domingo, 28 de junio de 2015

LAUDATO SI: “El cuido de la casa común”


El Papa Francisco, al publicar esta Encíclica y ubicarla en la Tradición de las Encíclicas Sociales, en el contexto de la Doctrina Social de la Iglesia, asume un claro compromiso con la problemática ambiental que con toda seguridad se impondrá como el tema por excelencia del siglo XXI. Vivir con la Tierra, no solo en la Tierra. La Tierra es casa común de la familia humana y ésta es la novedad antigua de 2000 años, hijos del mismo padre y hermanados todos, es el mensaje evangélico. Estamos obligados a trascender la historia cainítica, por simple necesidad de sobrevivencia y cuidar el planeta, no solo habitarlo.
El Papa Francisco y la Iglesia lo han asumido de manera formal y conclusiva en esta Encíclica, enmarcada en la Tradición de la Iglesia y particularmente en ese santo moderno, San Francisco de Asís.
El Papa denuncia y alerta sobre el individualismo exacerbado y el consumismo como un fin en sí mismo, que ha permitido desarrollar unos modelos socio-económicos y políticos y una mentalidad que marchan en la dirección opuesta al Bien Común. En este sentido, en la Encíclica se nota la influencia marcada de Romano Guardini y su visión teológica, histórica y filosófica del mundo moderno. La Tierra por sí misma clama y multiplica el clamor de los pobres, los humillados y ofendidos de la historia que siguen en espera trágica de una justicia social que no termina de llegar. La Tierra y los pobres son descartables en la sociedad y la cultura del descarte y con ellos terminamos negando la casa común y nuestra obligación de construirla y mantenerla para todos como responsables de la misma, heredada en la línea de la Creación. La visión de los tiempos modernos, de los últimos dos siglos se continua desarrollando en la línea de anteriores Encíclicas y Documentos de la Iglesia, en donde si bien se admira y respeta la portentosa revolución tecno-científica, así como se avala todo lo que tiene que ver con el progreso humano, al mismo tiempo que se nos previene y alerta sobre los riesgos deshumanizantes del tecnocratismo y el progreso sin límites morales. Progreso fundamentado en una antropología autónoma de Dios y una cultura que todo lo relativiza y subordina al interés egoísta de personas, naciones y los grandes poderes políticos e intereses económicos que usufructúan las riquezas y el bienestar del planeta en una proporción de un 20% de satisfechos y un 80% de población en dificultades. El Papa Francisco está consciente del fenómeno de la globalización o mundialización, su inevitabilidad y beneficios, pero nos advierte sobre sus efectos negativos en lo que él llama la cultura de la indiferencia y lo descartable.
Esta Encíclica, en la Tradición de la Iglesia, propugna un humanismo que no debe ni puede prescindir de Dios, Alfa y Omega de la Creación en quien todo empieza y todo culmina.
La Madre-Hermana Tierra deja de ser un espacio a ocupar y dominar y se convierte en surco y semilla de la vida, espacio sagrado de la laboriosidad e inventiva humana. Francisco, de manera oportuna, ya que en diciembre se reúne en París una Cumbre mundial sobre el clima y cambios climáticos, coloca a los cristianos en el centro del debate inspirado en la Tradición y Doctrina y particularmente en la sensibilidad de Francisco de Asís, quien pudo escribir “El mundo como sacramento de comunión, como modo de compartir con Dios y con el prójimo en una escala global”.
Igualmente importante es el planteamiento que nos obliga a un cambio de mentalidad y paradigma con respecto a la ideología del progreso y del desarrollo, dominantes en los últimos 200 años, citando al Patriarca Ortodoxo Bartolomé I, “Hay que pasar del consumo al sacrificio, de la avidez a la generosidad, del desperdicio a la capacidad de compartir, aprender a dar y no solamente a renunciar”.
Sacralizar la Tierra y la propia vida, cada vida particularizada y respetada como expresión de la voluntad del Creador de darle sentido y trascendencia a la Creación. “Todo está conectado… todo está relacionado”. Nuestro tiempo está inmerso en una crisis global socio-ambiental y las soluciones no pueden ser solo técnicas y coyunturales, estamos obligados a otra manera de ver las cosas y a generar, si así puede decirse, otra cultura, que permita devolverle a la Vida, el Cosmo y a la Tierra, el sentido grandioso de la Creación que nos obliga a una actitud de permanente agradecimiento y a asumir una responsabilidad más allá de nuestros intereses particulares.
Hermanados en su clamor de redención, los pobres y toda la tierra, clamor de liberación dice Leonardo Boff, y refiriéndose a la Encíclica establece como el gran desafío político, la posibilidad de conciliar los modelos de bienestar con la posibilidad real de bienestar para todos, al mismo tiempo que protegemos nuestra casa común.
En la Encíclica se aborda de manera fenomenológica realidades políticas y socio-económicas puntuales y de manera tangencial la problemática demográfica, que a mi juicio es la discusión pendiente, más allá de las tesis extremistas del natalismo a ultranzas y del miedo malthusiano. Los problemas reales nos obligan a enfrentarlos desde la Fe y la Razón y es que toda realidad, como diría Hegel, es racional, y si bien siempre se piensa que existen las soluciones posibles y necesarias, no se pueden obviar los límites morales que acompañan al ser humano.
El Papa Francisco entronca de manera dinámica y orgánica con el Magisterio eclesiástico y la Doctrina Social de la Iglesia, particularmente todo lo que se ha escrito y dicho a partir del Concilio Vaticano II, ese vasto movimiento de aggiornamento ecuménico y que ha permitido que la Iglesia peregrina en la historia y con la historia, asuma los desafíos de nuestro tiempo y el acompañamiento necesario que amerita la humanidad de hoy.

viernes, 17 de abril de 2015

La vía democrática


En la actual coyuntura, 2015, y en ciernes las importantes elecciones parlamentarias, se hace necesario reiterar el compromiso democrático de todos los sectores, así como la voluntad política de transitar un diálogo constructivo en una situación llena de dificultades pero que no puede desviarnos de los principios fundamentales del respeto, la convivencia y la paz. Para los sectores y factores que de una u otra manera aspiran a un cambio de gobierno, este año trae la posibilidad de iniciar un cambio político pacífico si la oposición logra ganar las elecciones parlamentarias a pesar de las desventajas conocidas como lo son un CNE parcializado y un gobierno que abusa de sus ventajas. Si hacemos un breve repaso por los resultados electorales más importantes y dada la difícil situación económica y social y la disminución evidente del apoyo popular al gobierno, es razonable pensar que la oposición si hace bien las cosas pudiera ganar este proceso. Chávez en su mejor momento electoral gana la presidencia en 1998 con el 56.4% de la población (porcentaje parecido al triunfo de Lusinchi en 1983, 56.75% y al de CAP en 1988, 54.56%).

Para aprobar la nueva Constitución vía Referéndum, si bien se obtuvo un 80% de respaldo, pero la abstención se ubicó en 55.62%.

En la reelección del 2006, Chávez recibe el 54.42%, y en su tercera reelección, violando de manera flagrante la Constitución, obtuvo un 54.42%. Chávez gozó de un respaldo electoral importante y sin menoscabo de sus méritos personales, sin lugar a dudas, la bonanza petrolera y el populismo dadivoso tuvo mucho que ver con este respaldo. En la actual coyuntura, las cosas han cambiado de manera radical, con el fallecimiento del Presidente y la caída de los precios del petroleo la situación de Maduro y el oficialismo cada día luce más difícil y precaria. En ese sentido, Maduro es electo el 14 de abril del 2013, en un proceso electoral con fuertes dudas sobre los niveles de fraude y logra un 50.6% frente a Capriles que a pesar de las desventajas logra un 49.1%. Todavía hoy, muchos piensas o dudan de la victoria del presidente Maduro. En sana lógica, si no hay un acontecimiento extraordinario, el gobierno seguirá deteriorándose en la misma medida que el país siga deteriorándose y en este sentido la crisis progresiva y casi terminal es inocultable. De allí que no es descabellado pensar en un posible triunfo de la oposición siempre y cuando vaya unida y sepa hacer las cosas bien.

La historia siempre depara sorpresas, pero las sorpresas no pueden ser anticipadas, de allí que en términos de racionalidad política no nos queda sino apostar a un proceso electoral, en donde la observación internacional es fundamental y que la oposición lícitamente puede aspirar a ganar.

lunes, 2 de marzo de 2015

Élites, poder y política


Las crisis históricas y políticas son permanentes y recurrentes en la evolución de las sociedades y de los países. Una manera de expresar y corregir desequilibrios y al mismo tiempo asumir los cambios necesarios e inevitables. La Historia siempre es hacia adelante, es la Historia-Vida, cuyos impulsos vitales, culturales y tecno-científicos obligan a mirar siempre hacia el futuro.

Las sociedades tienden a ser conservadoras y las élites dominantes muchos más por la simple razón de que quieren perpetuarse en el poder y mantener sus privilegios.

Casi siempre el cambio político está precedido por cambios socio-culturales y económicos-tecnológicos que se expresan fundamentalmente en la emergencia de nuevos sectores sociales no representados y por actores políticos emergentes que se van constituyendo como nuevos grupos de poder que compiten con las clases dominantes del pasado y del presente, usufructuarios y representantes de lo que en la revolución francesa se llamó el “ancien regime”. Nuestro país tiene sus propios ejemplos al respecto, los mantuanos comenzando el siglo XIX, desplazando a la vieja élite peninsular monárquica y posteriormente los caudillos emergentes, a su vez, desplazando o asociándose con los sectores mantuanos tradicionales. En nuestra historia del siglo XIX este proceso fue denominado por José Gil Fortoul como el período de las oligarquías conservadoras y la oligarquía liberal hasta el posterior advenimiento de los caudillos del liberalismo y los caudillos andinos.

Con el advenimiento de la economía petrolera se modifica toda la estructura socio-económica del país y surgen nuevos grupos sociales y actores políticos, todo lo cual se va a reflejar de manera visible y cada vez más protagónica en todos los acontecimientos posteriores a 1936. Así podemos registrar el agotamiento de los diversos grupos que detentaron el poder de la Venezuela rural y la emergencia de los modernos sindicatos y partidos políticos que terminaron usufructuando el proceso político del último medio siglo.

La crisis evidente del modelo petrolero y del sistema político que lo representa, empieza a manifestarse en fechas emblemáticas, como el viernes negro de 1983, el caracazo de 1989, las intentonas golpistas de 1992 y el triunfo electoral en 1998 de Chávez como representante y figura emblemática, tanto de los viejos grupos en el poder, como es el sector militar, al mismo tiempo que recoge el descontento de las masas abandonadas en sus carencias por el sistema bipartidista instaurado desde 1958. Su mensaje es exitoso más allá de sus cualidades y características políticas personales, por el hecho que en él convergen poderosas fuerzas emocionales y políticas representadas tradicionalmente por el mesianismo populista y la permanente tentación autoritaria que padecen nuestra sociedades.

Discontinuidad en la continuidad, cada época y cada estructura económica fue creando los grupos de poder emergente y que en nuestro caso todos han estado vinculados directamente a la renta petrolera, así podemos hablar de la burguesía nacional como unas oleadas sucesivas de “nuevos ricos” asociados a los diversos gobiernos (los ricos del gomecismo y del neo-gomecismo, los ricos vinculados a los gobiernos de AD y COPEI, y la emergente boliburguesía vinculada al gobierno de Chávez y sucesor).

Siempre es así, en todos los tiempos y en todas las sociedades, los grupos de poder vinculados al proceso político como expresión de los cambios sociales y económicos y las demandas insatisfechas de los grupos sociales preteridos o emergentes. En el fondo, la Historia siempre es la misma, una minoría manda y se enriquece y la mayoría participa en estos procesos con sus expectativas siempre parcialmente satisfechas.

lunes, 9 de febrero de 2015

La República in-civil


Venezuela, con excepción del período 1945-48 y 1958-98 ha sido y es una República militar. El actual régimen, prefigurado en 1992, con el fallido golpe de estado, y encumbrado al gobierno en las elecciones de 1998, no ha sido otra cosa que un gobierno y un régimen militar, lo demás es fraseología y propaganda para camuflar. No hay “V” República ni mucho menos un socialismo del siglo XXI, simplemente lo que tenemos es un gobierno y un régimen militar, tanto por la orientación militarista como por el hecho de que sus principales actores fueron y son militares, secuestrando en la práctica a la institución armada y poniéndola a su servicio.

La frase que se le atribuye a Bolívar de que Venezuela era un cuartel, cobra dramática vigencia en toda nuestra historia de manera determinante. Habiendo nacido la República Civil, la guerra le dio protagonismo al sector militar, protagonismo que han usufructuado hasta nuestros días. A pesar de ello, la sociedad venezolana nunca ha renunciado al origen y al derecho de tener una República Civil que nace en el Ayuntamiento el 19 de abril de 1810 y en la capilla Santa Rosa de la Universidad de Caracas, el 5 de Julio de 1811. En 1936, López Contreras de manera voluntaria y simbólica se quita el uniforme e intenta ser un presidente civil, igual Medina Angarita, pero sólo en 1945 y a pesar de tener un origen golpista, el gobierno del 45 al 48 puede considerarse fundamentalmente civil y con mucha más razón, después del golpe de estado del 23 de Enero del 58, el gobierno que se inaugura en 1959, la etapa más luminosa de nuestra historia política con nueve presidencias civiles y que se interrumpe en 1998 con la elección de un militar que no supo o no pudo ir más allá de una concepción mesiánica, populista y militarista del gobierno.

En la difícil coyuntura actual en realidad el problema principal a nivel político no es tanto ponerle fin a un gobierno sino la posibilidad de desarrollar un gran acuerdo nacional que permita recuperar a plenitud la Constitución y el ejercicio civil de los poderes públicos y de la política y el gobierno en general.

Nadie sabe realmente, dada la gravedad de la situación que estamos viviendo en el orden económico y social, lo que va a pasar en Venezuela, pero lo peor que pudiera sucedernos es repetir los esquemas golpistas del pasado y que el poder armado siga siendo árbitro y protagonista principal. En este sentido la propia Institución armada, debería estar interesada en rescatarse de la contaminación ideológica y la manipulación política y ponerse al servicio de la Constitución y el Estado de Derecho que ayude a la sociedad venezolana a recuperar a plenitud sus posibilidades democráticas y de progreso y convivencia en Democracia. De eso se trata, reconciliar el país y propiciar un diálogo necesario para recuperar las instituciones en función de los intereses de todos y no en representación de un grupo político con pretensiones hegemónicas. El régimen, tanto en su pre-historia como historia, tiene una fuerte influencia política e ideológica de izquierda, y que se reflejó de manera positiva en el proceso Constituyente que terminó en la actual Constitución. Como igualmente en las orientaciones de algunas políticas de fuerte impronta social, pero con el paso del tiempo, el régimen no logró superar todas las miseria y limitaciones del populismo y el militarismo, bordeando de manera peligrosa conductas y políticas de corte neo-fascista y neo-comunistas. Dicho de manera simple, la Constitución se escribió con la izquierda y el gobierno la usó desde el pragmatismo corrupto que es la principal debilidad de nuestros gobernantes de siempre. Un proyecto y un programa político no puede quedarse en buenas intenciones sino en prosperidad para la mayoría y oportunidades y libertad para todos.