sábado, 16 de mayo de 2026

LAS GUERRAS EN UCRANIA E IRÁN Y EL RIESGO DE USAR ARMAS NUCLEARES

 El riesgo de utilizar armas nucleares no es una especulación; expertos muy serios y acreditados así lo advierten. Ambos conflictos representan guerras abiertas: la de Ucrania se encamina hacia su quinto año y la de Irán continúa desarrollándose de manera intermitente. En Ucrania, Rusia —una superpotencia atómica— no puede permitirse perder la guerra y, de hecho, la está ganando mediante el despojo territorial y marítimo de casi un 25 % del territorio ucraniano y el 80 % de su única costa sobre el Mar Negro. A esto se suma la destrucción de infraestructuras y una pérdida demográfica en el país de casi el 50 % desde 1991, provocada tanto por el conflicto como por la emigración masiva.

La resistencia ucraniana es sostenida por los europeos y, de forma parcial en esta etapa de la administración de Trump, por los Estados Unidos. No obstante, Rusia mantiene sus líneas rojas y existen fuertes presiones internas para el uso de armas nucleares tácticas con el fin de poner término definitivo a la guerra. Por otro lado, en Israel —también potencia nuclear— existe una presión similar para emplear este arsenal y doblegar a Irán, mientras este último resiste y mantiene un cierre parcial del estrecho de Ormuz, un paso vital para el comercio mundial, particularmente de petróleo, gas y fertilizantes.

En Estados Unidos esta guerra resulta sumamente impopular y, aunque Trump pareciera no tener una estrategia definida, tampoco puede permitirse ser humillado por Irán. Para Israel, el conflicto posee un carácter existencial ante la posibilidad de que el régimen iraní llegue a poseer un arsenal nuclear en el futuro. Por todas estas razones se advierte un peligro latente en ambos escenarios; mientras más se prolonguen los enfrentamientos, el riesgo atómico se potenciará de manera inevitable.

Ambas guerras han comenzado a afectar la economía global, con un impacto acentuado por el conflicto en Irán, lo que ya genera debates en torno a la recesión, la contracción económica, la inflación y el desempleo. Ningún país está exento de sufrir las consecuencias directas, afectando especialmente a los principales importadores de petróleo iraní como China, India, Japón y Corea del Sur. Asimismo, la crisis en el sector de los fertilizantes amenaza con golpear gravemente la producción mundial de alimentos. De allí surge la tentación de recurrir al armamento nuclear para forzar el fin de las hostilidades, una acción que sentaría un precedente sumamente peligroso y serviría de estímulo para aquellas naciones que aún no poseen estas armas o que están en vías de desarrollarlas.

Ángel Lombardi

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