domingo, 9 de septiembre de 2012

Fin de un ciclo


No sé si el único e insustituible candidato del gobierno va a ser derrotado el 7 de Octubre, espero que sí, pero lo que percibo es que estamos en las postrimerías de un ciclo de un proyecto de poder, una elipsis de una ambición, que empezó auspicioso en 1992 y 20 años después luce agotado, envejecido, repetitivo y enfermo (y con ésto último no me refiero a su presunta enfermedad) sino a un régimen enfermo, indigestado de petrodólares y corrupción. A un gobierno fracasado y a una retórica ahogada en promesas. Desde cualquier punto que se mire Venezuela no está bien, cualquiera sea el indicador que tomemos. La prometida inclusión es un fracaso con 65 venezolanos de cada 100 obligados a la precariedad y riesgos de la economía informal. Las oportunidades educativas naufragan en la improvisación y la baja calidad de la educación, sin oportunidad de un empleo productivo y con la calidad de vida que la modernidad nos promete y ofrece. Carreteras, servicios en general y seguridad absolutamente deteriorados. En materia de soberanía, tan cacareada por el régimen, por su enfrentamiento verbal con el imperio, ha disimulado o escondido un entreguismo obsceno a otros intereses internacionales como si el capitalismo brasileño y ruso fuera diferente al capitalismo norteamericano y es vergonzante las relaciones con Irán y Bielorusia y lo que es absolutamente inaceptable es la relación incestuosa con Cuba, país que prácticamente ha copado todos nuestros niveles de funcionamiento y seguridad, empezando por la propia seguridad del presidente, así como instituciones estratégicas como las fuerzas armadas, registros y notarias, sistema nacional de identificación, puertos y aeropuertos, lo que nos permite decir que en la práctica hemos propiciado un ejercito de ocupación con características muy bien definidas y a la par nos hemos convertido en el sostén económico de un régimen fracasado como el cubano.
20 años es mucho tiempo, inclusive para una crisis de larga duración como la nuestra, que tiene que ver con el agotamiento del modelo rentista petrolero. El actual gobernante ya excedió o por lo menos igualó en tiempo e influencias a Páez, Guzmán Blanco, Crespo, Castro, Pérez Jiménez, sólo le falta alcanzar la larga tiranía de Gómez con sus 27 años de oprobioso poder. No creo que en pleno siglo XXI necesitemos otro Gómez. El pasado siempre muere aunque tienda a persistir convertido en fantasmas y demonios. Los pueblos soportan el pasado, por un tiempo, pero siempre terminan reconciliándose con el futuro.

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