Donald Trump cumplió un año de su segundo mandato como presidente. Como era previsible, se presentó desde el primer momento con mucho ruido, muchas cámaras, agresivo y prepotente.
En este primer año, ha invocado 9 leyes de "emergencia
nacional" para acrecentar sus poderes personales y los ha aprovechado al
máximo. Ha acometido, con su política inmigratoria, una verdadera
"limpieza étnica" con dos poderosos instrumentos policiales
represivos: la Border Patrol (policía de fronteras) y la recién creada ICE,
cuya novedad es actuar encapuchados y con mucha agresividad. Algunos opinan —yo
también— que ICE es una versión trumpiana de la Gestapo hitleriana.
Sin ningún rubor, anunció que Canadá y Groenlandia deberían
ser parte de Estados Unidos; ahora parece que quiere agregar a Venezuela
"de facto". Desarrolló una política de aranceles, obviando al
Congreso, que envenenó las relaciones comerciales con muchos países y obligó a
algunos a mirar hacia China y perder confianza en los Estados Unidos.
En política exterior, parece aceptar el hecho de que el
mundo es tripolar, con China y Rusia, sin renunciar a la primacía global de
Estados Unidos. En Medio Oriente mantuvo el tradicional apoyo a Israel y
consolidó sus alianzas con las monarquías sunitas del Golfo, en particular
Arabia Saudita, y parece que va a lograr convertir a Gaza en un balneario de
lujo.
En Ucrania no le ha ido nada bien; al contrario, la guerra
continúa y Trump se ha enajenado la cercanía política con los europeos. En
noviembre del 2025, publicó la nueva doctrina de Seguridad Nacional: actualiza
la doctrina Monroe de 1823 y se reserva para Estados Unidos la hegemonía en
todo el continente americano. Ha actuado en consecuencia en el Caribe con una
poderosa flota, y reafirma el control de Panamá y el Canal.
Interviene militarmente en Venezuela y establece de
"hecho" un protectorado, con control total sobre el petróleo, el oro,
etc. Hecho repudiable, pero que ha contentado a la mayoría de los venezolanos
porque nos restituye un horizonte de oportunidades para recuperar el país en
todos los aspectos, destacando la democracia y la prosperidad; proceso en curso
y que confiemos que termine bien.
Trump es un personaje polémico —a mí no me simpatiza en
absoluto—, acostumbrado al escándalo, y hoy uno grande lo amenaza: los archivos
Epstein. Su popularidad ha bajado a un 40%, lo que amenaza con que pueda perder
las elecciones de medio término en noviembre de este año. De ser así, pueden
iniciar un juicio de destitución o, por lo menos, limitar fuertemente su
autoritarismo.
Como sea, en un año de su mandato, la economía del país no
está bien: hay un proceso moderado inflacionario, la deuda pública aumentó, el
dólar se debilita, los Estados Unidos de Trump están bastante desprestigiados y
la conflictividad interna en aumento. Mientras, Donaldo I se compara con
Washington y Lincoln y, como buen megalómano-narcisista, no ve la realidad como
es, sino como él piensa que es; pero no ha perdido el sentido de los negocios y
su fortuna personal y familiar se ha multiplicado.
Ángel Lombardi
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