jueves, 16 de abril de 2026

El fanatismo religioso y la guerra entre Irán e Israel

 La crónica bélica contemporánea tiende a obviar factores fundamentales para el análisis geopolítico, como lo son la historia y la cultura. Contrariamente a lo que se afirma en la narrativa común, Irán e Israel fueron países que se reconocían diplomáticamente antes de 1979. La relación entre el pueblo persa y el pueblo hebreo es milenaria, remontándose a la época acadia-babilónica hace más de dos mil años a. C. De hecho, hasta 1979, en Irán vivían más de 150 mil judíos iraníes de muchas generaciones anteriores; una realidad que cambió drásticamente a partir de ese año, estimándose que actualmente solo permanecen en el país unos 10 mil.

El punto de inflexión fue la llegada al poder en 1979 del régimen teocrático de los Ayatolás. Este sistema, basado en un fundamentalismo chiita, desconoció la existencia del Estado de Israel e inició una campaña de hostilidad concretada mediante el apoyo a grupos como Hamás y Hezbollah. Por otro lado, el conflicto se potencia cuando en Israel llega al gobierno el radicalismo judío del partido religioso. Bajo la administración de Netanyahu, se convirtió en política de Estado la "neutralización" de Irán, por ser considerada la amenaza estratégica por excelencia para el Estado hebreo.

La desproporción entre ambas naciones es abismal en términos de territorio y población: Israel cuenta con menos de 10 millones de habitantes frente a los más de 90 millones de Irán. No obstante, en desarrollo, tecnología y poder militar, Israel supera a Irán, contando además con una capacidad nuclear que Irán aún no posee, pese a tener un programa en desarrollo. Al no compartir una frontera común —están separados por dos mil kilómetros— el conflicto se desarrolla principalmente en el espacio aéreo. En este escenario, Israel dependería críticamente del apoyo de Estados Unidos para sostener un enfrentamiento prolongado; sin embargo, la opinión pública estadounidense rechaza la guerra e Irán posee el "arma" del control sobre el Estrecho de Ormuz, cuyo impacto en la economía global sería devastador para Europa y el Lejano Oriente.

Tras casi un mes de intensos bombardeos mutuos, el temor principal es una escalada que precipite una crisis económica de grandes proporciones o la tentación de utilizar armas nucleares por parte de Israel, dado que el daño territorial que podría sufrir se le haga intolerable por su limitada geografía. Como suele decirse: las guerras se sabe cómo comienzan, pero nadie sabe cómo terminan. El ejemplo de Rusia y Putin, empantanados en una invasión a Ucrania que ya supera los cuatro años, es prueba del desgaste humano y económico que esto conlleva. La guerra entre Irán e Israel tiene múltiples causas e intereses en pugna, pero el fanatismo religioso en ambas partes agrega un ingrediente irracional y sumamente peligroso.

 Ángel Lombardi

 

sábado, 14 de marzo de 2026

EL "CHAVISMO" Y SU FRACASO HISTÓRICO

 El llamado "chavismo", por primera vez en su historia, ha perdido el norte político; por ello, está condenado al fracaso y, si se empecina en no entender la realidad fehaciente, a la extinción.

Chávez no fue un ideólogo: heredó a la anacrónica izquierda estalinista venezolana, la cual terminó de enterrarse cuando se amarró al tótem fidelista y al oportunismo castrista, peones del imperio soviético en territorios del hegemon gringo. El 3 de enero de 2026 los alcanzó la realidad geopolítica real, que es y sigue siendo global.

El drama es que su error estratégico de casi cuatro décadas arruinó al país y desmadró la vida de la mayoría. Ocurrió igual que con los cubanos, quienes, por la megalomanía de Castro y su incapacidad de entender la realidad nacional e internacional, confundieron ideología con religión y política. Se asumió el poder personal —nuestro tradicional caudillismo— y se acabó con Cuba; a la vista está el resultado.

Chávez lo copió en Venezuela y el castrismo perverso le alimentó el ego y el narcisismo a una persona inteligente e intuitiva, pero ignara y con carencias psíquicas evidentes. Su éxito político inicial y electoral se lo debió a dos manipuladores políticos experimentados, Miquilena y Rangel. Después del golpe de 2002, Chávez entendió que para sobrevivir necesitaba a los espías y represores castristas, e incorporar a los mandos militares en el gobierno y en el manejo de cuantiosos recursos. Con la tentación de la corrupción, el éxito en la creación de una "boliburguesía" resultó evidente.

Se mezclaron los mandos en las regiones militares y en el alto mando para evitar conspiraciones, además de ser tolerantes con las guerrillas colombianas, el narcotráfico y el crimen organizado. Esta fue la estructura de control y poder que heredó Maduro y, de manera inevitable, pasamos del autoritarismo a la dictadura, con un partido absolutamente clientelar y un paramilitarismo delincuencial.

Todo esto se quebró el 3 de enero por un acto de fuerza absoluto: vino el imperio y "mandó a parar" a un régimen imparable para la oposición democrática, a pesar de los muchos intentos y las víctimas. Esta es la apretada síntesis, en mi limitado juicio, del chavismo en el poder durante 27 años.

Ahora, el chavismo nostálgico suspira por los tiempos pasados. Sin gente, sin pueblo, huérfanos de liderazgo y divididos en lo que queda, repiten —todavía con poder— el nostálgico "por ahora", como un mantra del 4F-1992. El liderazgo chavista está profundamente dividido en dos estrategias: los "colaboracionistas", que buscan ganar tiempo, portarse bien con el imperio y "pasar agachados" para no quedar totalmente fuera de juego en la futura e inevitable reconfiguración del poder; y otros, más torpes o más coherentes, que no terminan de asimilar lo ocurrido el 3 de enero y "patalean" simbólicamente o, los más radicales, denuncian de frente la traición.

Estamos en días y meses de pleno desarrollo. La gran mayoría queremos un país democrático y próspero; priorizamos los derechos humanos, sociales y laborales. Entendemos que la economía necesita tiempo y condiciones, pero la expectativa general es positiva. Sin embargo, el hecho definitivo es devolverle a la soberanía popular la decisión electoral para legitimar todos los poderes y poder tener una democracia y un país con futuro.

El imperio, por un tiempo indeterminado, va a ser decisivo en los procesos en curso, en particular en la economía y en nuestro posicionamiento estratégico. Pero a los venezolanos, con el tiempo, nos toca decidir nuestro destino político y nacional. Estamos en una nueva etapa política con un chavismo disminuido y confundido, pero todavía con poder e influencia. No hay que subestimarlos ni agraviarlos innecesariamente, pero tampoco ignorar las responsabilidades en la represión y la corrupción. El momentum es delicado y precario, pero con una dinámica potencialmente positiva en todos los aspectos.

 

Ángel Lombardi

jueves, 19 de febrero de 2026

El torturador y sus víctimas

 



El torturador y sus víctimas podría haberse titulado esta excelente película iraní. También sería un título adecuado El odio, la venganza y el perdón, o simplemente Humano, demasiado humano. La historia universal y la historia de cada país registran en algún momento el hecho monstruoso de Caín asesinando a su hermano Abel; la existencia de victimarios y víctimas es tan frecuente y recurrente que casi siempre se trata de olvidar o borrar de la memoria.

Por eso algunos, de buena fe, quieren "borrar" el Helicoide. Convertido en centro comercial, cultural o deportivo, con el paso del tiempo —y una vez muertos quienes allí torturaban, maltrataban e igual sus víctimas— se condenaría al olvido en la memoria y consciencia colectiva a este emblemático centro del horror carcelario. En contraste, los judíos, milenariamente perseguidos, después del genocidio del Holocausto nazi no olvidaron ni quieren olvidar la Shoah, y para ello crearon los Museos de la Memoria. No lo hicieron por odio o venganza, sino para no olvidar y como pedagogía para no repetir esos horrores.

La película plantea magistralmente esta compleja problemática en una historia sencilla que gira en torno a unos pocos personajes: el torturador, su familia y cuatro de sus víctimas. La trama transcurre en el Irán teocrático actual, una dictadura político-religiosa en una sociedad que, como muchas de nuestras naciones latinoamericanas, se encuentra a medio camino entre la modernidad y el medievo; entre el desarrollo y el subdesarrollo, y entre democracias precarias y feroces dictaduras.

Esta obra resulta muy oportuna en Venezuela, donde estamos intentando salir de una larga dictadura y se mantiene en discusión una Ley de Amnistía que plantea, más que justicia, equidad y reparación, el "perdón y el olvido". No se quiere odio ni venganza, pero sí una recta aplicación de la ley y minimizar la impunidad para que no se repitan las atrocidades cometidas. Nunca una película fue más oportuna para educarnos a todos, tanto a víctimas como a victimarios.

 

Ángel Lombardi

PRESOS POLITICOS. LIBERTAD INMEDIATA

 Un aporte importante del filósofo Giorgio Agamben, que es muy apropiado para entender la situación y condición del "preso político", es aquel que está preso sin haber cometido ningún delito. En este escenario, un sistema político dictatorial lo convierte en un "delicuente legalmente encarcelado" cuando las autoridades competentes —policías, fiscalía, tribunales y jueces—, cooptados por venalidad o corrupción, siguen las órdenes arbitrarias del poder dominante o dictatorial.

Precisamente, se califica de "preso político" a los perseguidos y encarcelados por sus ideas críticas al poder dominante. Esto constituye una violación a un derecho humano fundamental como es la libertad de pensamiento y opinión, además de ser un derecho garantizado por la Constitución. Esta realidad se ve agravada por el "modo" en que son apresados y tratados, las condiciones carcelarias infamantes y las diversas modalidades de tortura que se les aplican. Todo lo anterior son sobrados motivos para la liberación plena y total de todos los presos políticos.

Si no hay libertad inmediata de todos los presos políticos, la injusticia continúa. La señal política inequívoca es que el poder sigue siendo dictatorial y la aplicación de la ley, arbitraria e injusta. Igualmente llama la atención, de manera negativa, cómo la Fiscalía y el Poder Judicial siguen bajo la dirección de los mismos que ejecutaron la persecución judicial con fines políticos.

Como prueba irrefutable de esta situación, queda la aceptación explícita de parte del régimen de la existencia de "presos políticos". A esto se suman las múltiples denuncias hechas en su momento, con pruebas contundentes, por familiares y entes especializados nacionales e internacionales que ratifican la naturaleza de esta crisis institucional.

Ángel Lombardi