Esta frase la tomo de Teodoro Petkoff, quien, siendo ministro de Planificación del segundo gobierno de Rafael Caldera, la usó para explicar la situación del país en aquel momento y las medidas correctivas que se estaban tomando. Hoy la situación es muy diferente, pero la paradójica frase vuelve a aplicar.
"Estamos mal", sin lugar a dudas. Para la mayoría de la población nada ha cambiado en su cotidianidad. El ingreso de los trabajadores, pensionados y jubilados sigue siendo dramáticamente insuficiente, muy lejos de poder cubrir sus necesidades básicas. Los "apagones" siguen martirizando nuestro día a día, el racionamiento del agua persiste, y tanto el sistema público de salud como el educativo se mantienen sin variaciones. El sistema de servicios e infraestructura conserva su deplorable realidad, y la lista puede ser aún más larga.
Sin embargo, estamos mal pero hay un horizonte que empieza a "clarear" y es percibido por la inmensa mayoría con lo acaecido el 3 de enero: la "guerra de dos horas", según el decir de Mr. Trump. La captura o entrega de Maduro cambia radicalmente el panorama político y, de facto, Estados Unidos se convierte en "amo y señor" de nuestro inmediato futuro. La gran novedad es el hecho de que dejan al mismo gobierno para crear una transición o cambio hacia una posible recuperación democrática del país: deconstruir el régimen desde el mismo régimen con la incorporación progresiva de factores opositores. Es lo que han llamado el "plan de las tres fases", el cual hasta ahora les ha funcionado y cuenta con la simpatía de las élites políticas y económicas. El gobierno de facto —el que ya existía, mantenido por Estados Unidos— ha resultado un diligente y obediente colaborador, al igual que los sectores económicos y factores de poder.
El "plan" lleva ocho meses y su prioridad absoluta se ha centrado en la estabilidad y la economía, con particular énfasis en petróleo, gas y oro. Esto era previsible por las características de nuestro país en cuanto a reservas petroleras y otros recursos naturales, así como por el nuevo orden global y la prioridad que le ha dado Estados Unidos al Hemisferio Occidental —léase el continente americano, Groenlandia incluida—. Por un tiempo largo, Estados Unidos va a ser parte protagónica de nuestro devenir histórico. Hasta aquí la realidad de los hechos.
El "vamos bien" tiene que ver con las expectativas en la recuperación económica del país en un lapso de, por lo menos, un quinquenio. Sin embargo, falta por despejar las incertidumbres políticas en torno a la plena recuperación democrática del país: el ejercicio de la soberanía popular, las elecciones libres, las fechas fijadas y la legitimación de todos los poderes con el retorno a la legalidad constitucional. Aquí el escenario es móvil, complejo e imprevisible; el "árbitro" es el "tutor", cuyos intereses nacionales van a ser protegidos, sin que sepamos si también serán resguardados nuestros lícitos y propios intereses nacionales. De allí deriva la importancia y la responsabilidad de cada sector social, económico y político en la reconstrucción y recuperación del país.