lunes, 4 de agosto de 2014

El agotamiento de los “Ismos”


El siglo XX estuvo plagado de “ismos”, cada uno generaba un fanatismo de secta y una intolerancia de guerra religiosa, el resultado fue una humanidad violenta y convulsionada.
El más persistente y nefasto, en muertes y destrucción fue el nacional(ismo). Su antítesis dialéctica fue el internacional(ismo) comunista que a la larga terminó también en un nacional(ismo) militante y agresivo. Fasc (ismo), naz(ismo), falang(ismo), popul(ismo), peron(ismo) y así en cada continente se fueron multiplicando los muchos (ismos) que terminaron definiendo toda la historia política contemporánea, que en cuanto a violencia y destrucción fanática, rememoraban las terribles guerras religiosas del pasado. En el siglo XXI si no llegamos a trascender estos (ismos) de la intolerancia, terminaremos repitiendo y multiplicando la violencia y la destrucción.
Uno de los dramas humanos mayores es que el cambio de mentalidad es lento y siempre llega tarde, solo cuando la realidad y la necesidad nos obligan, cambiamos, no por convicción sino por necesidad.
El armament(ismo) en pleno auge y las industrias de la muerte como base y fundamento de la economía de muchos países no presagian nada bueno. La política que debería prevenir estas situaciones y realidades y propiciar un cambio en sentido positivo, al contrario tiende a ser adocenada y anacrónica, más propensa a la inercia de los intereses creados así como el político tradicional, casi siempre pragmático y cínico es un sostenedor del “Statu Quo” aunque en el discurso tienda a presentarse como un abanderado del cambio.
La democracia conocida necesita de los partidos políticos, pero éstos, cada día representan menos. Un buen ejemplo es nuestro país en donde según todas las encuestas indican que no más del 30% de los venezolanos se identifican con algún partido. El gran partido es la mayoría silenciosa y esta, si no muta en sociedad civil organizada perece políticamente en su nadedad efectiva, es decir en la queja cotidiana y en el desahogo emocional, sin efectividad e influencia sobre los hechos políticos reales y sin capacidad de ejercer presión sobre el gobierno y el poder.
La política era oficio de pocos e interés de muchos, hoy pareciera naufragar en el desinterés de la mayoría. El vacío de participación y representación termina abriéndole paso a los demagogos de siempre, que con un discurso engañoso, ilusionan y arruinan sociedades y pueblos enteros, sobran los ejemplos, Italia y Alemania de la post-guerra la Rusia post-soviética así como toda Europa Central y Oriental y aquí en nuestro continente Cuba, Argentina y Venezuela. En Asia hay casos emblemáticos como Camboya, Corea del Norte y África, hay tantos ejemplos, con Zimbawe a la cabeza, configurando un verdadero catacl(ismo) político, económico y social.

viernes, 11 de julio de 2014

Reconciliar al país


En toda situación humana, individual o colectiva, se plantea una dialéctica de cambio y una tensión inevitable entre lo real-posible y lo real- deseable lo nos obliga a “asumir la tensión entre plenitud y límite, otorgando prioridad al tiempo” dice el Papa Francisco. Igual recomendación hace el Eclesiastés: todo tiene su tiempo. Llevado esto al plano temporal y contingente de nuestro momento histórico, la decisión a tomar para todos los actores políticos y sociales es: confrontación o reconciliación. En lo personal, sin ninguna duda, lo segundo.
Como reconciliar las dos Venezuelas o mejor, las muchas Venezuelas: crispadas, atemorizadas, confundidas y llenas de incertidumbres y problemas. Por un lado luce irreal el empeño de imponer un proyecto ideológico hegemónico, en si mismo anacrónico e inviable al igual que seguir insistiendo en políticas que han fracasado, como recientemente lo recordara un amigo del gobierno el Presidente Ecuatoriano Correa. Por otro lado, la otra alternativa y de alguna manera también lo recomendó otro amigo del gobierno el ex presidente Lula, convocarnos todos los venezolanos, todos los sectores a desarrollar una política de encuentros críticos y creadores, superando las limitaciones del llamado diálogo formal, prematuramente fallido.
Los venezolanos tenemos que aprender a mirar hacia adelante a resolver nuestros múltiples problemas en clave de futuro y no seguir atrapados en el pasado y mucho menos en nuestros rencores y frustraciones, profundizando nuestros resentimientos y diferencias. Pongamos por delante lo que nos une, nos une Venezuela, nos une un pasado común y un futuro por compartir. Nos une un proyecto político necesariamente democrático y de desarrollo, con beneficios y logros individuales y colectivos. Nuestro compromiso nacional debe ser con la reinvención de la política y la reconciliación del país, desde la gente y con la gente. Transformar la Democracia y seguir desarrollando un proyecto de inclusión y solidaridad, sustentado, no en un discurso sino en un desarrollo real de las fuerzas productivas y particularmente del trabajo creador y competente de todos los ciudadanos.
Nuestra opción como lo plantea la iglesia es por los pobres y los jóvenes y evadir y evitar cualquier camino de violencia. Trabajar por la Paz que comporta una justicia más perfecta entre los hombres. El Papa nos aconseja a “aceptar a sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en eslabón de un nuevo proceso” y bajo ninguna circunstancia quedar atrapados en el

sábado, 14 de junio de 2014

Re-inventar la política


Aunque creamos lo contrario la realidad nunca es conservadora y los políticos y la política no terminan de entenderlo. La realidad del mundo se mueve hacia adelante. Sociedad, ciencia, cultura se van configurando en la dinámica de la nueva sociedad del conocimiento mientras que en la política seguimos anclados en el anacronismo de izquierdas y derechas, una manera cómoda de evadirse hacia un pasado mítico que nunca existió o un futuro irreal que tampoco existe. Se vive de ilusiones, escapismo y evasiones que terminan en un discurso vacío que ni convencen ni movilizan. De allí la necesidad de re-inventar la política desde el ciudadano real y la sociedad real y no desde las diversas marginalidades que la propia sociedad genera y mucho menos desde la “fotografía” de las encuestas, normalmente sesgadas y manipulables, sin menoscabo de reconocer su utilidad y niveles de objetividad necesarios para el análisis. En política el problema de fondo no es el poder, sino a que valores responde y sirve el poder y a quien sirve el poder en este sentido desde 1948 y mucho más en este siglo XXI, la doctrina esencial del poder y el gobierno es el respeto absoluto a los Derechos Humanos. Igualmente el gobierno deja de ser un asunto solamente técnico y debe asumirse también en la perspectiva de la ética. Estado y gobierno no son entelequias jurídicas y mucho menos estructuras vacías sino instituciones formadas por personas concretas al servicio de los seres humanos.
La política ya no solo es sobre ideales e imaginarios sino discurso y acción sobre lo “real en transformación” y eso obliga a asumir la política como “actividad inteligente” que discuta sin dogmas, sin pre-juicios y sin ideas pre concebidas, de no ser así la política termina aburrida, repetitiva y sin interés para la mayoría. La política para que sea interesante y útil, tiene que entenderse y asumirse como una actividad pensante y no reducirse a un simple activismo electoral o a una organización burocratizada de funcionarios del partido, que en algún momento aspiran convertirse en funcionarios del gobierno.
La política debe generar permanentemente respuestas inteligentes y creativas frente a la realidad- real en permanente proceso de exigencia y cambios y en contextos de complejidad e incertidumbre crecientes.
La realidad no es de derechas ni de izquierdas.

martes, 3 de junio de 2014

Pactar la Paz democrática

No hay tarea política más urgente e importante que establecer un acuerdo de convivencia y resolución de conflictos sobre reglas claras y poderes independientes, empezando por el CNE y TSJ.

Es absolutamente ilegítimo tratar de conseguir objetivos políticos por medios violentos igualmente con represión y terrorismo de estado.

Es tarea de la política y de los políticos definir y sincerar las intensiones reales detrás de las palabras paz y diálogo, un buen ejemplo es lo que ha venido sucediendo en Colombia en los últimos treinta años y es preguntarse si realmente las FARC han querido en algún momento la paz. Y esta es la pregunta importante en este momento en Venezuela, la llamada revolución y el plan de la patria son proyectos hegemónicos e irreversibles o son proyectos y políticas coyunturales y por consiguiente sujetos a discusión y cambios. La oposición ha sido clara y reiterativa, particularmente la MUD que solo transita la ruta electoral y las vías Constitucionales. El diálogo no es otra cosa que una posibilidad concreta de entenderse sobre hechos reales y tangibles. De parte del gobierno “el diálogo y la paz” parecieran ser en algunos momentos consignas vacías y estrategias publicitarias para confundir y ganar tiempo, si esta apreciación es correcta se está jugando con fuego y sometiendo al país y al propio gobierno a riegos graves.

La situación económica, en deterioro progresivo e irrecuperable a corto plazo se constituye en el verdadero agente desestabilizador del gobierno y no hay solución si no se desarrolla un acuerdo de convivencia y paz democrática. En la política, y en muchas otras cosas de la vida, el pragmatismo no es necesariamente mala palabra, si no al contrario oportunidades reales de “entenderse” en beneficio del país y el bien común.

Sin lugar a dudas vivimos tiempos difíciles y decisivos, de nuestro sentido común depende en gran medida el desenlace pacífico y democrático de esta profunda crisis histórica en desarrollo de estos últimos treinta años, dramatizada en los últimos quince años por un proyecto hegemónico anacrónico y en estos últimos meses por una crisis económica avasallante.