viernes, 24 de octubre de 2025

Paz y Guerra

La paz es un bien inestimable y siempre apostaré a ella. Pero, lamentablemente, la historia enseña que la paz es un bien escaso en la historia de la humanidad, que el conflicto y la guerra siempre están allí, a la vuelta de la esquina.

Me alegra el alto al fuego en Gaza, pero la paz en la región está muy lejos todavía de lograrse.

En Israel sigue en el poder un gobierno belicoso y de raíces fundamentalistas, que quiere una victoria total. Y eso incluye como objetivo principal cambiar de régimen en Irán, según estos radicales, "la cabeza de la serpiente".

La impresión de expertos es que esta tesis es compartida por el gobierno de Trump y coincide con la estrategia de este de "la paz por la guerra o la paz por la fuerza", que de hecho Trump y su gobierno vienen implementando.

Primero, la presión o chantaje de la política de aranceles. Segundo, la amenaza directa militar creíble. Y en tercer lugar, la acción militar directa, puntual o masiva, según sea el caso. Tan brutal y maciza que evite un conflicto de larga duración.

En este escenario se ubica la región del Medio Oriente, región clave en términos geopolíticos, porque es el nudo o conexión neurálgica entre Asia, África, Europa y el punto de contacto del mayor volumen del comercio mundial marítimo Indo-Pacífico.

Mediterráneo-Atlántico, Mar Rojo-Golfo Pérsico, Canal de Suez y Mar Negro: vía principal para el abastecimiento energético y de mercancías de las principales economías del mundo, incluida China, India, Japón, Corea del Sur, Turquía y la propia Rusia, además del norte de África y Europa.

El escenario estratégico es una hegemonía militar de Estados Unidos e Israel y una alianza en la región con los países árabes sunitas, además de Egipto y Turquía.

Casualmente —que no es casualidad— todos los que están reunidos en estos días en Sharm el-Sheikh, en Egipto, incluido Pakistán, discuten el "plan de paz" en Gaza, que realmente es un proyecto geopolítico de intentar pacificar y estabilizar la región bajo la sombra de Estados Unidos y su brazo armado local, Israel.

Que se logre o no, y en qué plazo, nadie lo sabe, dadas las complejidades presentes y los imponderables propios de la historia.

Mientras tanto, en Ucrania y en la relación entre Estados Unidos y Rusia, y entre Rusia y Europa, sigue su propia dinámica regional. Es un tablero de ajedrez y el "juego" en permanente movimiento, mientras los medios, día a día, nos informan y desinforman, hablando del árbol o del hecho particular, mientras se nos esconde o disimula el "incendio" del bosque global.

Y esta es la importancia y necesidad de la visión y el análisis histórico y geopolítico.

En esta perspectiva, también nuestro subcontinente al sur de Estados Unidos está en movimiento, y de allí los "juegos de guerra" del imperio en el Caribe, que nos afectan directamente.

El gobierno de Trump no quiere gobiernos hostiles en su entorno más inmediato, y menos presencia rusa y china o de cualquier otro rival imperial.

Por el lenguaje que se viene usando, la "paz por la guerra" permite presumir acontecimientos probables, pero de eso nadie lo sabe con certeza… hasta que ocurran. Si van a ocurrir.

Y está el agregado adicional en estas problemáticas con efectos o repercusiones globales: la profunda crisis interna que se está viviendo en la propia sociedad de los Estados Unidos. Una crisis cultural y de identidad que viene fracturando a ese país, y que algunos —pocos todavía— hablan hasta del riesgo de una guerra civil, dado el carácter mesiánico e impredecible de Trump, cuya reelección, con 77 millones de votos, expresa el sentimiento más racista y xenófobo de esa sociedad.

El cambio demográfico y cultural en curso, desde hace más de tres décadas, cuya representación política es el llamado movimiento MAGA.

Tiempos nublados, sin lugar a dudas. Pero sin abandonar la esperanza de un mundo mejor y más pacífico.

Como está escrito en el escudo de nuestra Alma Mater, la Universidad del Zulia (LUZ): Post Nubila Phoebus "Después de las nubes, el sol."

 Angel Lombardi

miércoles, 15 de octubre de 2025

ENTENDER EL CAMBIO MUNDIAL

 Para comenzar, hay que mirar con atención el "NUEVO" MAPAMUNDI. Europa ya no es el CENTRO de la Historia. El "eurocentrismo" queda como historia del pasado; la llamada historia universal se ha desplazado ya a Asia, concretamente al todavía llamado "lejano oriente".

En Asia se concentra la mayor parte de la población mundial, las manufacturas del mundo, recursos naturales importantes y el mayor dinamismo tecnológico. Cuando digo Asia, no piensen solo en China; allí están Rusia, India, Japón, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Australia, Indonesia, toda Asia, incluida la que seguimos llamando Asia Central y Medio Oriente o Cercano Oriente, es decir, Pakistán, Irán, Turquía, Israel y los llamados países del Golfo petrolero.

En la misma perspectiva de "novedad" está el Continente Americano en su totalidad: la primera potencia mundial todavía, y por ahora, los Estados Unidos y NOSOTROS, este multiforme subcontinente que simplificamos al llamarlo indebidamente AMÉRICA LATINA o LATINOAMÉRICA, invento francés del siglo XIX y que han popularizado los medios de comunicación y el uso.

La AMÉRICA NO ESTADOUNIDENSE es heterogénea y multiforme, que el pensamiento infantil de la ignorancia se empeña en seguir generalizando y no identificar en sus particularidades.

El futuro ya llegó y está en acelerado desarrollo, y como siempre ha sucedido en la historia, unos países lideran desde la locomotora educativa, tecno-científica, económica, social, política y geopolítica. Otros países van en la primera, segunda, tercera locomotora y otros muchos en los vagones y furgones de cola. Cada lector puede hacer su lista y ubicación, de acuerdo a su gusto.

La historia es CAMBIO por definición; lo que sucede es que hay tiempos "rápidos" y tiempos "lentos". La historia es continuidad y, cada tanto tiempo, ocurren "discontinuidades". La historia es caos y orden, orden y caos, estabilidad y crisis, y viceversa. Esto no funciona sincrónicamente, sino de manera asincrónica, y así, cada país tiene sus "tiempos", y el orden geopolítico global, igual.

Hoy estamos en esas dinámicas o procesos, de duración indefinida, de crisis y cambio, en el caso nuestro a nivel interno y de crisis global, cuyo año marcante político fue 1991, con el colapso o "suicidio" de la Unión Soviética (URSS) o Rusia Comunista.

A ello agréguese, en los últimos 50 años, la China actual como potencia desafiante a la primacía de Estados Unidos, y lo que podríamos llamar la profunda crisis de identidad que viene dándose en la sociedad norteamericana desde hace, por lo menos, 30 años.

Estamos en pleno reacomodo global geoeconómico y geopolítico; su duración y características no son previsibles. Profetizar es de necios, decía Kant.

El riesgo de conflictos es alto; ya los estamos viviendo: unos ciento ochenta en curso en los últimos treinta años, con diez millones de víctimas en su conjunto, sin tomar en cuenta la invasión de Rusia a Ucrania, el conflicto palestino-israelí, el genocidio en Gaza y los martirizados cristianos en algunos países de África.

Para entender este complejo proceso de DES(ORDEN) mundial, que va a cubrir buena parte del siglo XXI, hay que abandonar buena parte de nuestras teorías, ideologías, ideas y perspectivas al uso, nuestras "trampas o jaulas mentales", incluidos nuestros prejuicios y preconceptos, alimentados por la costumbre y la pereza o incapacidad de ver y pensar las novedades sociales, económicas, políticas, culturales. Y que novedad no significa ni moda ni la noticia-escándalo del día.

Desaprender para aprender: ese es nuestro desafío educativo, a nivel personal y colectivo. El mundo está cambiando, lo que nos obliga al cambio de perspectiva y mente abierta. Hay que "agiornarse", porque somos historia y estamos en la historia, hasta el último aliento o, cuando menos, mientras nuestra salud mental lo permita.

Ángel Lombardi Lombardi