bastante bueno, el Movimiento Libertadores, que organizó la Consulta del 16J.
2. El chavismo democrático. No madurista. 
3. Los partidos y grupos políticos de oposición ganados para esto: Soy Venezuela; los partidos de la MUD que se sumen; GANA; y los partidos independientes, incluyendo los grupos políticos de izquierda democrática. 
4. Los sectores institucionalistas y chavistas no maduristas de la Fuerza Armada Nacional
5. La comunidad internacional

Objetivos de Largo plazo

1. Económico y social: Salir del rentismo petrolero, con una economía de mercado, con estado regulador, y justicia en lo social. La solución del rentismo debe tener rango constitucional. Fondo petrolero para inversiones tipo Noruega. Fondo de pensiones tipo Noruega
2. Político-institucional: Garantizar la democracia (el poder del soberano), y salir de la partidocracia y la captura de los caza-renta. Para ello, modificar la constitución y las leyes para: 
1. Eliminar la re-elección indefinida (por los abusos de uso de recursos públicos en lo institucional y económico para el populismo rentista)
2. Eliminar el presidencialismo
3. Garantizar la independencia de poderes (Asamblea Nacional, Fiscalía, Contraloría, Defensoría, Tribunal Supremo, Banco Central, Fondo Petrolero y Fondo de Pensiones)
4. Garantizar y profundizar descentralización territorial (incluyendo eliminar alcaldías y gobernaciones paralelas), llevando a nivel de los consejos comunales, reformados para amplitud y eliminación de trámites burocráticos. 

Objetivos de corto y mediano plazos

1. Formar un gobierno de coalición, unidad y reconciliación nacional. Los cuatro jugadores conformarían ese gobierno. Las medidas básicas serían: solvencia, liquidez y confianza. 
1. Solvencia fiscal y soberanía monetaria y cambiaria. Con estas medias, se espera recaudar un 14% del PIB, cerrar la brecha fiscal de 7% del PIB, frenar la emisión de dinero para financiar la brecha. Solo pierden los buscadores de renta. El resto de la sociedad gana, sin bajar el gasto real ni subir impuestos. Es un ajuste de economía política, no ajuste clásico neoliberal. No habrá despidos masivos. Ni siquiera a quienes han sido empleados por motivos políticos. Ajustes posteriores vendrán, pero de manera voluntaria, mutuamente acordada. 
1. Unificación cambiaria al tipo de cambio de mercado, con oferta diaria centralizada en el BCV
2. Liberación de precios no-monopólicos
3. Subida del precio de gasolina para eliminar el contrabando
4. Subida de precios de electricidad, agua, gas, teléfono
5. Eliminación de importaciones públicas y distribución de CLAP
6. Eliminación de subsidio a Cuba y Petrocaribe
7. Subsidio directo a cada venezolano. Unos 25 dólares mensuales por venezolano, para compensar la subida de precio de gasolina y servicios públicos: un 7% puntos del PIB, más un 2% del PIB endeudamiento externo. 
2. Liquidez nueva en dólares: nuevo endeudamiento externo por unos $40 millardos. Para pagara parte de deuda interna, restructuración de la externa, y apalancar importaciones de insumos y de abastecimiento de emergencia alimentaria y de medicinas. El pacto debe decidir si se va al FMI para esta asistencia, o al sector financiero privado internacional. Ambos se pueden hacer, con las nuevas condiciones. Pero el FMI es más conveniente desde el punto de vista económico, por la facilidad de pago, lo barato del crédito, y el aval frente a los mercados internacionales. No nos vamos a atar a recetas neoliberales, pues no son necesarias, y el organismo multilateral lo sabe. El pacto debe decidir, sin embargo, si es conveniente, pues el consenso político es fundamental para el nuevo gobierno. 
3. Confianza:
1. Garantizar la propiedad privada. 
2. Ofrecer a precios de tipo de cambio de mercado, los compromisos de insumos en dólares del estado. 
3. Resolver el asunto de las expropiaciones de empresas y fincas, con anuencia de los antiguos dueños, y tomando en cuenta el interés de los trabajadores
4. Levantar la inamovilidad laboral 
5. Revisar la ley del trabajo en comisión tripartita, con trabajadores, empresarios y el gobierno. 
6. Nuevo equipo económico con credenciales de conocimiento y solvencia moral. También en la presidencia el BCV y todo su directorio. Que haga el anuncio respectivo al país y al mundo. 

2. Cohabitación con la Asamblea Nacional, desbandando la ANC ilegítima. Acatar los mandatos de la Consulta del 16J, e invocando los artículos 350 y 333, se conforma, con magistrados, rectores que sean de aceptación mutua para los jugadores (personas honestas y capacitadas, no por cuotas de partidos o jugadores):
1. Nuevo CNE
2. Nuevo TSJ
3. Nuevo Defensor del Pueblo
4. Nuevo Contralor General. 
5. Nuevo Fiscal General.
6. Nuevo presidente y directorio del BCV
7. Reformas a la constitución, como las mencionadas. 

Objetivos y medidas de emergencia inmediata para el nuevo gobierno

1. Petición de ayuda internacional.
2. Programas de emergencia alimentaria y sanitaria

Estrategia de corto plazo para la solución política
1. Una vez acordado el pacto, se propone al gobierno de Nicolás Maduro su renuncia y nombramiento de un vice-presidente ejecutivo propuesto por el GPS. A cambio de un salvoconducto para su gobierno, a ser negociado.

Teoría básica 

Las cuatro patas que dan estabilidad completa a la mesa. La ausencia de cualquiera de ellas la tambalea con cualquier movimiento fuerte, incluso si las otras tres están presentes. Con menos de tres es imposible mantenerse, en estos tiempos convulsionados. 

Paradójicamente, podemos aprovechar el abismo en que estamos como una oportunidad única para salir de los caza renta, y el rentismo petrolero, que los alimenta, que son nuestros verdaderos enemigos. Pero no es cuestión de salir de unos zamuros, y dejar la carne. La solución tiene que ser por diseño institucional, como lo que proponemos para que el pacto implemente por voluntad política con reglas vinculantes, antes que discrecionalidad gubernamental. 

Es claro que el gobierno de transición, para no ser inestable, debe tener apoyo político, y así garantizar su éxito. Solo con ese apoyo puede tomar las medidas de ajuste que tiene que tomar, asumiendo el costo político que esto conlleva. Un período de tres años es recomendable para estabilizar la economía, pues el primer año la inflación puede colocarse en un 40%. El segundo en un 15%. Solo el tercer año puede bajar a niveles normales, de 5% o menos anual. Encaminar la economía para salir del rentismo es igualmente complicado, o más todavía. Una transición completa, en lo fiscal, lo monetario, lo cambiario, y lo productivo, requiere unos diez años. Pero encaminarlo inicialmente se puede hacer en tres años. 

Los jugadores del pacto tienen incentivos para apoyar al gobierno de transición, solo si hay el compromiso a una no-reelección de ese gobierno. Pues si tiene éxito, con su apoyo, y se postula a reelección, las aspiraciones legítimas de los otros jugadores para ser representantes electos, estarían en desventaja. De manera que el presidente y demás miembros del equipo de gobierno postulados deben tener claro que se trata de un tiempo muy limitado para su gestión, y estar dispuestos a asumir los costos de un posible fracaso, o incomprensión por medidas fuertes que impliquen empezar a recuperar el imperio de las leyes para todos. 

Es claro que los jugadores del pacto van a ser contendientes políticos luego del gobierno de transición. El acuerdo, o pacto, no es para ponerse de acuerdo sobre un gobierno común luego de la transición. Sino para ponerse de acuerdo sobre las reglas de juego de esa pugnacidad democrática que conviene a la república. Durante el gobierno de transición, hay la coalición de todas las fuerzas. Pero luego viene la competencia normal entre candidatos a representantes del soberano en el gobierno y el estado. 

Claves del pacto en materia teórica 

1. Juego repetido del dilema del prisionero.

El dilema del prisionero implica que los jugadores no cooperan, pues tienen incentivos a desviarse en el corto plazo. Por ejemplo, un partido, cuando llega al gobierno tiene incentivos a usar la renta para ganar adeptos políticos. Lo mismo el otro que le gana las elecciones posteriormente. Pero si los partidos, más allá de los candidatos del momento, llegan a un pacto (sobre todo con los otros dolientes, la sociedad civil organizada), tienen incentivos para amarrarse al mástil con el acuerdo, pues el valor presente de las ganancias futuras que vienen de la cooperación, son más grandes que la ganancia por la desviación de la estrategia cooperativa en el corto plazo. Un país moderno, democrático, es más conveniente a los partidos políticos profesionales que un país hundido en la maldición del excremento del diablo. 

2. Equilibrio de coordinación.

Para salir de Maduro, hay que generar expectativas adecuadas en todos los jugadores. Si, por ejemplo, el chavismo democrático, y la fuerza armada chavista-no-madurista creen que cuando venga un gobierno “de derecha”, viene una cacería de brujas, y prohibición de los partidos chavistas, despidos masivos de trabajadores de esa corriente política, no van a querer colaborar para la salida del gobierno. En cambio si tienen expectativas adecuadas, dentro del acuerdo del pacto, con garantías, promesas creíbles (como los árbitros mutuamente aceptables), y las amenazas creíbles (pugnas que generan ingobernabilidad), entonces actúan de acuerdo a esas expectativas, y actúan en consecuencia. Así, lo que creen (un gobierno distinto, mejor para ellos), se transforma en una profecía auto-cumplida. Porque las creencias se transforman en acciones que producen el futuro en que creyeron. 

3. La relación entre “principal” y “agente”

En teoría de juegos, el dueño de una empresa es el “principal”. El gerente es el “agente”. En el país, como en la empresa, el soberano, como dueño que es, debería decidir el destino del país. Pero en Venezuela, como en los países que padecen la enfermedad del rentismo, los representantes sirven de agentes de otro “principal” ilegítimo: los caza-renta, que los capturan para ello. No solo a los gobiernos de turno, sino a buena parte de la oposición. En vez de tener democracia, se tiene partidocracia, capturada por los caza-renta, y se expropia así al soberano de su soberanía, y no hay república, como consecuencia. Es vital, pues, que para salir de los verdaderos enemigos que tenemos, el jugador “sociedad civil” sea por lo menos parte del pacto. Si no la parte principal, con más cuota de poder. Solo así se recuperar la república, la democracia. 

Relación con el Pacto de Punto Fijo

La presente propuesta asume las cosas buenas del pacto de Punto Fijo, y corrige sus errores. Lo bueno tiene que ver con el carácter dinámico del pacto, con un horizonte de largo plazo: El juego repetido entre contendientes políticos. En cuanto la corrección de errores: 
1. El punto anterior de la necesidad del proxi del soberano como jugador. El Pacto de Punto Fijo solo fue entre partidos políticos. Lo que devino luego no fue una democracia, sino una partido-cracia, que hizo aguas antes de Chávez, y produjo ese fenómeno.
2. El otro error, que este pacto corrige, es la exclusión del partido comunista. Es impensable ahora excluir al chavismo. Tanto en materia de alcanzar la victoria de la salida de Maduro, como para garantizar la gobernabilidad posterior, y la salida del rentismo petrolero.
3. El tercer error sería el de excluir a la fuerza armada como jugador relevante. De hecho, el rentismo y la historia lo han convertido en jugador importante, determinante, sin estar explícitamente definido su papel. El juego dinámico se puede diseñar para que ese jugador salga del closet, y exprese claramente sus intereses, y su poder de decisión. Es la manera de salir el militarismo, y que el estamento militar juegue el papel que debe jugar en una república moderna. Sobre todo en Venezuela, donde la historia republicana tiene las raíces bolivarianas, en que la fuerza armada se fundó para liberar al pueblo, para servir al pueblo, y no para servirse de él y de los recursos que le pertenecen (como la naturaleza en el sur del país), mucho menos para esclavizarlo, y para oprimirlo, como en el actual orden de cosas. 



Qué tienen que ganar y perder cada uno de los jugadores del pacto?

1. El soberano.
Tiene todas las de ganar con esto, y mucho que perder si no se da, como estará claro. En particular, si siguen las cosas como están, o incluso si viene un nuevo gobierno que sea capturado por los caza-renta, perderá la oportunidad de instaurar una república, con democracia, como hemos dicho. Con el pacto, podrá aspirar no solo a salir del sótano ocho, en el que estamos, para ir a la planta baja con un nuevo gobierno. Sino que puede aspirar ir a la modernidad, al progreso, con justicia social. Al piso 20. Pues la solución del rentismo permite acabar con sus efectos nefastos: los problemas de la enfermedad holandesa (subdesarrollo de los sectores agrícola y manufacturero), inestabilidad macroeconómica (que impide la inversión privada de largo plazo), caza rentismo (con democracia débil, centralización territorial y administrativa, militarismo, corrupción pública y privada, ciclos políticos del populismo rentista). 

2. El chavismo democrático
Está siendo hundido con el naufragio del madurismo. Tendría poco futuro político en democracia si no reacciona y diferencia muy bien el legado de Chávez de la administración de Maduro y la banda de los siete, signada por la corrupción, la ineficiencia, el tráfico de drogas, el terrorismo, el fascismo, la destrucción de la institucionalidad y del principal legado de Chávez, la Constitución Bolivariana. 

3. La MUD
Sola, no tiene garantizada la victoria contra Maduro. La lucha se le ha ido de las manos, y el soberano, representado por los estudiantes, trabajadores, empresarios, y otros sectores de la sociedad civil, los está desbordando, además de que no los representa a todos. Le conviene una gran alianza para potenciar su fuerza, rescatar el estado de derecho, y optar por competir por la representación del soberano en elecciones democráticas. 

4. La fuerza armada
Sabe que su prestigio está por el piso. Ha perdido incluso el monopolio de la fuerza fáctica en el país, por la somalización en todas las regiones. Y sabe que la soberanía nacional territorial se está perdiendo a pasos agigantados. Sabe, además, que la situación económica, social y política es no solo insostenible, sino francamente insoportable. A pesar de algunas prebendas que ha tenido, no son suficientes para solventar sus necesidades básicas de alimentación y bienestar. Están conscientes de que este gobierno ha matado la gallina de los huevos de oro. Que es más conveniente vivir en un país en que tengan un sueldo real respetable, como ocurre con las fuerzas armadas profesionales en un país desarrollado, en que sus hijos y nietos disfruten de un futuro promisorio como país desarrollado. 

5. La comunidad internacional
Un país en que el estado no es usado por el gobierno para tráfico de drogas, terrorismo y otros negocios ilegales. Que respete los derechos humanos, y se rija por las normas de convivencia internacional. Para la emigración ilegal y descontrolada hacia países vecinos. Esperar la repatriación voluntaria de venezolanos emigrados por razones económicas y políticas. Terminar la hegemonía del estalinismo cubano sobre Venezuela. Y los negocios sucios de Rusia, con armas, en nuestro país. Establecimiento de relaciones de mutuo beneficio con los países de la región, con respeto e independencia nacional. 


Qué tienen que aportar los jugadores al pacto, para conseguir los esperados beneficios?

1. La sociedad civil
En el corto plazo, continuar la lucha de calle, uniendo esfuerzos entre los distintos sectores, para fortalecer la estrategia del “Coraje” frente al gobierno de Maduro. Por ejemplo, trabajadores y empresarios unirse para una estrategia de huelga general cuando llegue el momento que consideren adecuado, y en consonancia con los otros jugadores del pacto. 

En el corto plazo, participar en el gobierno de coalición nacional, poniendo de su parte para que la inversión privada pueda arrancar sin trabas ni conflictos innecesarios. Por ejemplo entre los trabajadores y el sector privado. 

En el mediano y largo plazos: renunciar a las prebendas del rentismo petrolero. En el caso de los trabajadores, renunciar al sobredimensionamiento del estado, con empleos innecesarios, y sin rendición de cuentas. Los empresarios, renunciar al rentismo a la hora del otorgamiento de divisas, a los contratos públicos por influencias y con porcentajes para la corrupción. Aceptar las normas de una economía competitiva. Y estar de acuerdo en una carga impositiva a los estándares de Colombia, Chile y Perú, donde el impuesto fiscal no petrolero llega a más de 23% del PIB, cuando en Venezuela este llega solo a 14% del PIB. 

2. El chavismo democrático

Unir fuerzas con los otros jugadores, no solo por su lado, sino en conjunto. Estar dispuestos a aparecer públicamente, en una misma foto, con la MUD, la sociedad civil no alineada ni a la MUD ni al chavismo, y la fuerza armada institucional y la chavista-no-madurista. 

Colaborar en el gobierno de transición para que haya gobernabilidad. Y conformidad del chavismo de base para que no se siga con el populismo rentista. Renunciar a las bolsas del CLAP, a ser sustituidas por una transferencia directa de dinero que cada quien puede usar como quiera. Sabiendo que no vienen despidos masivos. Ni siquiera en PDVSA. Pero con un plan de relocalización voluntario para muchos trabajadores, en condiciones mutuamente aceptables. 

3. La MUD

Debe resolver sus diferencias internas, y abrirse a un comando político unificado para el país más allá de su organización, como hasta ahora ha ocurrido. En particular, estar dispuestos a anunciar públicamente un programa de gobierno concertado con los otros jugadores. Y anunciar un candidato único para ser presidente en el gobierno de transición. Por consenso con los otros jugadores del pacto. Estar dispuestos a esperar el tiempo requerido para el gobierno de transición, para encauzar la economía y la sociedad. Para eso es necesario hacer una reforma constitucional ad hoc, en acuerdo con los otros jugadores. 

4. La fuerza armada.

Renunciar al militarismo, el sobredimensionamiento del estamento militar que viene del rentismo petrolero, y de la estrategia política de los gobiernos de Chávez y de Maduro. En particular, renunciar a la empresa petrolera minera. A tantos cargos en ministerios y empresas del estado. Recuperar su posición de defensa de la nación, según lo dicta la constitución. 

5. La comunidad internacional.

Seguir el excelente trabajo del Secretario General de la OEA, Almagro. Seguir con las sanciones contra los delincuentes de todo tipo en el gobierno. Acoger al TSJ en el exilio, lo mismo que a la fiscal Luisa Ortega Díaz. Presionar al gobierno para que termine su secuestro del pueblo venezolano. Ayudar con alimentos y medicamentos en envíos al país por medios independientes, como Cáritas, para aliviar la penuria del pueblo venezolano. Presionar para la liberación de los presos políticos y el respeto de los derechos humanos en el país. Y ayudar a ofrecer un salvoconducto para que Maduro y la banda de los siete dejen el país cuando haya la negociación respectiva. 


Posteriormente se harán algunos cálculos adicionales, y se formalizará la teoría.