En la jornada electoral del 26 de septiembre de 2010 se puso en evidencia, una vez más, la cultura democrática de nuestro pueblo que arraigó de manera definitiva en el siglo XX y particularmente después de los acontecimientos políticos que se derivaron del 18 de octubre de 1945 y del 23 de enero de 1958. El pueblo venezolano ha entendido de manera irreversible, firme e irrevocable, que su mejor destino político sólo puede desarrollarse en la medida que apuntalemos y fortalezcamos nuestro proyecto democrático sobre bases éticas y Constitucionales compartidas.
Venezuela está cansada de división y odios, quiere la reconciliación nacional y un gran acuerdo político que nos permita recuperar el futuro. La importante victoria electoral del 26 de septiembre tiene que ser asumida con humildad y como parte de un proceso unitario que culmina en el 2012. La Unidad es un imperativo que debe ser mantenida dentro del respeto de las diferencias y el pluralismo necesario.
La Asamblea Nacional recuperada para la política y el diálogo tiene que reasumir sus funciones Constitucionales de equilibrio y participación en la promulgación de leyes y en las contralorías necesarias.
A través de usted (diputado) me permito felicitar y reconocer el esfuerzo de muchos compatriotas que acompañaron y apoyaron el mismo, al fin de cuentas los triunfos siempre son colectivos y así es como tiene que ser asumido éste, sin menoscabo del reconocimiento personal que cada quien merezca y en este caso no nos cabe la menor duda de la importancia de su participación.
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viernes, 1 de octubre de 2010
sábado, 18 de septiembre de 2010
El futuro como incertidumbre
Vaticinar el futuro es una necesidad pero nadie renuncia a intentar anticiparlo. En el escenario político nacional el año en curso fue visualizado por Shimon Peres, presidente israelí, como el año del derrumbe de los gobiernos de Irán y Venezuela, quizás porque en su horizonte mental y en función de los intereses isralíes es de desear que esto suceda. En la misma dirección se pronunció la prestigiosa revista TIME quien pronosticó para este año la muerte del dictador cubano Fidel Castro y la caída de las dictaduras de Irán y Venezuela. En este intento por anticipar el futuro casi siempre lo que hacemos es proyectar nuestros deseos y de alguna manera asumimos unas probabilidades con cierto asidero en la realidad. En el caso venezolano, más allá de nuestras expectativas y deseos y más allá de los imponderables del escenario internacional y nacional lo único real y objetivo es el proceso electoral del 26 Septiembre para renovar la Asamblea Nacional, proceso electoral a través del cual las diversas oposiciones al actual gobierno y en general los descontentos con el mismo pudieran intentar cambiar la correlación de fuerzas existentes y por vía democrática frenar este insensato e irracional proyecto de poder autocrático en desarrollo franco hacia la dictadura abierta y un amenazante totalitarismo castrocomunista.
A los venezolanos de buena voluntad y en general a toda la sociedad en su conjunto no importa cuales sean sus intereses particulares no le queda otra alternativa pacífica y democrática que el voto y la vía electoral para proteger y garantizar el desarrollo de nuestra imperfecta democracia, la mejor herencia que nos dejó el siglo XX para encarar el futuro en la perspectiva de una sociedad recuperada en la convivencia y el respeto mutuo para reasumir plenamente la política como diálogo fecundo y concertación necesaria en un proyecto compartido de sociedad y país. La cifra mágica para la oposición es elegir por lo menos 56 diputados que rompan con la mayoría absoluta oficialista y obliguen al gobierno a negociar en el marco de la Constitución de allí que en la perspectiva de un optimismo razonable la oposición incluida la disidencia del chavismo pudiera aspirar entre 50 y 70 diputados, es una posibilidad real y ojala así lo entendamos una mayoría que en este momento tenemos la gran responsabilidad no de favorecer a un partido en particular sino proteger la democracia venezolana y el necesario equilibrio de poderes en donde el propio sector oficial tendría un importante papel a desempeñar.
A los venezolanos de buena voluntad y en general a toda la sociedad en su conjunto no importa cuales sean sus intereses particulares no le queda otra alternativa pacífica y democrática que el voto y la vía electoral para proteger y garantizar el desarrollo de nuestra imperfecta democracia, la mejor herencia que nos dejó el siglo XX para encarar el futuro en la perspectiva de una sociedad recuperada en la convivencia y el respeto mutuo para reasumir plenamente la política como diálogo fecundo y concertación necesaria en un proyecto compartido de sociedad y país. La cifra mágica para la oposición es elegir por lo menos 56 diputados que rompan con la mayoría absoluta oficialista y obliguen al gobierno a negociar en el marco de la Constitución de allí que en la perspectiva de un optimismo razonable la oposición incluida la disidencia del chavismo pudiera aspirar entre 50 y 70 diputados, es una posibilidad real y ojala así lo entendamos una mayoría que en este momento tenemos la gran responsabilidad no de favorecer a un partido en particular sino proteger la democracia venezolana y el necesario equilibrio de poderes en donde el propio sector oficial tendría un importante papel a desempeñar.
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