martes, 30 de junio de 2026

"Por ahora"

 El "por ahora" de Chávez, pronunciado una vez rendido tras el fallido golpe de Estado

del 4 de febrero de 1992, ha funcionado como un mantra en la narrativa y la mitología

chavista. Esta misma frase se rememoró cuando se le obligó a renunciar en el año

2002 y fue devuelto al poder tres días después por los mismos militares, liderados en

ese entonces por el general Baduel, quien posteriormente pagaría con cárcel y con su

propia vida. En estos días de tutela imperial, tras los acontecimientos del 3 de enero de

2026 y ante la sumisa obediencia del régimen, algunos sectores radicales del chavismo

han reclamado la inconsecuencia política e ideológica de sus dirigentes. La respuesta

pública dentro del propio chavismo ha sido recurrir nuevamente al "por ahora"; es decir,

argumentan que siguen siendo y pensando lo mismo, pero que la correlación de

fuerzas actual los obliga a una retirada táctica, tal como ocurrió en 1992 y en 2002.

Se trata de la clásica fórmula leninista y de la ciencia militar que dicta saber retirarse a

tiempo o avanzar dos pasos y retroceder uno cuando las circunstancias lo imponen;

una estrategia que el chavismo lleva tres décadas practicando con éxito. En el argot

criollo, esto se define como "pasar agachado": el arte del disimulo, hacerse el

desentendido y esperar el momento oportuno para arriesgar la jugada. Chávez lo

explicó varias veces citando a Ezequiel Zamora y la batalla de Santa Inés, aludiendo al

arte de engañar al enemigo para convertir una derrota en un triunfo cuando llegue el

momento. Este es el mensaje que hoy transmiten a sus militantes más radicales. Lo

grave es que muchos se lo están creyendo, y no sé si los estadounidenses

—engolosinados con el petróleo y los negocios— o el sector empresarial actúan bajo la

misma premisa, como si la economía y la política no estuvieran íntimamente

relacionadas. Se nota que no han leído a Lenin y su célebre frase: "Un capitalista es

capaz de venderte la soga con la que lo van a ahorcar".

A casi cinco meses de los hechos del 3 de enero, el chavismo sigue al mando y en el

gobierno de manera hegemónica. Mantiene la presidencia, las gobernaciones y las

alcaldías. Controla la Asamblea Nacional, que en este momento constituye el centro del

poder y del gobierno. Conserva el Poder Judicial y el aparato policial de coerción

intactos, mientras que el Poder Electoral y el estamento militar no registran cambios

significativos. Asimismo, tienen cooptados a los sectores económicos y a las cúpulas

empresariales, al tiempo que mantienen vigentes las llamadas "leyes del odio". Aunque

han cambiado algunos nombres, la correlación de los poderes internos permanece

inalterada. Se han sacrificado figuras particularmente rechazadas por la opinión

pública, como Tarek William Saab, los dos El Aissami y algunos otros, depositando

sobre ellos la carga total de las responsabilidades en materia de corrupción y

delincuencia. Les tocó, sin ser inocentes, el papel bíblico de los chivos expiatorios para

cargar con las culpas propias y ajenas. En esa misma línea se perfila el destino de

Nicolás Maduro, Cilia Flores, "Nicolasito" y otros tantos nombres sacrificables; de


hecho, cobra fuerza la hipótesis de que Maduro fue entregado, dado que los relevos se

han concentrado en su entorno más cercano.

No tengo ninguna duda sobre la progresiva mejoría económica del país. Sin embargo,

desde mi perspectiva, si en paralelo no avanzamos hacia una ruta democrática con

elecciones libres, gobernabilidad y cambios alternativos en todos los niveles, se corre el

riesgo de que la fórmula del "por ahora" les vuelva a funcionar. No subestimo la

inteligencia de la administración de Trump y menos la de Marco Rubio, quien conoce

muy bien quién es quién en Venezuela. No obstante, un imperio en crisis dentro de su

propia sociedad y desafiado por conflictos globales podría fácilmente conformarse con

la garantía del petróleo y otros negocios, olvidando que los venezolanos queremos

prosperidad pero también democracia. A Trump, en particular, no parece importarle la

felicidad de los venezolanos, a quienes ha denigrado de diversas maneras, además de

mantener un trato sumamente adverso hacia los migrantes que se encuentran en los

Estados Unidos. Es una lección elemental de la historia: los países no tienen amigos; a

cada nación le toca resolver sus propios problemas y forjar su propio destino.


Angel Lombardi

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