Para tratar de entender a nuestro país en el 2026 hay que renunciar a toda teoría y remitirse a lo fáctico. Trump repite que el 3 de enero fue una "guerra" y que el ganador se lo lleva todo. La "extracción" de Maduro ha creado la sospecha generalizada de que fue entregado, por lo fácil de la operación y porque su gobierno sigue. La gran mayoría respaldó la acción porque Maduro era ilegítimo y perpetró tremendo fraude para seguir en el poder; al mismo tiempo, hubo una gran decepción porque queda en la presidencia una encargada, nombrada por Maduro.
Estados Unidos, en función de ganador, establece un plan de
tres fases sin consultar a ningún venezolano: estabilización, apertura
petrolera y el impulso a la economía, y elecciones sin fecha y manteniendo a la
principal líder de la oposición fuera del país. Trump no se cansa de ensalzar a
la presidenta de facto, y se atreve a decir que los venezolanos no estamos
preparados para ir a unas elecciones. Marco Rubio insiste en que hay que
negociar entre gobierno y oposición, y le da la tarea a una comisión de la
Asamblea 2015.
Las estructuras represivas y personas responsables no han
sido tocados ni removidos. El aumento de los ingresos por petróleo y otros
rubros no termina de "bajar al pueblo": trabajadores, pensionados,
jubilados, infraestructura, servicios, electricidad, salud, educación, etc. Tenemos
un rumbo impuesto por Estados Unidos y no sabemos cuál es e ignoramos qué
sectores venezolanos están participando. No hay fechas ni información
suficiente.
Los partidos políticos andan de bajo perfil y no terminan de
asumir la "vocería nacional". En Venezuela siempre se ha simpatizado
con los Estados Unidos y trabajar juntos es beneficioso para ambos países. Pero
en lo personal no entiendo a Trump, empeñado en agredirnos y en que en nosotros
solo vea petróleo y negocios, cuando la mayoría queremos elecciones libres y no
tenemos problemas para seguir en una sociedad de beneficio mutuo.
Ángel Lombardi