sábado, 22 de abril de 2023

IMPERIOS Y NACIONES (CHOQUES GEOPOLÍTICOS)

 

La historia es multiforme y dinámica, pero la llamada historia universal no es otra cosa que el conflicto permanente entre clanes, tribus, pueblos, naciones y estados. Casi podría decirse que es una ley de la historia la dialéctica de la confrontación por el poder y la riqueza. Siempre hay alguien o algunos que desean o codician algo o algunas cosas que otros tienen. Esta es por lo menos la visión que tiene Hegel de la historia universal.

En términos empíricos y fenomenológicos es fácil de observar en todo tiempo y lugar de la historia humana.

En el llamado mundo occidental, el primer gran conflicto geopolítico fue en torno al Mediterráneo y tierras adyacentes.

Tenemos a los antiguos egipcios, a los fenicios, griegos, cartagineses y romanos que, en épocas diversas y sucesivas, pugnaron por el control de esa basta zona y sus recursos, incluidos la provisión de esclavos, necesarios para la economía de la época.

Así fueron como se desarrollaron las diversas thalasocracias, es decir el control efectivo de las rutas comerciales básicamente mediterráneas, hasta la hegemonía definitiva en la época del llamado Imperio romano.

Después vino el conflicto geopolítico con fuertes tintes ideológicos y religiosos entre el mundo cristiano y el mundo islámico por el control del Mediterráneo, y así desembocamos en la modernidad, en donde con las monarquías absolutistas, básicamente España, Inglaterra y Países Bajos, viene la disputa por el control de las rutas atlánticas, y que posterior a 1492 llevó a la disputa por las nuevas tierras de América y la colonización imperial de toda la tierra.

Esto nos sitúa en la contemporaneidad del Siglo XX y XXI en curso, historia mucho más conocida por la mayoría ya que es nuestro propio tiempo.

Como es sabido, el Siglo XX en sus comienzos es un siglo absolutamente eurocéntrico, y la disputa por el control de Europa determinaría el control del mundo, y más allá de particularidades locales, regionales o nacionales, era teoría común aceptada que la lucha por la hegemonía mundial estaba determinada por la supremacía en Europa, y a ello se empeñaron tanto Inglaterra como Alemania, Francia, Rusia y otros.

En términos estratégicos generales, esta es la explicación diríamos base, no única, de las dos guerras mundiales con los resultados conocidos.

De la llamada gran crisis europea de la primera mitad del Siglo XX emergen dos potencias: Estados Unidos y la Rusia soviética. Y así fue como en 1945, finalizada la guerra, hay un reparto del mundo en función de intereses e influencias, lo que habitualmente se fue conociendo como el “bloque soviético” y el “bloque occidental o norteamericano”.

La gran novedad de esta confrontación global eran las armas nucleares que hacían muy difícil y peligroso dirimir la hegemonía a través de una guerra total, ya que esa hipotética guerra global no la ganaría nadie y la perderíamos todos.

Sobre este principio del terror atómico de un eventual apocalipsis nuclear se fue creando las bases de una coexistencia pacífica que realmente era y así se le conoce, como una guerra fría, es decir una confrontación a nivel global ideológica, económica, política, etc. y con mucha violencia o guerras locales, pero siempre evitando la línea roja de la confrontación directa entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

En 1989 con la caída del muro de Berlín y en curso la política de Gorbachov de la Glasnost y Perestroika, implosiona la Unión Soviética, se separan varias repúblicas de Rusia y esta queda redefinida con reducción territorial y pérdida de influencia global sin dejar de ser una potencia nuclear.

A partir de estos hechos, es decir en las ultimas tres décadas, es cuando se puede hablar de un nuevo orden mundial, una reestructuración total de la geopolítica global y las respectivas zonas de influencia.

La emergencia de un nuevo poder en disputa por la hegemonía, China y diversas subpotencias regionales que también tratan de extender su influencia e intereses.

El Siglo XXI nos vuelve a encontrar como humanidad atrapados en la permanente amenaza nuclear y en un nivel de incertidumbre e inestabilidad muy acentuado, y la mejor expresión de lo dicho es el actual conflicto en curso en Ucrania en donde se han puesto en evidencia todos los intereses y todas las contradicciones del mundo actual en esta dinámica de poder y dominio que algunos pueblos y algunas naciones tienen.



martes, 18 de abril de 2023

LAS NOVEDADES EL PONTIFICADO DEL PAPA FRANCISCO

 La primera gran novedad tiene que ver con las características del Cardenal Bergoglio, de origen argentino y jesuita, y el hecho de haber asumido el nombre de Francisco. La otra novedad, después de muchos siglos en la historia de la Iglesia es la coexistencia de dos papas. Tras la renuncia del papa Benedicto XVI, convertido en papa emérito, fue electo el Cardenal Bergoglio, y como él mismo dijera en su primera bendición apostólica, venía de los confines del mundo, y con ello quería resaltar por un lado la Iglesia de las periferias, y por el otro lado, el nuevo ecumenismo, que durante todo el siglo XX se había ido adaptando y asumiendo una Iglesia menos eurocéntrica. Esto, dicho de manera simple, expresa quizás el fenómeno más importante, junto con el Concilio Vaticano Segundo de la Iglesia contemporánea. El otro gran desafío, y que el Papa Francisco ha asumido con coraje, son las propias novedades que trae el siglo XXI, el portentoso desarrollo de la tecnociencia y todas sus implicaciones a nivel local, nacional y global.
Igualmente, la visibilización cada vez más activas y protagónicas de las llamadas
minorías identitarias, y la siempre presente pobreza y desigualdades, las amenazas a la paz, y la terrible sombra de la destrucción nuclear.
No es poca cosa la época que le ha tocado al papa Francisco, y a ello hay que sumar las propias tenciones y dificultades internas de la propia Iglesia, la vieja dicotomía entre la Iglesia institucional constantinista y la Iglesia de frontera evangelizadora y profética. Otro aspecto para destacar es el proceso de desacralización de la figura del Papa, a mi juicio un intento consciente de sencillez y cercanía a la gente, y en particular a los más humildes, no podía ser de otra manera en un Papa que adoptó el nombre profético del pobre de Asís. En este empeño, sin lugar a duda que lo ayuda su condición de latinoamericano, una cultura en la cual las relaciones humanas y sociales son más espontáneas y menos rígidas. También lo ha hecho a través de la vestimenta, simplificada al máximo, inclusive en el ceremonial, y el hecho mismo que haya asumido como su residencia y principal sitio de trabajo dentro de la ciudad del Vaticano, pero una residencia para sacerdotes, a la cual él frecuentaba en sus viajes a Roma.
En la mejor tradición del Papa Juan Pablo II, mantuvo la necesidad de los viajes y la
presencia física del Papa en lugares emblemáticos de la compleja realidad geopolítica del mundo actual.
También es importante destacar el sentido sinodal que se ha empeñado en impulsar en las estructuras y en la toma de decisiones importantes.
Igualmente, entre las cosas a destacar pienso que el encuentro eclesial sobre la
Amazonía y su compleja problemática marca un hito con respecto a una Iglesia que
necesita y quiere comprometerse con los grandes desafíos de los tiempos actuales.

No es por azar que el Papa Francisco se haya estrenado con la Encíclica Laudato Si
(Casa Común), una profunda reflexión sobre la problemática que afronta la humanidad actual, básicamente en el ámbito ambiental, y los riesgos que allí están implícitos, y la encíclica Fratelli Tutti (Hermanos Todos) en donde el foco principal de atención está en las condiciones de vida del habitante de esa tierra maltratada.
Los derechos humanos, las condiciones materiales de vida y la calidad de vida de la
gente se convierte en preocupación lacerante del pontífice, que se ha abanderado del clamor de los oprimidos de la tierra. Ya cubierta una etapa de diez años, el Papa Francisco luce vigilante y atento en su papel de pastor y guía de una Iglesia universal que quiere reflejarse y encarnarse en cada pueblo y en cada cultura existente. Tal como lo proclamó el Concilio Vaticano Segundo, la Iglesia está en la historia y camina con ella, y si alguien lo ha entendido muy bien, es el Papa Francisco, y por ello está dispuesto a asumir cualquier riesgo y no es casual que su conducta, palabras y acciones a veces confundan y casi siempre creen polémica.

 

miércoles, 5 de abril de 2023

EL VIACRUCIS NACIONAL

 

El via crucis venezolano es uno de los fenómenos político, económico y social más escandaloso y brutal de las últimas décadas a nivel mundial. De país próspero a la pobreza generalizada en menos de dos décadas es todo un desafío a la imaginación.


Primero fue la crisis del sistema político bi-partidista, una clase dirigente envejecida, gastada y desgastada, que no quiso o no supo renovarse. Obstaculizaron y evitaron el cambio generacional al interior de los partidos políticos y en las responsabilidades al frente del Estado. En paralelo un sector empresarial, cómodo y codicioso, aprovechando sus relaciones y asociaciones con el sector político, para crear privilegios y ventajas, que nada tienen que ver con una economía, sana y moderna. Pero igualmente una sociedad que se acostumbró a "recibir". De hecho siempre he pensado que como sociedad en su conjunto, perecimos por comodidad y complicidad. En este contexto descrito, se posiciona la palabra CRISIS cuyas manifestaciones más visibles fueron en 1983, el llamado Viernes Negro y la devaluación de la moneda nacional.

En 1989 el Caracazo, estallido social de anarquía, desorden y saqueos. En 1992, 4F y 27N dos intentos fallidos de golpe de Estado, de una conspiración que tenía una década en desarrollo, con muchos cómplices en todos los sectores. Y por último la desafortunada elección en 1998, de uno de los dirigentes golpistas.

Los venezolanos, visto en retrospectiva, decidimos suicidarnos. Uno de los actos más irresponsables de toda nuestra historia. 23 años después seguimos pagando el error, a un costo equivalente a una guerra larga y destructiva. Pobreza generalizada, economía destruida, salario y pensiones inicuas, que condena a millones a la miseria y el desamparo. Salud, educación, infraestructura, servicios ausentes o en precariedad absoluta. Instituciones intervenidas y manipuladas por el mismo poder. Y la emigración forzada en la mayoría de los casos, de más de siete millones de venezolanos. No hay familia que no tenga un emigrante a quien echar de menos. Todo lo que se diga de nuestras desgracias es poco. La radiografía del país se ha hecho y se hace. Sabemos qué pasa, lo que no terminamos de saber es como superar "esto"; cómo salir de un gobierno inepto y corrupto con pretensiones de eternidad en el poder y en este sentido, para no perder el poder, han evolucionado del autoritarismo inicial del líder mesiánico y despilfarrador, a una "dictadura sistémica" en cuanto controlan todos los poderes y fundamentalmente la represión "a la cubana". Una represión fundada sobre el temor y el miedo y cuando es necesario medidas y acciones más directas y selectivas. Pero más que una dictadura personal, es un "gobierno-repartido" entre estamentos, grupos y personas, una oligarquía del dinero, una plutocracia de nuevos ricos, en la práctica arribistas codiciosos y sin escrúpulos. En el lenguaje, algunos de ellos mantienen el origen marxista, castrista, por oportunismo más que por convicción. Cómo superar la CRISIS, la coyuntura electoral 2023-2024 creo que es una buena oportunidad. Pero para ello hay que mirar más hacia adelante que hacía atrás. Aprender de los errores cometidos como oposición y tratar de crear una UNIDAD pragmática, real y efectiva, que sume organizaciones, votos y acumule fuerza. El objetivo único es pactar para triunfar, derrotar electoralmente al régimen y sus políticas nefastas. Y en paralelo o simultaneidad hay que trabajar en un programa realista y factible de recuperación del país y la necesaria gobernabilidad. Esto último pasa en pensar que hacer con las fuerzas derrotadas y particularmente con el sector militar soporte del régimen, sin rencores, ni venganzas ni odios, tampoco con impunidad individual. La tarea es exigente, la realidad siempre es compleja y los desafíos múltiples. La historia nunca ha sido fácil pero no podemos inmovilizarnos. Hay que actuar y con inteligencia y voluntad y sobre todo pensando en Venezuela como un todo, plural pero que nos identifica a todos y nos convoca a un futuro compartido y siempre mejor.