El riesgo de utilizar armas nucleares no es una especulación; expertos muy serios y acreditados así lo advierten. Ambos conflictos representan guerras abiertas: la de Ucrania se encamina hacia su quinto año y la de Irán continúa desarrollándose de manera intermitente. En Ucrania, Rusia —una superpotencia atómica— no puede permitirse perder la guerra y, de hecho, la está ganando mediante el despojo territorial y marítimo de casi un 25 % del territorio ucraniano y el 80 % de su única costa sobre el Mar Negro. A esto se suma la destrucción de infraestructuras y una pérdida demográfica en el país de casi el 50 % desde 1991, provocada tanto por el conflicto como por la emigración masiva.
La resistencia ucraniana es sostenida por los europeos y, de
forma parcial en esta etapa de la administración de Trump, por los Estados
Unidos. No obstante, Rusia mantiene sus líneas rojas y existen fuertes
presiones internas para el uso de armas nucleares tácticas con el fin de poner
término definitivo a la guerra. Por otro lado, en Israel —también potencia
nuclear— existe una presión similar para emplear este arsenal y doblegar a
Irán, mientras este último resiste y mantiene un cierre parcial del estrecho de
Ormuz, un paso vital para el comercio mundial, particularmente de petróleo, gas
y fertilizantes.
En Estados Unidos esta guerra resulta sumamente impopular y,
aunque Trump pareciera no tener una estrategia definida, tampoco puede
permitirse ser humillado por Irán. Para Israel, el conflicto posee un carácter
existencial ante la posibilidad de que el régimen iraní llegue a poseer un
arsenal nuclear en el futuro. Por todas estas razones se advierte un peligro
latente en ambos escenarios; mientras más se prolonguen los enfrentamientos, el
riesgo atómico se potenciará de manera inevitable.
Ambas guerras han comenzado a afectar la economía global,
con un impacto acentuado por el conflicto en Irán, lo que ya genera debates en
torno a la recesión, la contracción económica, la inflación y el desempleo.
Ningún país está exento de sufrir las consecuencias directas, afectando
especialmente a los principales importadores de petróleo iraní como China,
India, Japón y Corea del Sur. Asimismo, la crisis en el sector de los
fertilizantes amenaza con golpear gravemente la producción mundial de alimentos.
De allí surge la tentación de recurrir al armamento nuclear para forzar el fin
de las hostilidades, una acción que sentaría un precedente sumamente peligroso
y serviría de estímulo para aquellas naciones que aún no poseen estas armas o
que están en vías de desarrollarlas.
Ángel Lombardi
No hay comentarios:
Publicar un comentario