sábado, 7 de febrero de 2026

¿POR QUÉ LA DEMOCRACIA?

 Porque de todos los sistemas políticos conocidos en la historia, es el que mejor garantiza la convivencia humana, el respeto a los Derechos Humanos, la pluralidad individual y cultural, la libertad de pensamiento, opinión y participación y la posibilidad real de cambiar gobernantes y gobiernos e intentar progresar, todos juntos, y aminorar las desigualdades existentes.

La democracia no solo es un sistema político, es una conquista cultural y civilizatoria. Los venezolanos deberíamos haber aprendido esta lección y allí está nuestra historia de la República para demostrarlo, y particularmente en este medio siglo largo transcurrido. En Venezuela la palabra "revolución" nunca ha pasado de ser una "narrativa" en la lucha por el poder y la riqueza. El camino más corto y fácil para el poder político, la riqueza y el ascenso social ha sido "la política".

Lo fue en el siglo XIX, lo fue en el XX y lo ha sido en este siglo XXI que corre. Las "oligarquías del dinero" las llamó Domingo Alberto Rangel. Cada régimen y gobierno "crea" sus "nuevos ricos". Otra "narrativa" propaganda para engañar y crear mitos es aquello de que "el petróleo es del pueblo". El petróleo es del Estado por ley colonial que Bolívar ratificó y la República ha mantenido. Pero el petróleo, para que llegue al "pueblo", tiene que extraerse, producirse, comercializarse y "administrarse".

Y para que eso suceda de manera eficiente y real, el país tiene que prepararse para ello; y en Venezuela lo hicimos como sociedad desde 1936 en adelante, en 1943 con la Ley de Hidrocarburos y, a partir de 1958, de manera exitosa. Esto se interrumpió de forma dramática en el 2002 y 2003 con el "pitazo" de Chávez y la PDVSA "roja-rojita" de Ramírez. Sin memoria y sin crítica y autocrítica, un país no avanza. Y hoy, después de lo acontecido el 3 de enero, "descubrimos" que hay que asociarse con el capital privado y las transnacionales y, fundamentalmente, con los intereses geopolíticos del "imperio" hegemón en nuestro continente.

La "realidad-real" siempre llega, de una u otra forma, como llegan las enfermedades que a cada uno nos tocan por genética, hábitos y condición mortal. Pudiera seguir, ad infinitum, con situaciones y experiencias que nuestra historia contiene de liderazgos mesiánicos, providencialismo político, extravíos colectivos, mitologías y "narrativas" falsas; pero al final, el pasado solo es útil como pedagogía y aprendizaje. Lo importante es el presente y el futuro, y allí es donde deberíamos centrarnos: qué hacer como sociedad, cada quien y cada uno con sus responsabilidades propias.

Sin esperar "milagros", sin indiferencias, sin pasividad, sin apresuramientos impropios, sin complicidades, sin demasiada lentitud. El "cambio" el país lo quiere y lo necesita; nos obliga a todos "a la política" con un objetivo preciso: la recuperación democrática del sistema político. Despartidizar los poderes públicos y las instituciones. "Devolverle" la soberanía nacional a su legítimo poseedor y representante, "el pueblo"; pero no el "pueblo" del partido, ni el "pueblo-cliente", ni el "pueblo" del mesías, sino el pueblo que somos todos: un pueblo de ciudadanos que expresen y representen todos los intereses. Un pueblo que viva sin amenazas ni temor y miedo a pensar, expresarse, votar, disentir, etc.

De allí la importancia de un "paso político" que no termina de darse: la libertad plena y absoluta de todos los presos políticos, el retorno de los exiliados, "devolverle" las siglas partidistas a sus legítimos representantes, que termine la censura y la autocensura, que cesen las amenazas y que no se reprima ninguna manifestación pacífica. Y aquí, algo muy importante: a las fuerzas armadas y policiales, ayuden a reconciliar a los venezolanos; ustedes son importantes y necesarios como institución no partidizada, al servicio de todos los venezolanos. Sirven a la patria común, no a una persona, no a un partido ni a un régimen.

Sus funciones están en la Constitución. Garantizar la soberanía nacional territorial; allí hay mucho que hacer pendiente. Para todo lo anterior, es muy importante que todos "leamos" bien lo que viene sucediendo a partir del 3 de enero. Son hechos no deseados, pero cumplidos, que nos obligan más que nunca a la "unidad nacional", pero no la unidad tonta de los "discursos y buenas intenciones", sino a la unidad funcional de una transición democrática en donde todos tenemos que hacer concesiones en función de un bien mayor: "el interés nacional".

Para ello hay que crear las condiciones para un proceso electoral libre y transparente, y que la soberanía popular se exprese y decida y defina el próximo gobierno. La tarea no es fácil, es ardua; pero la democracia y nuestro futuro no van a ser otorgados desde afuera, tenemos que construirla nosotros mismos como una sociedad que ha aprendido de sus errores. De no ser así, seguiremos en el tiempo sin tiempo del eterno retorno a nosotros mismos: la culebra que se muerde la cola y se empeña en devorarse a sí misma.

 

Ángel Lombardi