viernes, 11 de julio de 2014

Reconciliar al país


En toda situación humana, individual o colectiva, se plantea una dialéctica de cambio y una tensión inevitable entre lo real-posible y lo real- deseable lo nos obliga a “asumir la tensión entre plenitud y límite, otorgando prioridad al tiempo” dice el Papa Francisco. Igual recomendación hace el Eclesiastés: todo tiene su tiempo. Llevado esto al plano temporal y contingente de nuestro momento histórico, la decisión a tomar para todos los actores políticos y sociales es: confrontación o reconciliación. En lo personal, sin ninguna duda, lo segundo.
Como reconciliar las dos Venezuelas o mejor, las muchas Venezuelas: crispadas, atemorizadas, confundidas y llenas de incertidumbres y problemas. Por un lado luce irreal el empeño de imponer un proyecto ideológico hegemónico, en si mismo anacrónico e inviable al igual que seguir insistiendo en políticas que han fracasado, como recientemente lo recordara un amigo del gobierno el Presidente Ecuatoriano Correa. Por otro lado, la otra alternativa y de alguna manera también lo recomendó otro amigo del gobierno el ex presidente Lula, convocarnos todos los venezolanos, todos los sectores a desarrollar una política de encuentros críticos y creadores, superando las limitaciones del llamado diálogo formal, prematuramente fallido.
Los venezolanos tenemos que aprender a mirar hacia adelante a resolver nuestros múltiples problemas en clave de futuro y no seguir atrapados en el pasado y mucho menos en nuestros rencores y frustraciones, profundizando nuestros resentimientos y diferencias. Pongamos por delante lo que nos une, nos une Venezuela, nos une un pasado común y un futuro por compartir. Nos une un proyecto político necesariamente democrático y de desarrollo, con beneficios y logros individuales y colectivos. Nuestro compromiso nacional debe ser con la reinvención de la política y la reconciliación del país, desde la gente y con la gente. Transformar la Democracia y seguir desarrollando un proyecto de inclusión y solidaridad, sustentado, no en un discurso sino en un desarrollo real de las fuerzas productivas y particularmente del trabajo creador y competente de todos los ciudadanos.
Nuestra opción como lo plantea la iglesia es por los pobres y los jóvenes y evadir y evitar cualquier camino de violencia. Trabajar por la Paz que comporta una justicia más perfecta entre los hombres. El Papa nos aconseja a “aceptar a sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en eslabón de un nuevo proceso” y bajo ninguna circunstancia quedar atrapados en el

sábado, 14 de junio de 2014

Re-inventar la política


Aunque creamos lo contrario la realidad nunca es conservadora y los políticos y la política no terminan de entenderlo. La realidad del mundo se mueve hacia adelante. Sociedad, ciencia, cultura se van configurando en la dinámica de la nueva sociedad del conocimiento mientras que en la política seguimos anclados en el anacronismo de izquierdas y derechas, una manera cómoda de evadirse hacia un pasado mítico que nunca existió o un futuro irreal que tampoco existe. Se vive de ilusiones, escapismo y evasiones que terminan en un discurso vacío que ni convencen ni movilizan. De allí la necesidad de re-inventar la política desde el ciudadano real y la sociedad real y no desde las diversas marginalidades que la propia sociedad genera y mucho menos desde la “fotografía” de las encuestas, normalmente sesgadas y manipulables, sin menoscabo de reconocer su utilidad y niveles de objetividad necesarios para el análisis. En política el problema de fondo no es el poder, sino a que valores responde y sirve el poder y a quien sirve el poder en este sentido desde 1948 y mucho más en este siglo XXI, la doctrina esencial del poder y el gobierno es el respeto absoluto a los Derechos Humanos. Igualmente el gobierno deja de ser un asunto solamente técnico y debe asumirse también en la perspectiva de la ética. Estado y gobierno no son entelequias jurídicas y mucho menos estructuras vacías sino instituciones formadas por personas concretas al servicio de los seres humanos.
La política ya no solo es sobre ideales e imaginarios sino discurso y acción sobre lo “real en transformación” y eso obliga a asumir la política como “actividad inteligente” que discuta sin dogmas, sin pre-juicios y sin ideas pre concebidas, de no ser así la política termina aburrida, repetitiva y sin interés para la mayoría. La política para que sea interesante y útil, tiene que entenderse y asumirse como una actividad pensante y no reducirse a un simple activismo electoral o a una organización burocratizada de funcionarios del partido, que en algún momento aspiran convertirse en funcionarios del gobierno.
La política debe generar permanentemente respuestas inteligentes y creativas frente a la realidad- real en permanente proceso de exigencia y cambios y en contextos de complejidad e incertidumbre crecientes.
La realidad no es de derechas ni de izquierdas.

martes, 3 de junio de 2014

Pactar la Paz democrática

No hay tarea política más urgente e importante que establecer un acuerdo de convivencia y resolución de conflictos sobre reglas claras y poderes independientes, empezando por el CNE y TSJ.

Es absolutamente ilegítimo tratar de conseguir objetivos políticos por medios violentos igualmente con represión y terrorismo de estado.

Es tarea de la política y de los políticos definir y sincerar las intensiones reales detrás de las palabras paz y diálogo, un buen ejemplo es lo que ha venido sucediendo en Colombia en los últimos treinta años y es preguntarse si realmente las FARC han querido en algún momento la paz. Y esta es la pregunta importante en este momento en Venezuela, la llamada revolución y el plan de la patria son proyectos hegemónicos e irreversibles o son proyectos y políticas coyunturales y por consiguiente sujetos a discusión y cambios. La oposición ha sido clara y reiterativa, particularmente la MUD que solo transita la ruta electoral y las vías Constitucionales. El diálogo no es otra cosa que una posibilidad concreta de entenderse sobre hechos reales y tangibles. De parte del gobierno “el diálogo y la paz” parecieran ser en algunos momentos consignas vacías y estrategias publicitarias para confundir y ganar tiempo, si esta apreciación es correcta se está jugando con fuego y sometiendo al país y al propio gobierno a riegos graves.

La situación económica, en deterioro progresivo e irrecuperable a corto plazo se constituye en el verdadero agente desestabilizador del gobierno y no hay solución si no se desarrolla un acuerdo de convivencia y paz democrática. En la política, y en muchas otras cosas de la vida, el pragmatismo no es necesariamente mala palabra, si no al contrario oportunidades reales de “entenderse” en beneficio del país y el bien común.

Sin lugar a dudas vivimos tiempos difíciles y decisivos, de nuestro sentido común depende en gran medida el desenlace pacífico y democrático de esta profunda crisis histórica en desarrollo de estos últimos treinta años, dramatizada en los últimos quince años por un proyecto hegemónico anacrónico y en estos últimos meses por una crisis económica avasallante.

miércoles, 30 de abril de 2014

Política sin Democracia


En Venezuela, la Democracia en los últimos 15 años se ha venido “achicando” hasta casi diluirse en un gobierno con fuerte tendencia al autoritarismo y un proyecto ideológico claramente totalitario, sustentado en el pensamiento único y una hegemonía en el poder que niega de manera clara la posibilidad de la alternabilidad. La hegemonía gobernante estructurada en torno a Chávez es diversa y difusa, aunque cada sector, perfectamente identificable. Esta hegemonía terminó configurando una autocracia populista (gracias a la generosa y abundante renta petrolera y a una tradición populista existencial y clientelar muy estructurada en la tradición política latinoamericana). Esta hegemonía política se configura sobre grupos y clanes de poder, civiles y militares cuyos ejes más importantes son una izquierda tradicional fuertemente anclada e influida en el modelo cubano y una activa logia militar de origen conspirativo. En su primera fase, 1999-2002, el ideologo visible terminó siendo el argentino Norberto Ceresole, con su peregrina tesis de corte autoritario-totalitario: “Un caudillo, un pueblo, un ejercito” que tanto recuerda en la experiencia histórica reciente el nazi-fascismo-comunismo-franquismo.
Después de los acontecimientos de abril 2002, intento de golpe de estado para algunos y vacío de poder según sentencia del Tribunal Supremo de Justicia de la época, el caudillo aprendió la lección y se atrincheró en el poder con ánimo de perpetuidad, asumiendo la “franquicia cubana”, exitoso modelo político de dictadura comunista de más de medio siglo. Lo importante no es el desarrollo del país y la democracia sino “atornillarse en el poder”, sometiendo a la sociedad a un control férreo y una manipulación propagandística sostenida. Fracaso económico y social pero exitoso modelo político de dominación y permanencia en el poder y es así como llegamos, 15 años después, a este pobre país rico arruinado, desmoralizado y lleno de incertidumbres. El poder cautivo con el secuestro de todos los poderes públicos delinea una democracia sui géneris que en algunos momentos se confunde con una dictadura también sui géneris. Más que de socialismo del siglo XXI se puede hablar de un modelo político, paradójicamente definido como postmoderno, siendo profundamente anacrónico. Para acentuar la paradoja, estamos en presencia de un ensayo político económico, ya asumido por Cuba que no es otro que el modelo Chino, un Estado autoritario con una economía de capitalismo salvaje. Este tipo de paradojas, creo ha ayudado a hacer difícil, conceptualmente, establecer la naturaleza del régimen y quizá ellos haya dificultado a la oposición desarrollar una estrategia político electoral alternativa exitosa y que hoy por hoy se manifiesta en la doble estrategia de calle y diálogo en curso, que a veces se perciben como estrategias complementarias y en otro momento como antagónicas para confusión de la ciudadanía.
Sin lugar a dudas la crisis venezolana, en pleno desarrollo, tiene que ser canalizada en el marco Constitucional y respeto absoluto a los Derechos Humanos, con realismo político pero al mismo tiempo con la claridad conceptual de que el proyecto democrático no puede ser sacrificado.