sábado, 18 de julio de 2026

TIERRA DE LIBERTAD

 

La historia es una ciencia inútil si no aprendemos de ella. Para que un pueblo se emancipe y sea libre de verdad, debe dejar atrás las mitologías y leyendas de un pasado que termina convirtiéndose en una jaula de hierro para poder seguir avanzando. A los libertadores y fundadores de la república, gloria eterna; sin embargo, los hombres de los siglos XVIII y XIX no nos pueden ayudar a vivir y enfrentar los desafíos del siglo XXI. En la conciencia histórica colectiva, lo necesario y obligante no es conformarse con el consuelo de las glorias pasadas de los próceres, quienes ya cumplieron su papel. Ahora nos toca a nosotros asumir la responsabilidad de la patria, y ese proceso comienza con la pedagogía y el compromiso de ser hombres y mujeres libres, ejerciendo plenamente el derecho a tener derechos que se cumplan y sean efectivos.

Esa es la esencia de la democracia conquistada en el siglo XX, un logro alcanzado tras superar las dictaduras de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez (1899-1935). No obstante, en el siglo XXI otra dictadura se apoderó del país, manteniéndose desde 1999 hasta el presente año 2026, destruyendo instituciones, el aparato productivo y el tejido social, dejándonos además bajo una condición de recolonización. Deconstruir esa perversa estructura de poder y corrupción es una tarea urgente y necesaria si de verdad queremos habitar el siglo XXI. No es una labor fácil ni rápida; la democracia y la libertad hay que merecerlas y reconstruirlas. El primer paso hacia una verdadera estabilidad consiste en abrirle camino a la soberanía popular por medio de elecciones libres, relegitimar todos los poderes e instituciones, refundar el Estado al servicio de la sociedad y actuar como una nación unida, plural, diversa y libre.

Podemos lograrlo si cada individuo y cada sector asumen su cuota de responsabilidad con el bien común como objetivo. Los partidos políticos deben ser los primeros en dar el ejemplo, de la misma manera en que los sindicatos, gremios y el sector empresarial necesitan renovarse. Por su parte, el sector público debe gestionarse lejos del clientelismo y el nepotismo, concibiendo a las instituciones como un verdadero servicio al ciudadano, lo que exige que todos pasemos de ser simples habitantes a ciudadanos comprometidos. Asimismo, el centralismo y el presidencialismo deben comprender la importancia de la descentralización, permitiendo que cada región o estado asuma su propio desarrollo dentro de políticas de Estado que exijan planificación, continuidad, eficiencia y resultados.

Un aspecto crucial es cesar la impunidad frente a la corrupción, quizás nuestro principal problema, dado que ha permeado todas las instituciones públicas y privadas, así como a todos los sectores y estratos sociales. Debemos asumir la realidad fehaciente sin dejarnos abrumar por la cantidad de problemas que afrontamos; todos ellos tienen una solución racional en el corto, mediano y largo plazo. Con un gobierno legítimo, unos poderes depurados y una sociedad dispuesta, guiada por la clara conciencia histórica de que habitamos el siglo XXI, entenderemos que el pasado nunca nos va a resolver el presente, más allá del aprendizaje que nos proporcione para no cometer los mismos errores. El presente es nuestra verdadera novedad y compromiso, y es desde aquí donde se empieza a construir un futuro mejor.


Angel Lombardi

martes, 30 de junio de 2026

BOLÍVAR vs. MONROE

 En el libro Historia de la nación latinoamericana de Jorge Abelardo Ramos (1968), se

sostienen tesis históricas elaboradas bajo la influencia preponderante del marxismo

histórico de la época. Esta perspectiva llegó a ser dominante en el mundo académico y

en las élites intelectuales del siglo XX, y todavía se mantiene en el siglo XXI, aunque

con menor influencia y fuertemente cuestionada. Dentro de este debate, el llamado

"monroísmo" (1823) fue y sigue siendo, básicamente, una doctrina de corte imperialista

que responde a los intereses de los Estados Unidos. Por el contrario, el

"bolivarianismo" se sustenta en dos proyectos políticos de Bolívar, ambos fracasados

en su momento: la creación de la Gran Colombia (1819-1831) y el publicitado Congreso

de Panamá. Convocado en 1824 y realizado en 1826, este último evento no contó con

la presencia del propio Bolívar, congregó a no más de catorce delegados y tres

observadores —uno de los cuales nunca llegó— y generó un documento que jamás fue

aprobado por los gobiernos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Chile, Perú,

México y Guatemala.

Fracasados estos intentos de unidad, federación y confederación en su tiempo, el

bolivarianismo terminó convirtiéndose en una retórica demagógica y ahistórica,

completamente alejada de la realidad geopolítica real. Mutó en una ideología de

resistencia antiimperialista y en la justificación revolucionaria para el asalto al poder por

parte de dictaduras y tiranías, como se evidencia en Cuba bajo la fórmula Bolívar-Martí,

en Nicaragua con Bolívar-Sandino, y en Venezuela mediante el binomio Bolívar-

Chávez; asimismo, sirvió de identidad fundacional para diversos grupos irregulares en

la región, como las FARC en Colombia. Ante este panorama, las preguntas

verdaderamente importantes y de carácter histórico —es decir, sometidas a tiempos y

espacios concretos— apuntan a si en cada país se ha consolidado una verdadera

república constitucional e institucional: una nación con reglas y leyes que se respeten

de verdad, lo cual, en el caso de muchos países, parece no haberse logrado.

De igual forma, cabe cuestionarse si puede existir y funcionar una república sin

republicanos, entendida esta carencia como la ausencia de una praxis ciudadana

cotidiana en la sociedad, el Estado y el gobierno. Asimismo, queda en entredicho si es

posible la existencia de una república y un Estado-nación sin un control territorial

efectivo y sin garantías de legalidad y soberanía para las personas y su entorno. A

estas interrogantes se podrían agregar muchas otras de carácter antropológico,

cultural, lingüístico, económico y de valores para indagar qué somos realmente como

identidad colectiva, local, regional y nacional.

Al examinar qué es Latinoamérica en concreto, conviene recordar que la palabra fue

inventada por los franceses para justificar su invasión a México. Lo latinoamericano se

presenta como un sentimiento confuso y difuso, pero también como una ideología


identitaria antiyanqui y el marcaje de tres siglos coloniales compartidos, una herencia

que en España prefieren denominar Hispanoamérica. Todas estas respuestas son

válidas y discutibles al mismo tiempo. Sin embargo, volviendo al principio, la diferencia

fundamental radica en que el monroísmo representa la geopolítica real de un Estado

constituido, mientras que el bolivarianismo, en términos geopolíticos, no pasa de ser un

discurso, una fantasía y una ilusión, por la sencilla razón de que cada uno de nuestros

países en la frontera sur de los Estados Unidos camina por su cuenta, posee

economías que compiten entre sí y defiende, como es lógico, sus propios intereses

nacionales.


Ángel Lombardi

"Por ahora"

 El "por ahora" de Chávez, pronunciado una vez rendido tras el fallido golpe de Estado

del 4 de febrero de 1992, ha funcionado como un mantra en la narrativa y la mitología

chavista. Esta misma frase se rememoró cuando se le obligó a renunciar en el año

2002 y fue devuelto al poder tres días después por los mismos militares, liderados en

ese entonces por el general Baduel, quien posteriormente pagaría con cárcel y con su

propia vida. En estos días de tutela imperial, tras los acontecimientos del 3 de enero de

2026 y ante la sumisa obediencia del régimen, algunos sectores radicales del chavismo

han reclamado la inconsecuencia política e ideológica de sus dirigentes. La respuesta

pública dentro del propio chavismo ha sido recurrir nuevamente al "por ahora"; es decir,

argumentan que siguen siendo y pensando lo mismo, pero que la correlación de

fuerzas actual los obliga a una retirada táctica, tal como ocurrió en 1992 y en 2002.

Se trata de la clásica fórmula leninista y de la ciencia militar que dicta saber retirarse a

tiempo o avanzar dos pasos y retroceder uno cuando las circunstancias lo imponen;

una estrategia que el chavismo lleva tres décadas practicando con éxito. En el argot

criollo, esto se define como "pasar agachado": el arte del disimulo, hacerse el

desentendido y esperar el momento oportuno para arriesgar la jugada. Chávez lo

explicó varias veces citando a Ezequiel Zamora y la batalla de Santa Inés, aludiendo al

arte de engañar al enemigo para convertir una derrota en un triunfo cuando llegue el

momento. Este es el mensaje que hoy transmiten a sus militantes más radicales. Lo

grave es que muchos se lo están creyendo, y no sé si los estadounidenses

—engolosinados con el petróleo y los negocios— o el sector empresarial actúan bajo la

misma premisa, como si la economía y la política no estuvieran íntimamente

relacionadas. Se nota que no han leído a Lenin y su célebre frase: "Un capitalista es

capaz de venderte la soga con la que lo van a ahorcar".

A casi cinco meses de los hechos del 3 de enero, el chavismo sigue al mando y en el

gobierno de manera hegemónica. Mantiene la presidencia, las gobernaciones y las

alcaldías. Controla la Asamblea Nacional, que en este momento constituye el centro del

poder y del gobierno. Conserva el Poder Judicial y el aparato policial de coerción

intactos, mientras que el Poder Electoral y el estamento militar no registran cambios

significativos. Asimismo, tienen cooptados a los sectores económicos y a las cúpulas

empresariales, al tiempo que mantienen vigentes las llamadas "leyes del odio". Aunque

han cambiado algunos nombres, la correlación de los poderes internos permanece

inalterada. Se han sacrificado figuras particularmente rechazadas por la opinión

pública, como Tarek William Saab, los dos El Aissami y algunos otros, depositando

sobre ellos la carga total de las responsabilidades en materia de corrupción y

delincuencia. Les tocó, sin ser inocentes, el papel bíblico de los chivos expiatorios para

cargar con las culpas propias y ajenas. En esa misma línea se perfila el destino de

Nicolás Maduro, Cilia Flores, "Nicolasito" y otros tantos nombres sacrificables; de


hecho, cobra fuerza la hipótesis de que Maduro fue entregado, dado que los relevos se

han concentrado en su entorno más cercano.

No tengo ninguna duda sobre la progresiva mejoría económica del país. Sin embargo,

desde mi perspectiva, si en paralelo no avanzamos hacia una ruta democrática con

elecciones libres, gobernabilidad y cambios alternativos en todos los niveles, se corre el

riesgo de que la fórmula del "por ahora" les vuelva a funcionar. No subestimo la

inteligencia de la administración de Trump y menos la de Marco Rubio, quien conoce

muy bien quién es quién en Venezuela. No obstante, un imperio en crisis dentro de su

propia sociedad y desafiado por conflictos globales podría fácilmente conformarse con

la garantía del petróleo y otros negocios, olvidando que los venezolanos queremos

prosperidad pero también democracia. A Trump, en particular, no parece importarle la

felicidad de los venezolanos, a quienes ha denigrado de diversas maneras, además de

mantener un trato sumamente adverso hacia los migrantes que se encuentran en los

Estados Unidos. Es una lección elemental de la historia: los países no tienen amigos; a

cada nación le toca resolver sus propios problemas y forjar su propio destino.


Angel Lombardi

DE EMPERADOR A EMPERADOR: CUMBRE EN PEKÍN




Xi Jinping no recibió a Trump en el aeropuerto; ese gesto diplomático lo reserva

exclusivamente para aliados de primer orden, como Vladímir Putin y Kim Jong-un. Por

el contrario, la ceremonia imperial del recibimiento oficial estuvo diseñada como una

demostración del peso y la plena importancia que ostenta la China actual. Ante este

despliegue, la comparecencia de Trump acompañado de un séquito de

supermillonarios sirvió para dejar en evidencia su persistente mentalidad de

negociante.

Desde su primer discurso oficial, Xi Jinping se encargó de marcar las pautas de la

agenda global. En primer lugar, advirtió la necesidad de descartar la denominada

"trampa de Tucídides", aquella teoría que propugna el uso de guerras preventivas para

anular a rivales emergentes. Esta concepción ha sido doctrina oficial en Washington

desde hace más de medio siglo —particularmente defendida por los neoconservadores

del Partido Republicano— y fue instrumentalizada tras los atentados del 11 de

septiembre en la llamada guerra contra el terrorismo en países como Irak, Afganistán e

Irán. Al respecto, el mandatario asiático enfatizó que, de verse obligada, China se

encuentra plenamente preparada en el campo económico, tecnológico y militar. Como

alternativa, propuso una competencia con reglas claras bajo el concepto de "estabilidad

estratégica global", lo que supone un entendimiento mutuo sin amenazas ni agresiones,

fundamentado en el respeto a los intereses legítimos de cada nación y en un nuevo

orden regido por normas acordadas. Asimismo, dejó en claro que Taiwán pertenece a

China, definiéndolo explícitamente como una línea roja innegociable.


Frente a este posicionamiento, los logros de Trump se limitaron a la firma de contratos

comerciales para que el gigante asiático adquiera aviones estadounidenses y soja. Con

su estilo característico, el mandatario norteamericano vendió estos acuerdos ante su

audiencia local como un rotundo triunfo, afirmando haber traído una enorme cantidad

de dinero para los Estados Unidos. Sin embargo, en los asuntos verdaderamente

cruciales de la geopolítica, regresó con las manos vacías: China no va a deponer su

respaldo a Irán, no abandonará su alianza estratégica con Rusia ni renunciará a su

compromiso de consolidar un orden global multipolar.

La solidez del proyecto chino se ve respaldada por medidas concretas. El gigante

asiático acaba de aprobar un nuevo plan quinquenal mediante el cual aspira a

gestionar el 70 % de su aparato productivo y de su economía a través de la Inteligencia

Artificial. Además, Pekín ha suscrito un acuerdo por quince años con Irán e Irak

destinado a estabilizar el Medio Oriente por medio de megaproyectos energéticos,

nuevas rutas comerciales y mecanismos de defensa mutua. Este pacto contempla la

prescisión absoluta del dólar y de todo el entramado occidental de pagos y

transferencias financieras.

Mientras China demuestra claridad sobre su posición y sus objetivos a largo plazo,

Estados Unidos se encuentra sumido en una profunda crisis de identidad. Fuertemente

dividido, el país norteamericano parece atrincherarse en su hemisferio occidental bajo

una conducción errática, mientras lidia con una economía aquejada por el

endeudamiento, la inflación y la recesión. Al mismo tiempo, su administración pierde

respaldo popular y se aísla de sus aliados naturales en Europa, así como de socios

clave como Japón y Corea del Sur. Si bien la crisis estadounidense no es terminal, sí

es de larga duración. Habituados a los evidentes éxitos del siglo XX como potencia

dominante y hegemónica, sus círculos de poder no terminan de asumir ni de

comprender que en el siglo XXI el tablero internacional está cambiando, y no

precisamente a favor de su preeminencia.

sábado, 16 de mayo de 2026

NUEVO COMIENZO POLÍTICO

 La historia funciona por ciclos, al igual que la vida, y los ciclos políticos no son la excepción. El "chavismo" ya es pasado; hoy vive de una vida prestada por el imperio. El pueblo lo derrotó de manera abrumadora el 28 de julio de 2024, pero el sistema represivo permitió el fraude. Hoy por hoy, desprovistos de legitimidad, permanecen como representantes y colaboradores del gobierno de Trump. En este proceso, han tenido que arriar todas sus banderas ideológicas, siendo la principal el nacionalismo antiimperialista. Solo por ello, la historia no los absolverá. Tampoco lo hará por su flagrante y reiterado desprecio hacia los derechos humanos ni por la galopante corrupción que ha permitido crear una nueva burguesía, algo que, lamentablemente, no constituye ninguna novedad en la historia nacional. Cada dictadura, cada régimen y cada gobierno han creado sus propios "nuevos ricos", y el chavismo no ha sido la excepción.

Sin cambiar de naturaleza, el chavismo ha funcionado por etapas: Chávez y el "chavismo 1"; Maduro y el "chavismo 2"; y ahora, los Rodríguez-Cabello y el "chavismo 3". De igual forma, sus siglas fueron cambiando en el tiempo. El MBR-200 identificó la etapa golpista, el cual mutó al MVR apenas se convirtió en gobierno; finalmente, una vez consolidado el régimen, se identificaron como PSUV. Esta última transición representó toda una declaración ideológica y política de una "izquierda o progresismo" tercermundista, típica del siglo XX, cuyo mentor, ejemplo y modelo era el castrocomunismo cubano. Hoy, ambos modelos se encuentran en agonía terminal, pero el costo ha sido sumamente alto para ambos pueblos: destrucción en todos los órdenes y la emigración forzada de millones de personas. Ambos países han terminado en las garras del odiado imperio; aquí en Venezuela, tras los hechos del 3 de enero de 2026, y en Cuba, en cualquier momento. Las fantasías y las ilusiones, tanto individuales como colectivas, no perdonan; la vida y la historia reales siempre las alcanzan.

Este no es el fin de la historia. La vida y el devenir continúan, con nosotros o sin nosotros. El siglo XXI ya transcurre y estamos en él, pero paradójicamente no hemos llegado a él todavía. El chavismo, como movimiento anacrónico, nos quiso devolver al pasado: al mundo bárbaro de Maisanta, a la Guerra Fría de la fallecida Unión Soviética y a la peor versión de nosotros mismos. Nos arrastró de vuelta al país rentista, al del facilismo y la corrupción, al de la ostentación de los nuevos ricos y al olvido del pueblo. Esto obligó a la ciudadanía a emigrar, a vivir sin electricidad y sin agua, cada día más pobre, porque se le confiscó y negó el ingreso mínimo para una vida digna, arrebatándole el futuro y condenando a la mayoría a la supervivencia y a la desesperanza. Todo fue destruido: el sistema productivo, el sistema educativo y el sanitario; en todo retrocedimos. Por cierto, un sector del chavismo, en vez de optar por la autocrítica y la enmienda, busca un nuevo camuflaje promoviendo un grupo político bajo el irónico nombre de "Futuro".

La actual coyuntura abre una ventana de oportunidades, como señalan algunos politólogos, pero esa puerta implica un tiempo y un recorrido. Es una tarea política prioritaria transitar este camino con éxito democrático, lo que exige un liderazgo esclarecido y a la altura de las circunstancias. Asimismo, requiere de unas élites capaces de mirar más allá de sus intereses particulares y de una sociedad donde cada sector asuma su cuota de responsabilidad. Que la economía mejore está en el interés de todos nosotros, pero también en el del "tutor", con el riesgo de que este árbitro de la política nacional asuma que el país está bien solo porque ellos están ganando dinero. El pueblo no está bailando en las calles ni estamos en el Carnaval de Río; los problemas siguen allí y ninguno tendrá una solución satisfactoria si no logramos nacionalizar nuestro propio camino hacia la libertad, la democracia y el desarrollo.

Ángel Lombardi

LAS GUERRAS EN UCRANIA E IRÁN Y EL RIESGO DE USAR ARMAS NUCLEARES

 El riesgo de utilizar armas nucleares no es una especulación; expertos muy serios y acreditados así lo advierten. Ambos conflictos representan guerras abiertas: la de Ucrania se encamina hacia su quinto año y la de Irán continúa desarrollándose de manera intermitente. En Ucrania, Rusia —una superpotencia atómica— no puede permitirse perder la guerra y, de hecho, la está ganando mediante el despojo territorial y marítimo de casi un 25 % del territorio ucraniano y el 80 % de su única costa sobre el Mar Negro. A esto se suma la destrucción de infraestructuras y una pérdida demográfica en el país de casi el 50 % desde 1991, provocada tanto por el conflicto como por la emigración masiva.

La resistencia ucraniana es sostenida por los europeos y, de forma parcial en esta etapa de la administración de Trump, por los Estados Unidos. No obstante, Rusia mantiene sus líneas rojas y existen fuertes presiones internas para el uso de armas nucleares tácticas con el fin de poner término definitivo a la guerra. Por otro lado, en Israel —también potencia nuclear— existe una presión similar para emplear este arsenal y doblegar a Irán, mientras este último resiste y mantiene un cierre parcial del estrecho de Ormuz, un paso vital para el comercio mundial, particularmente de petróleo, gas y fertilizantes.

En Estados Unidos esta guerra resulta sumamente impopular y, aunque Trump pareciera no tener una estrategia definida, tampoco puede permitirse ser humillado por Irán. Para Israel, el conflicto posee un carácter existencial ante la posibilidad de que el régimen iraní llegue a poseer un arsenal nuclear en el futuro. Por todas estas razones se advierte un peligro latente en ambos escenarios; mientras más se prolonguen los enfrentamientos, el riesgo atómico se potenciará de manera inevitable.

Ambas guerras han comenzado a afectar la economía global, con un impacto acentuado por el conflicto en Irán, lo que ya genera debates en torno a la recesión, la contracción económica, la inflación y el desempleo. Ningún país está exento de sufrir las consecuencias directas, afectando especialmente a los principales importadores de petróleo iraní como China, India, Japón y Corea del Sur. Asimismo, la crisis en el sector de los fertilizantes amenaza con golpear gravemente la producción mundial de alimentos. De allí surge la tentación de recurrir al armamento nuclear para forzar el fin de las hostilidades, una acción que sentaría un precedente sumamente peligroso y serviría de estímulo para aquellas naciones que aún no poseen estas armas o que están en vías de desarrollarlas.

Ángel Lombardi

martes, 28 de abril de 2026

DE LA SUBLEVACIÓN DE LAS MASAS A LA DOMESTICACIÓN DE LAS MISMAS

 La "domesticación" de las masas y la "cancelación" del pensamiento crítico constituyen el gran proyecto totalitario en desarrollo en la sociedad del siglo XXI, independientemente del sistema político o la ideología imperante. Es la promesa tecnológica de los dueños del gran capital —el verdadero Big Brother— y del sistema financiero global; específicamente de la tecnocracia del monopolio comunicacional y tecnológico, apoyada en la Inteligencia Artificial y el manejo masivo de datos.

Este proceso se articula a través del control y la manipulación de la información, donde el uso de la desinformación, la propaganda y la "verdad alternativa" construida tecnológicamente dificultan cada día más el acceso a la realidad fehaciente. Se impone así un control del relato mediante la construcción de narrativas orientadas a confundir, crear falsas certezas y establecer patrones de consumo y pensamiento alineados, uniformes y unidimensionales.

En el ámbito académico, ya se observa el desmantelamiento del pensamiento humanista mediante la cancelación de cátedras y facultades que estimulen el juicio crítico. Uno de los profetas de esta era tecnológica y distópica, Elon Musk, ha sugerido que la formación universitaria es innecesaria frente a los oficios técnicos, perfilando una universidad funcional de bárbaros especializados y escuelas formadoras de conformistas y consumidores "felices".

A la par, las tecnologías de control y vigilancia han eliminado los espacios privados libres, aspirando incluso al uso de dispositivos injertados para monitorear acciones y pensamientos. La meta es la despersonalización y la uniformidad de ideas y conductas para hacernos previsibles, frágiles y manipulables. A esto se suma la inoculación de una cultura del miedo donde la realidad se presenta como una amenaza permanente; basta observar cómo las noticias convierten todo en un peligro potencial, incluso la salud, induciendo a una prevención constante aun cuando se está sano.

Bajo este esquema, la felicidad se transforma en una receta de predicadores, gurús y libros de autoayuda, mientras la ansiedad y la depresión se extienden como una epidemia o desembocan en el refugio fanático. El mal de nuestro tiempo es un sistema planificado para convertirnos en consumidores endeudados y personas sin criterio propio, donde toda disidencia es castigada, se aplaude el egoísmo y se premia al delincuente que alcanza el éxito a través del poder y el dinero.

 

Ángel Lombardi

EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

 De acuerdo con la nueva Doctrina de Seguridad Nacional publicada en noviembre de 2025, Estados Unidos ha definido sus áreas estratégicas de manera más directa. Con la declaración de su Secretario de Guerra, se delimita un espacio vital territorial donde, en términos de realismo político, todos los gobiernos de la región deben ser "amigos y socios" —por las buenas o por las malas— en todo el continente americano.

De manera más precisa, se define como área de interés vital para el imperio el territorio que comprende desde Alaska hasta la línea ecuatorial. Esto incluye a Canadá y Groenlandia; México, Centroamérica y el Caribe; y el norte de Sudamérica, abarcando a Venezuela, Colombia, Ecuador y las Guayanas. De esta forma, se empiezan a redefinir los "espacios imperiales" de esta nueva era de los tres imperios. Esta zona estratégica aspira a ser el equivalente al Mediterráneo para el antiguo Imperio Romano.

Esta reconfiguración le abre la puerta a China para anexionarse a Taiwán, mantener el control sobre el Tíbet y conservar su influencia en Nepal y Bután —vitales en su rivalidad estratégica con la India—, además de ejercer dominio sobre Mongolia, país de amortiguación frente a Rusia. Por su parte, Rusia consolida su posición en Ucrania, el Mar Negro, el Cáucaso y Asia Central. Estamos en pleno proceso de un nuevo reparto del mundo, con zonas de potenciales disputas y conflictos en procesos de balcanización, como el Cercano Oriente y, fundamentalmente, África.

Este proceso sustituye el orden mundial establecido en Yalta en 1946, que culminó formalmente en 1991 con el colapso de la Unión Soviética, y se redefine a partir del surgimiento de China como potencia rival (periodo 1973-2015) y la consolidación de la Rusia de Putin desde el año 2000. Como diría el poeta Walt Whitman: "La yerba crece, pero no la vemos crecer".

Europa, por su parte, queda por su cuenta frente a Rusia y tendrá que redefinir sus relaciones con los tres imperios y el resto del mundo. Su principal desafío es la unidad política: siguen siendo 27 Estados nacionales que, unidos, representan una potencia económica, tecnológica y pronto militar; pero desunidos, ningún país tiene el tamaño ni la demografía necesaria para encarar la tripolaridad del nuevo orden mundial en curso. En este escenario, la India mantiene un peso propio y Japón encara sus propios desafíos.

África es un continente vasto, complejo y fragmentado, marcado aún por el rezago a pesar de las grandes diferencias entre naciones. El resto del globo se divide en escenarios regionales con subpotencias en competencia: Alemania, Inglaterra y Francia en Europa; Israel, Turquía, Irán y Arabia Saudita en Medio Oriente; y Egipto, Argelia, Marruecos y Sudáfrica en el continente africano. A esto se suman los países con arsenal nuclear y aquellos con capacidad de obtenerlo. En este esquema, América Latina, como conjunto, desaparece como sujeto geopolítico.

El sur de Sudamérica se definirá, básicamente, por las relaciones entre Brasil y Argentina, siendo el primero una subpotencia de importancia global creciente debido a sus dimensiones. Como siempre, el mundo en sus dinámicas históricas y coyunturales es una complejidad en proceso donde nada es vaticinable con certeza. La incertidumbre y los conflictos inevitables nos acompañarán.

El riesgo nuclear permanecerá como una amenaza latente, al igual que los desafíos tecnológicos, los retos de la pobreza, la desigualdad, la problemática ambiental y la fragilidad de los sistemas políticos. La lucha por la paz y unas relaciones internacionales de respeto e intercambio pacífico seguirán siendo exigencias necesarias en esta nueva etapa de la humanidad. La historia sigue y estamos en ella; los tiempos cambian, pero la naturaleza humana permanece.


Ángel Lombardi

jueves, 16 de abril de 2026

El fanatismo religioso y la guerra entre Irán e Israel

 La crónica bélica contemporánea tiende a obviar factores fundamentales para el análisis geopolítico, como lo son la historia y la cultura. Contrariamente a lo que se afirma en la narrativa común, Irán e Israel fueron países que se reconocían diplomáticamente antes de 1979. La relación entre el pueblo persa y el pueblo hebreo es milenaria, remontándose a la época acadia-babilónica hace más de dos mil años a. C. De hecho, hasta 1979, en Irán vivían más de 150 mil judíos iraníes de muchas generaciones anteriores; una realidad que cambió drásticamente a partir de ese año, estimándose que actualmente solo permanecen en el país unos 10 mil.

El punto de inflexión fue la llegada al poder en 1979 del régimen teocrático de los Ayatolás. Este sistema, basado en un fundamentalismo chiita, desconoció la existencia del Estado de Israel e inició una campaña de hostilidad concretada mediante el apoyo a grupos como Hamás y Hezbollah. Por otro lado, el conflicto se potencia cuando en Israel llega al gobierno el radicalismo judío del partido religioso. Bajo la administración de Netanyahu, se convirtió en política de Estado la "neutralización" de Irán, por ser considerada la amenaza estratégica por excelencia para el Estado hebreo.

La desproporción entre ambas naciones es abismal en términos de territorio y población: Israel cuenta con menos de 10 millones de habitantes frente a los más de 90 millones de Irán. No obstante, en desarrollo, tecnología y poder militar, Israel supera a Irán, contando además con una capacidad nuclear que Irán aún no posee, pese a tener un programa en desarrollo. Al no compartir una frontera común —están separados por dos mil kilómetros— el conflicto se desarrolla principalmente en el espacio aéreo. En este escenario, Israel dependería críticamente del apoyo de Estados Unidos para sostener un enfrentamiento prolongado; sin embargo, la opinión pública estadounidense rechaza la guerra e Irán posee el "arma" del control sobre el Estrecho de Ormuz, cuyo impacto en la economía global sería devastador para Europa y el Lejano Oriente.

Tras casi un mes de intensos bombardeos mutuos, el temor principal es una escalada que precipite una crisis económica de grandes proporciones o la tentación de utilizar armas nucleares por parte de Israel, dado que el daño territorial que podría sufrir se le haga intolerable por su limitada geografía. Como suele decirse: las guerras se sabe cómo comienzan, pero nadie sabe cómo terminan. El ejemplo de Rusia y Putin, empantanados en una invasión a Ucrania que ya supera los cuatro años, es prueba del desgaste humano y económico que esto conlleva. La guerra entre Irán e Israel tiene múltiples causas e intereses en pugna, pero el fanatismo religioso en ambas partes agrega un ingrediente irracional y sumamente peligroso.

 Ángel Lombardi

 

sábado, 14 de marzo de 2026

EL "CHAVISMO" Y SU FRACASO HISTÓRICO

 El llamado "chavismo", por primera vez en su historia, ha perdido el norte político; por ello, está condenado al fracaso y, si se empecina en no entender la realidad fehaciente, a la extinción.

Chávez no fue un ideólogo: heredó a la anacrónica izquierda estalinista venezolana, la cual terminó de enterrarse cuando se amarró al tótem fidelista y al oportunismo castrista, peones del imperio soviético en territorios del hegemon gringo. El 3 de enero de 2026 los alcanzó la realidad geopolítica real, que es y sigue siendo global.

El drama es que su error estratégico de casi cuatro décadas arruinó al país y desmadró la vida de la mayoría. Ocurrió igual que con los cubanos, quienes, por la megalomanía de Castro y su incapacidad de entender la realidad nacional e internacional, confundieron ideología con religión y política. Se asumió el poder personal —nuestro tradicional caudillismo— y se acabó con Cuba; a la vista está el resultado.

Chávez lo copió en Venezuela y el castrismo perverso le alimentó el ego y el narcisismo a una persona inteligente e intuitiva, pero ignara y con carencias psíquicas evidentes. Su éxito político inicial y electoral se lo debió a dos manipuladores políticos experimentados, Miquilena y Rangel. Después del golpe de 2002, Chávez entendió que para sobrevivir necesitaba a los espías y represores castristas, e incorporar a los mandos militares en el gobierno y en el manejo de cuantiosos recursos. Con la tentación de la corrupción, el éxito en la creación de una "boliburguesía" resultó evidente.

Se mezclaron los mandos en las regiones militares y en el alto mando para evitar conspiraciones, además de ser tolerantes con las guerrillas colombianas, el narcotráfico y el crimen organizado. Esta fue la estructura de control y poder que heredó Maduro y, de manera inevitable, pasamos del autoritarismo a la dictadura, con un partido absolutamente clientelar y un paramilitarismo delincuencial.

Todo esto se quebró el 3 de enero por un acto de fuerza absoluto: vino el imperio y "mandó a parar" a un régimen imparable para la oposición democrática, a pesar de los muchos intentos y las víctimas. Esta es la apretada síntesis, en mi limitado juicio, del chavismo en el poder durante 27 años.

Ahora, el chavismo nostálgico suspira por los tiempos pasados. Sin gente, sin pueblo, huérfanos de liderazgo y divididos en lo que queda, repiten —todavía con poder— el nostálgico "por ahora", como un mantra del 4F-1992. El liderazgo chavista está profundamente dividido en dos estrategias: los "colaboracionistas", que buscan ganar tiempo, portarse bien con el imperio y "pasar agachados" para no quedar totalmente fuera de juego en la futura e inevitable reconfiguración del poder; y otros, más torpes o más coherentes, que no terminan de asimilar lo ocurrido el 3 de enero y "patalean" simbólicamente o, los más radicales, denuncian de frente la traición.

Estamos en días y meses de pleno desarrollo. La gran mayoría queremos un país democrático y próspero; priorizamos los derechos humanos, sociales y laborales. Entendemos que la economía necesita tiempo y condiciones, pero la expectativa general es positiva. Sin embargo, el hecho definitivo es devolverle a la soberanía popular la decisión electoral para legitimar todos los poderes y poder tener una democracia y un país con futuro.

El imperio, por un tiempo indeterminado, va a ser decisivo en los procesos en curso, en particular en la economía y en nuestro posicionamiento estratégico. Pero a los venezolanos, con el tiempo, nos toca decidir nuestro destino político y nacional. Estamos en una nueva etapa política con un chavismo disminuido y confundido, pero todavía con poder e influencia. No hay que subestimarlos ni agraviarlos innecesariamente, pero tampoco ignorar las responsabilidades en la represión y la corrupción. El momentum es delicado y precario, pero con una dinámica potencialmente positiva en todos los aspectos.

 

Ángel Lombardi

jueves, 19 de febrero de 2026

El torturador y sus víctimas

 



El torturador y sus víctimas podría haberse titulado esta excelente película iraní. También sería un título adecuado El odio, la venganza y el perdón, o simplemente Humano, demasiado humano. La historia universal y la historia de cada país registran en algún momento el hecho monstruoso de Caín asesinando a su hermano Abel; la existencia de victimarios y víctimas es tan frecuente y recurrente que casi siempre se trata de olvidar o borrar de la memoria.

Por eso algunos, de buena fe, quieren "borrar" el Helicoide. Convertido en centro comercial, cultural o deportivo, con el paso del tiempo —y una vez muertos quienes allí torturaban, maltrataban e igual sus víctimas— se condenaría al olvido en la memoria y consciencia colectiva a este emblemático centro del horror carcelario. En contraste, los judíos, milenariamente perseguidos, después del genocidio del Holocausto nazi no olvidaron ni quieren olvidar la Shoah, y para ello crearon los Museos de la Memoria. No lo hicieron por odio o venganza, sino para no olvidar y como pedagogía para no repetir esos horrores.

La película plantea magistralmente esta compleja problemática en una historia sencilla que gira en torno a unos pocos personajes: el torturador, su familia y cuatro de sus víctimas. La trama transcurre en el Irán teocrático actual, una dictadura político-religiosa en una sociedad que, como muchas de nuestras naciones latinoamericanas, se encuentra a medio camino entre la modernidad y el medievo; entre el desarrollo y el subdesarrollo, y entre democracias precarias y feroces dictaduras.

Esta obra resulta muy oportuna en Venezuela, donde estamos intentando salir de una larga dictadura y se mantiene en discusión una Ley de Amnistía que plantea, más que justicia, equidad y reparación, el "perdón y el olvido". No se quiere odio ni venganza, pero sí una recta aplicación de la ley y minimizar la impunidad para que no se repitan las atrocidades cometidas. Nunca una película fue más oportuna para educarnos a todos, tanto a víctimas como a victimarios.

 

Ángel Lombardi

PRESOS POLITICOS. LIBERTAD INMEDIATA

 Un aporte importante del filósofo Giorgio Agamben, que es muy apropiado para entender la situación y condición del "preso político", es aquel que está preso sin haber cometido ningún delito. En este escenario, un sistema político dictatorial lo convierte en un "delicuente legalmente encarcelado" cuando las autoridades competentes —policías, fiscalía, tribunales y jueces—, cooptados por venalidad o corrupción, siguen las órdenes arbitrarias del poder dominante o dictatorial.

Precisamente, se califica de "preso político" a los perseguidos y encarcelados por sus ideas críticas al poder dominante. Esto constituye una violación a un derecho humano fundamental como es la libertad de pensamiento y opinión, además de ser un derecho garantizado por la Constitución. Esta realidad se ve agravada por el "modo" en que son apresados y tratados, las condiciones carcelarias infamantes y las diversas modalidades de tortura que se les aplican. Todo lo anterior son sobrados motivos para la liberación plena y total de todos los presos políticos.

Si no hay libertad inmediata de todos los presos políticos, la injusticia continúa. La señal política inequívoca es que el poder sigue siendo dictatorial y la aplicación de la ley, arbitraria e injusta. Igualmente llama la atención, de manera negativa, cómo la Fiscalía y el Poder Judicial siguen bajo la dirección de los mismos que ejecutaron la persecución judicial con fines políticos.

Como prueba irrefutable de esta situación, queda la aceptación explícita de parte del régimen de la existencia de "presos políticos". A esto se suman las múltiples denuncias hechas en su momento, con pruebas contundentes, por familiares y entes especializados nacionales e internacionales que ratifican la naturaleza de esta crisis institucional.

Ángel Lombardi

martes, 10 de febrero de 2026

UN SHERIFF EN WASHINGTON AÑO I

 Donald Trump cumplió un año de su segundo mandato como presidente. Como era previsible, se presentó desde el primer momento con mucho ruido, muchas cámaras, agresivo y prepotente.

En este primer año, ha invocado 9 leyes de "emergencia nacional" para acrecentar sus poderes personales y los ha aprovechado al máximo. Ha acometido, con su política inmigratoria, una verdadera "limpieza étnica" con dos poderosos instrumentos policiales represivos: la Border Patrol (policía de fronteras) y la recién creada ICE, cuya novedad es actuar encapuchados y con mucha agresividad. Algunos opinan —yo también— que ICE es una versión trumpiana de la Gestapo hitleriana.

Sin ningún rubor, anunció que Canadá y Groenlandia deberían ser parte de Estados Unidos; ahora parece que quiere agregar a Venezuela "de facto". Desarrolló una política de aranceles, obviando al Congreso, que envenenó las relaciones comerciales con muchos países y obligó a algunos a mirar hacia China y perder confianza en los Estados Unidos.

En política exterior, parece aceptar el hecho de que el mundo es tripolar, con China y Rusia, sin renunciar a la primacía global de Estados Unidos. En Medio Oriente mantuvo el tradicional apoyo a Israel y consolidó sus alianzas con las monarquías sunitas del Golfo, en particular Arabia Saudita, y parece que va a lograr convertir a Gaza en un balneario de lujo.

En Ucrania no le ha ido nada bien; al contrario, la guerra continúa y Trump se ha enajenado la cercanía política con los europeos. En noviembre del 2025, publicó la nueva doctrina de Seguridad Nacional: actualiza la doctrina Monroe de 1823 y se reserva para Estados Unidos la hegemonía en todo el continente americano. Ha actuado en consecuencia en el Caribe con una poderosa flota, y reafirma el control de Panamá y el Canal.

Interviene militarmente en Venezuela y establece de "hecho" un protectorado, con control total sobre el petróleo, el oro, etc. Hecho repudiable, pero que ha contentado a la mayoría de los venezolanos porque nos restituye un horizonte de oportunidades para recuperar el país en todos los aspectos, destacando la democracia y la prosperidad; proceso en curso y que confiemos que termine bien.

Trump es un personaje polémico —a mí no me simpatiza en absoluto—, acostumbrado al escándalo, y hoy uno grande lo amenaza: los archivos Epstein. Su popularidad ha bajado a un 40%, lo que amenaza con que pueda perder las elecciones de medio término en noviembre de este año. De ser así, pueden iniciar un juicio de destitución o, por lo menos, limitar fuertemente su autoritarismo.

Como sea, en un año de su mandato, la economía del país no está bien: hay un proceso moderado inflacionario, la deuda pública aumentó, el dólar se debilita, los Estados Unidos de Trump están bastante desprestigiados y la conflictividad interna en aumento. Mientras, Donaldo I se compara con Washington y Lincoln y, como buen megalómano-narcisista, no ve la realidad como es, sino como él piensa que es; pero no ha perdido el sentido de los negocios y su fortuna personal y familiar se ha multiplicado.

Ángel Lombardi

sábado, 7 de febrero de 2026

¿POR QUÉ LA DEMOCRACIA?

 Porque de todos los sistemas políticos conocidos en la historia, es el que mejor garantiza la convivencia humana, el respeto a los Derechos Humanos, la pluralidad individual y cultural, la libertad de pensamiento, opinión y participación y la posibilidad real de cambiar gobernantes y gobiernos e intentar progresar, todos juntos, y aminorar las desigualdades existentes.

La democracia no solo es un sistema político, es una conquista cultural y civilizatoria. Los venezolanos deberíamos haber aprendido esta lección y allí está nuestra historia de la República para demostrarlo, y particularmente en este medio siglo largo transcurrido. En Venezuela la palabra "revolución" nunca ha pasado de ser una "narrativa" en la lucha por el poder y la riqueza. El camino más corto y fácil para el poder político, la riqueza y el ascenso social ha sido "la política".

Lo fue en el siglo XIX, lo fue en el XX y lo ha sido en este siglo XXI que corre. Las "oligarquías del dinero" las llamó Domingo Alberto Rangel. Cada régimen y gobierno "crea" sus "nuevos ricos". Otra "narrativa" propaganda para engañar y crear mitos es aquello de que "el petróleo es del pueblo". El petróleo es del Estado por ley colonial que Bolívar ratificó y la República ha mantenido. Pero el petróleo, para que llegue al "pueblo", tiene que extraerse, producirse, comercializarse y "administrarse".

Y para que eso suceda de manera eficiente y real, el país tiene que prepararse para ello; y en Venezuela lo hicimos como sociedad desde 1936 en adelante, en 1943 con la Ley de Hidrocarburos y, a partir de 1958, de manera exitosa. Esto se interrumpió de forma dramática en el 2002 y 2003 con el "pitazo" de Chávez y la PDVSA "roja-rojita" de Ramírez. Sin memoria y sin crítica y autocrítica, un país no avanza. Y hoy, después de lo acontecido el 3 de enero, "descubrimos" que hay que asociarse con el capital privado y las transnacionales y, fundamentalmente, con los intereses geopolíticos del "imperio" hegemón en nuestro continente.

La "realidad-real" siempre llega, de una u otra forma, como llegan las enfermedades que a cada uno nos tocan por genética, hábitos y condición mortal. Pudiera seguir, ad infinitum, con situaciones y experiencias que nuestra historia contiene de liderazgos mesiánicos, providencialismo político, extravíos colectivos, mitologías y "narrativas" falsas; pero al final, el pasado solo es útil como pedagogía y aprendizaje. Lo importante es el presente y el futuro, y allí es donde deberíamos centrarnos: qué hacer como sociedad, cada quien y cada uno con sus responsabilidades propias.

Sin esperar "milagros", sin indiferencias, sin pasividad, sin apresuramientos impropios, sin complicidades, sin demasiada lentitud. El "cambio" el país lo quiere y lo necesita; nos obliga a todos "a la política" con un objetivo preciso: la recuperación democrática del sistema político. Despartidizar los poderes públicos y las instituciones. "Devolverle" la soberanía nacional a su legítimo poseedor y representante, "el pueblo"; pero no el "pueblo" del partido, ni el "pueblo-cliente", ni el "pueblo" del mesías, sino el pueblo que somos todos: un pueblo de ciudadanos que expresen y representen todos los intereses. Un pueblo que viva sin amenazas ni temor y miedo a pensar, expresarse, votar, disentir, etc.

De allí la importancia de un "paso político" que no termina de darse: la libertad plena y absoluta de todos los presos políticos, el retorno de los exiliados, "devolverle" las siglas partidistas a sus legítimos representantes, que termine la censura y la autocensura, que cesen las amenazas y que no se reprima ninguna manifestación pacífica. Y aquí, algo muy importante: a las fuerzas armadas y policiales, ayuden a reconciliar a los venezolanos; ustedes son importantes y necesarios como institución no partidizada, al servicio de todos los venezolanos. Sirven a la patria común, no a una persona, no a un partido ni a un régimen.

Sus funciones están en la Constitución. Garantizar la soberanía nacional territorial; allí hay mucho que hacer pendiente. Para todo lo anterior, es muy importante que todos "leamos" bien lo que viene sucediendo a partir del 3 de enero. Son hechos no deseados, pero cumplidos, que nos obligan más que nunca a la "unidad nacional", pero no la unidad tonta de los "discursos y buenas intenciones", sino a la unidad funcional de una transición democrática en donde todos tenemos que hacer concesiones en función de un bien mayor: "el interés nacional".

Para ello hay que crear las condiciones para un proceso electoral libre y transparente, y que la soberanía popular se exprese y decida y defina el próximo gobierno. La tarea no es fácil, es ardua; pero la democracia y nuestro futuro no van a ser otorgados desde afuera, tenemos que construirla nosotros mismos como una sociedad que ha aprendido de sus errores. De no ser así, seguiremos en el tiempo sin tiempo del eterno retorno a nosotros mismos: la culebra que se muerde la cola y se empeña en devorarse a sí misma.

 

Ángel Lombardi

sábado, 17 de enero de 2026

TRIPOLARIDAD

 Nada de lo que ocurre en el mundo puede ser entendido totalmente si no lo enmarcamos en una visión geopolítica global. Toda acción o movimiento geopolítico responde a intereses muy concretos, más allá de ideologías y retóricas de propaganda.

En el caso de Venezuela, Estados Unidos está desarrollando su estrategia de control hemisférico frente a China, Rusia, Irán y cualquier otro país o gobierno que considere rival o adversario. El régimen venezolano, al dejar puerta franca a China, Rusia e Irán, tarde o temprano iba a encontrarse en la línea de fuego entre estos rivales estratégicos, y así ha sucedido.

China, con su penetración económica; Rusia, con su influencia militar; e Irán, presunto financista y articulador del terrorismo extremista islámico —con Cuba como “operador” e intermediario— han configurado una presencia que inevitablemente genera tensiones.

El problema llega a la situación actual porque, en curso, las tres potencias están discutiendo sus relaciones geopolíticas, es decir, sus zonas de influencia para los próximos años. Trump y Putin lo están haciendo con el problema de Ucrania y las relaciones con Europa. Y en abril está prevista una reunión en China entre Trump y Xi Jinping, como culminación de las negociaciones en curso entre ambas potencias, cuyas economías están tan interconectadas que ambas se necesitan.

Los chinos tienen el control de las tierras raras, y Estados Unidos mantiene el control de los pasos vitales del comercio mundial y, parcialmente, del petróleo del Medio Oriente y ahora del de Venezuela. En caso de reabrirse el conflicto con Irán —algo muy probable— el suministro de petróleo a China quedaría comprometido, y Rusia no tiene la capacidad para cubrirlo.

Y aquí es donde nuestro petróleo y otros recursos —oro, tierras raras, etc.— bajo control de Estados Unidos se convierten en un elemento adicional de negociación frente a China, al mismo tiempo que “frenan” la influencia de los tres países adversarios citados. Estados Unidos, en su doctrina de Seguridad Nacional publicada en diciembre de 2025, no disimula su política de control de las Américas, Caribe y Groenlandia incluidas.

No simpatizo con Trump ni con sus políticas, y rechazo su agresión a Venezuela, pero la realidad casi nunca es como uno quiere que sea.

Ángel Lombardi

DEMOGRAFÍA, INMIGRANTES, MIEDO Y CAMBIO

 Elon Musk, en X —de la cual es propietario— tiene más de 230 millones de seguidores, lo que indica que es una voz escuchada. Además, su figura pública, que él cultiva, tiene proyección mundial e influencia indudable.

No sé si los tuits los escribe personalmente o si lo hace un equipo, pero los temas que aborda merecen atención. Ninguna opinión es inocente, y siempre cabe preguntarse cuál es la intención detrás de cada opinión que damos. Una opinión no es ciencia, ni mucho menos la verdad.

Musk se ha referido al tema migratorio y demográfico y, en sus planteamientos, refleja una preocupación por la inmigración ilegal y por la procedencia étnico‑cultural de muchos de los migrantes. Que un Estado Nacional controle sus fronteras no está en discusión; la pregunta importante es cómo entran y quién o quiénes los dejan entrar.

Son los propios gobiernos y empresarios —ávidos de mano de obra barata, y de técnicos y profesionales cuya formación no pagaron— quienes los “apetecen” y facilitan su entrada, legal e ilegalmente; preferentemente esto último, porque facilita su explotación laboral. Pero cuando el país receptor y cómplice, por codicia, empieza a tener problemas internos, económicos, políticos o de cualquier tipo, entonces el inmigrante —en particular si es de cierto color— se convierte en el problema, en “el enemigo interior”.
Por estos lados decimos “el paganini”.

Yo lo llamo hipocresía política y empresarial; o, para ser más crudo y directo, “nazismo o método Hitler”. Creo que es lo que está ocurriendo en Estados Unidos y en algunos países europeos.

En cuanto a la demografía: usted viene de un país, Sudáfrica, que inventó el funesto apartheid, donde una minoría blanca —al final, unos 8 millones de personas— dominaba, explotaba y excluía a 22 millones de nativos negros de diversas etnias. Al final, se impuso la realidad real, y ahora a Sudáfrica la gobiernan esos “negros”.

Me pregunto maliciosamente: ¿no será este el peligro que están viendo los grupos dominantes frente al aluvión migratorio que necesitan para explotar, pero que, si siguen creciendo, en algún momento les discutirá el poder y, eventualmente, les quitará o arrebatará ese poder?

Con las drogas pasa igual: se consumen allá y el dinero termina allá, pero la culpa está acá. Lo mismo ocurre con la desindustrialización de Estados Unidos: sus empresas se mudaron a países de mano de obra barata, leyes laxas y gobiernos corruptos que facilitaban “buenos negocios”, y tenían grandes mercados emergentes de potenciales consumidores: millones y millones de personas. Y ahora se quejan de que Estados Unidos, que en 1945 era una potencia manufacturera con el 50% de la producción mundial, hoy apenas representa el 5%.

Sus empresarios buscaron buenos y rápidos negocios, y ahora viene este personaje a decirle al mundo que los han estafado esos pueblos “malos”, de colores diversos.

Menos mal que el mundo está cambiando, y cada vez hay más personas, en todas las latitudes, que saben quién es quién.

Ángel Lombardi