sábado, 16 de mayo de 2026

NUEVO COMIENZO POLÍTICO

 La historia funciona por ciclos, al igual que la vida, y los ciclos políticos no son la excepción. El "chavismo" ya es pasado; hoy vive de una vida prestada por el imperio. El pueblo lo derrotó de manera abrumadora el 28 de julio de 2024, pero el sistema represivo permitió el fraude. Hoy por hoy, desprovistos de legitimidad, permanecen como representantes y colaboradores del gobierno de Trump. En este proceso, han tenido que arriar todas sus banderas ideológicas, siendo la principal el nacionalismo antiimperialista. Solo por ello, la historia no los absolverá. Tampoco lo hará por su flagrante y reiterado desprecio hacia los derechos humanos ni por la galopante corrupción que ha permitido crear una nueva burguesía, algo que, lamentablemente, no constituye ninguna novedad en la historia nacional. Cada dictadura, cada régimen y cada gobierno han creado sus propios "nuevos ricos", y el chavismo no ha sido la excepción.

Sin cambiar de naturaleza, el chavismo ha funcionado por etapas: Chávez y el "chavismo 1"; Maduro y el "chavismo 2"; y ahora, los Rodríguez-Cabello y el "chavismo 3". De igual forma, sus siglas fueron cambiando en el tiempo. El MBR-200 identificó la etapa golpista, el cual mutó al MVR apenas se convirtió en gobierno; finalmente, una vez consolidado el régimen, se identificaron como PSUV. Esta última transición representó toda una declaración ideológica y política de una "izquierda o progresismo" tercermundista, típica del siglo XX, cuyo mentor, ejemplo y modelo era el castrocomunismo cubano. Hoy, ambos modelos se encuentran en agonía terminal, pero el costo ha sido sumamente alto para ambos pueblos: destrucción en todos los órdenes y la emigración forzada de millones de personas. Ambos países han terminado en las garras del odiado imperio; aquí en Venezuela, tras los hechos del 3 de enero de 2026, y en Cuba, en cualquier momento. Las fantasías y las ilusiones, tanto individuales como colectivas, no perdonan; la vida y la historia reales siempre las alcanzan.

Este no es el fin de la historia. La vida y el devenir continúan, con nosotros o sin nosotros. El siglo XXI ya transcurre y estamos en él, pero paradójicamente no hemos llegado a él todavía. El chavismo, como movimiento anacrónico, nos quiso devolver al pasado: al mundo bárbaro de Maisanta, a la Guerra Fría de la fallecida Unión Soviética y a la peor versión de nosotros mismos. Nos arrastró de vuelta al país rentista, al del facilismo y la corrupción, al de la ostentación de los nuevos ricos y al olvido del pueblo. Esto obligó a la ciudadanía a emigrar, a vivir sin electricidad y sin agua, cada día más pobre, porque se le confiscó y negó el ingreso mínimo para una vida digna, arrebatándole el futuro y condenando a la mayoría a la supervivencia y a la desesperanza. Todo fue destruido: el sistema productivo, el sistema educativo y el sanitario; en todo retrocedimos. Por cierto, un sector del chavismo, en vez de optar por la autocrítica y la enmienda, busca un nuevo camuflaje promoviendo un grupo político bajo el irónico nombre de "Futuro".

La actual coyuntura abre una ventana de oportunidades, como señalan algunos politólogos, pero esa puerta implica un tiempo y un recorrido. Es una tarea política prioritaria transitar este camino con éxito democrático, lo que exige un liderazgo esclarecido y a la altura de las circunstancias. Asimismo, requiere de unas élites capaces de mirar más allá de sus intereses particulares y de una sociedad donde cada sector asuma su cuota de responsabilidad. Que la economía mejore está en el interés de todos nosotros, pero también en el del "tutor", con el riesgo de que este árbitro de la política nacional asuma que el país está bien solo porque ellos están ganando dinero. El pueblo no está bailando en las calles ni estamos en el Carnaval de Río; los problemas siguen allí y ninguno tendrá una solución satisfactoria si no logramos nacionalizar nuestro propio camino hacia la libertad, la democracia y el desarrollo.

Ángel Lombardi

LAS GUERRAS EN UCRANIA E IRÁN Y EL RIESGO DE USAR ARMAS NUCLEARES

 El riesgo de utilizar armas nucleares no es una especulación; expertos muy serios y acreditados así lo advierten. Ambos conflictos representan guerras abiertas: la de Ucrania se encamina hacia su quinto año y la de Irán continúa desarrollándose de manera intermitente. En Ucrania, Rusia —una superpotencia atómica— no puede permitirse perder la guerra y, de hecho, la está ganando mediante el despojo territorial y marítimo de casi un 25 % del territorio ucraniano y el 80 % de su única costa sobre el Mar Negro. A esto se suma la destrucción de infraestructuras y una pérdida demográfica en el país de casi el 50 % desde 1991, provocada tanto por el conflicto como por la emigración masiva.

La resistencia ucraniana es sostenida por los europeos y, de forma parcial en esta etapa de la administración de Trump, por los Estados Unidos. No obstante, Rusia mantiene sus líneas rojas y existen fuertes presiones internas para el uso de armas nucleares tácticas con el fin de poner término definitivo a la guerra. Por otro lado, en Israel —también potencia nuclear— existe una presión similar para emplear este arsenal y doblegar a Irán, mientras este último resiste y mantiene un cierre parcial del estrecho de Ormuz, un paso vital para el comercio mundial, particularmente de petróleo, gas y fertilizantes.

En Estados Unidos esta guerra resulta sumamente impopular y, aunque Trump pareciera no tener una estrategia definida, tampoco puede permitirse ser humillado por Irán. Para Israel, el conflicto posee un carácter existencial ante la posibilidad de que el régimen iraní llegue a poseer un arsenal nuclear en el futuro. Por todas estas razones se advierte un peligro latente en ambos escenarios; mientras más se prolonguen los enfrentamientos, el riesgo atómico se potenciará de manera inevitable.

Ambas guerras han comenzado a afectar la economía global, con un impacto acentuado por el conflicto en Irán, lo que ya genera debates en torno a la recesión, la contracción económica, la inflación y el desempleo. Ningún país está exento de sufrir las consecuencias directas, afectando especialmente a los principales importadores de petróleo iraní como China, India, Japón y Corea del Sur. Asimismo, la crisis en el sector de los fertilizantes amenaza con golpear gravemente la producción mundial de alimentos. De allí surge la tentación de recurrir al armamento nuclear para forzar el fin de las hostilidades, una acción que sentaría un precedente sumamente peligroso y serviría de estímulo para aquellas naciones que aún no poseen estas armas o que están en vías de desarrollarlas.

Ángel Lombardi

martes, 28 de abril de 2026

DE LA SUBLEVACIÓN DE LAS MASAS A LA DOMESTICACIÓN DE LAS MISMAS

 La "domesticación" de las masas y la "cancelación" del pensamiento crítico constituyen el gran proyecto totalitario en desarrollo en la sociedad del siglo XXI, independientemente del sistema político o la ideología imperante. Es la promesa tecnológica de los dueños del gran capital —el verdadero Big Brother— y del sistema financiero global; específicamente de la tecnocracia del monopolio comunicacional y tecnológico, apoyada en la Inteligencia Artificial y el manejo masivo de datos.

Este proceso se articula a través del control y la manipulación de la información, donde el uso de la desinformación, la propaganda y la "verdad alternativa" construida tecnológicamente dificultan cada día más el acceso a la realidad fehaciente. Se impone así un control del relato mediante la construcción de narrativas orientadas a confundir, crear falsas certezas y establecer patrones de consumo y pensamiento alineados, uniformes y unidimensionales.

En el ámbito académico, ya se observa el desmantelamiento del pensamiento humanista mediante la cancelación de cátedras y facultades que estimulen el juicio crítico. Uno de los profetas de esta era tecnológica y distópica, Elon Musk, ha sugerido que la formación universitaria es innecesaria frente a los oficios técnicos, perfilando una universidad funcional de bárbaros especializados y escuelas formadoras de conformistas y consumidores "felices".

A la par, las tecnologías de control y vigilancia han eliminado los espacios privados libres, aspirando incluso al uso de dispositivos injertados para monitorear acciones y pensamientos. La meta es la despersonalización y la uniformidad de ideas y conductas para hacernos previsibles, frágiles y manipulables. A esto se suma la inoculación de una cultura del miedo donde la realidad se presenta como una amenaza permanente; basta observar cómo las noticias convierten todo en un peligro potencial, incluso la salud, induciendo a una prevención constante aun cuando se está sano.

Bajo este esquema, la felicidad se transforma en una receta de predicadores, gurús y libros de autoayuda, mientras la ansiedad y la depresión se extienden como una epidemia o desembocan en el refugio fanático. El mal de nuestro tiempo es un sistema planificado para convertirnos en consumidores endeudados y personas sin criterio propio, donde toda disidencia es castigada, se aplaude el egoísmo y se premia al delincuente que alcanza el éxito a través del poder y el dinero.

 

Ángel Lombardi

EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

 De acuerdo con la nueva Doctrina de Seguridad Nacional publicada en noviembre de 2025, Estados Unidos ha definido sus áreas estratégicas de manera más directa. Con la declaración de su Secretario de Guerra, se delimita un espacio vital territorial donde, en términos de realismo político, todos los gobiernos de la región deben ser "amigos y socios" —por las buenas o por las malas— en todo el continente americano.

De manera más precisa, se define como área de interés vital para el imperio el territorio que comprende desde Alaska hasta la línea ecuatorial. Esto incluye a Canadá y Groenlandia; México, Centroamérica y el Caribe; y el norte de Sudamérica, abarcando a Venezuela, Colombia, Ecuador y las Guayanas. De esta forma, se empiezan a redefinir los "espacios imperiales" de esta nueva era de los tres imperios. Esta zona estratégica aspira a ser el equivalente al Mediterráneo para el antiguo Imperio Romano.

Esta reconfiguración le abre la puerta a China para anexionarse a Taiwán, mantener el control sobre el Tíbet y conservar su influencia en Nepal y Bután —vitales en su rivalidad estratégica con la India—, además de ejercer dominio sobre Mongolia, país de amortiguación frente a Rusia. Por su parte, Rusia consolida su posición en Ucrania, el Mar Negro, el Cáucaso y Asia Central. Estamos en pleno proceso de un nuevo reparto del mundo, con zonas de potenciales disputas y conflictos en procesos de balcanización, como el Cercano Oriente y, fundamentalmente, África.

Este proceso sustituye el orden mundial establecido en Yalta en 1946, que culminó formalmente en 1991 con el colapso de la Unión Soviética, y se redefine a partir del surgimiento de China como potencia rival (periodo 1973-2015) y la consolidación de la Rusia de Putin desde el año 2000. Como diría el poeta Walt Whitman: "La yerba crece, pero no la vemos crecer".

Europa, por su parte, queda por su cuenta frente a Rusia y tendrá que redefinir sus relaciones con los tres imperios y el resto del mundo. Su principal desafío es la unidad política: siguen siendo 27 Estados nacionales que, unidos, representan una potencia económica, tecnológica y pronto militar; pero desunidos, ningún país tiene el tamaño ni la demografía necesaria para encarar la tripolaridad del nuevo orden mundial en curso. En este escenario, la India mantiene un peso propio y Japón encara sus propios desafíos.

África es un continente vasto, complejo y fragmentado, marcado aún por el rezago a pesar de las grandes diferencias entre naciones. El resto del globo se divide en escenarios regionales con subpotencias en competencia: Alemania, Inglaterra y Francia en Europa; Israel, Turquía, Irán y Arabia Saudita en Medio Oriente; y Egipto, Argelia, Marruecos y Sudáfrica en el continente africano. A esto se suman los países con arsenal nuclear y aquellos con capacidad de obtenerlo. En este esquema, América Latina, como conjunto, desaparece como sujeto geopolítico.

El sur de Sudamérica se definirá, básicamente, por las relaciones entre Brasil y Argentina, siendo el primero una subpotencia de importancia global creciente debido a sus dimensiones. Como siempre, el mundo en sus dinámicas históricas y coyunturales es una complejidad en proceso donde nada es vaticinable con certeza. La incertidumbre y los conflictos inevitables nos acompañarán.

El riesgo nuclear permanecerá como una amenaza latente, al igual que los desafíos tecnológicos, los retos de la pobreza, la desigualdad, la problemática ambiental y la fragilidad de los sistemas políticos. La lucha por la paz y unas relaciones internacionales de respeto e intercambio pacífico seguirán siendo exigencias necesarias en esta nueva etapa de la humanidad. La historia sigue y estamos en ella; los tiempos cambian, pero la naturaleza humana permanece.


Ángel Lombardi