domingo, 28 de octubre de 2012

Héroes de papel


Los procesos electorales y la política en general tienden a engendrar héroes de papel, hijos de la paja y del humo y de la política como espectáculo. El ser humano, en este caso, el elector, en su minoridad, ilusión e inmadurez, llega a creer que todo va a cambiar por su decisión y la de millones como él, a través del voto, uno de los grandes mitos de la modernidad, como si los procesos políticos no expresaran, intereses e influencias electorales que vienen de las profundidades de la sociedad. En nuestro país, sociedad de mentalidad mágica e ingenua, producto inequívoco de 100 años de renta petrolera y facilismo sin rendición de cuentas, ha creado una “élite” codiciosa e irresponsable y un “pueblo” pícaro y aprovechado (con esto no pretendo juzgar ni calificar personas, en la viña del señor hay de todo); sino categorizar conductas generalizadas. En este marco transcurre creo es 19 convocatoria electoral de la era chavista, período histriónico e irresponsable (una oclocracia cleptocrática), pero el drama es que de todo esto, no sólo es responsable un solo hombre, sino muchos, millones, cuyo silencio y complicidad cubren y arropan estos oscuros 14 años de insensatez y desvarío. Con la campaña electoral se pretende conjurar todo esto, con otros personajes y otras circunstancias, ojalá se logre, sin pagar el costo terrible de una crisis que me luce prolongada.
Entramos a un proceso de transición de dificultades crecientes pero si tenemos la sensatez del acuerdo nacional y se logra la necesaria gobernabilidad que pasa en primer lugar por el control de la inseguridad y el restablecimiento del estado de derecho, estoy seguro que en poco tiempo, de 1 a 2 años, el país recobraría su capacidad de crecimiento y confianza. Tenemos talento y recursos humanos para esto y ventajas geopolíticas y económicas de todo tipo. Es importante la confianza de cara al futuro, no solamente frente a un eventual triunfo de la oposición sino en la necesidad política de identificar al adversario no como enemigo sino como contraparte necesaria para la construcción de una democracia plural y así mismo entender de una vez por todas que los hombres de gobierno solamente son calificables desde su integridad y honestidad personal y su competencia técnica y profesional para intentar superar definitivamente esa larga y repetitiva historia nacional de los hombres y de los héroes de papel.

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