jueves, 19 de mayo de 2011

Y llegó el pasado

En 1908, el escritor José Vicente Romero con la caída de Cipriano Castro, defenestrado por Juan Vicente Gómez, compadre y vicepresidente exclamó: Se fue Atila, pero dejó el caballo. Algo parecido podríamos repetir con la llegada al poder en 1998 del actual presidente, con una prédica de futuro realmente nos estaba ofreciendo el pasado con su fuerte dosis de personalismo, militarismo y populismo. El país de finales del siglo XX lucía confundido y extraviado, en una crisis, cuyas causas se conocían: el rentismo petrolero y la corrupción, pero nadie se atrevía a denunciarlo y a comprometerse a combatir. Una sociedad satisfecha de sí misma, que se sentía diferente y mejor que el resto de sus vecinos y que creía que el desarrollo alcanzado era irreversible. Tres acontecimientos habían expresado en profundidad la radicalidad de nuestra crisis y que no terminábamos de entender y asumir: 1983, 1989 y 1992. La crisis económica, la crisis social y la crisis política. Casi 30 años después seguimos iguales o peor, una sociedad extraviada, confundida y en muchos casos cómplice, en un sistema de corrupción creciente. Agréguese el miedo a nuestra cotidianidad con una inseguridad creciente y la incertidumbre con respecto al futuro, con un gobierno después de 12 años, definitivamente fracasado que comienza como un proyecto de revolución liberadora y termina traicionada en sus postulados y posibilidades progresistas. Desde 1936, el país políticamente se había enrumbado desde un centro político prudente a un centro-izquierda necesario. El actual gobernante se asumió heredero de esta izquierda venezolana y latinoamericana y terminó estructurando un gobierno ineficaz y corrupto y en donde los soportes fundamentales siguen siendo la renta petrolera malversada y unos grupos de poder militares y civiles que configuran un nuevo grupo en el poder cada vez más aliados a los viejos sectores económicos y muy lejos de un gobierno del pueblo.
En 1935 al morir Juan Vicente Gómez, Laureano Vallenilla Lanz ideólogo del gomecismo y conocedor en profundidad de nuestra sociedad, desde París exclamó: ha muerto el gran loquero. Para significar que la Venezuela de la época solo era posible gobernarla desde la condición de una sociedad enferma y muy limitada en todo sentido y que necesitaba un César providencial para mantenerla bajo control. Hoy el mensaje pareciera ser el mismo, una sociedad extraviada y enferma y que sólo un César mesiánico puede gobernarla o por lo menos es lo que cree el presidente que es único, insustituible y necesario.

Nada con el pasado

No necesitamos justificar ni explicar la importancia del pasado, pero en la actual coyuntura electoral presidencial 2011-2012, la opinión pública pareciera inclinarse por una candidatura que se diferencie de las mal llamadas IV y V república, demasiado parecidas en sus insuficiencias y desviaciones y en particular en la corrupción dominante en ambos regímenes.
El perfil del candidato pareciera inclinarse por una persona relativamente joven y capaz de volver a convocar a la mayoría nacional en un proyecto de futuro compartido. El presidente en su afán reeleccionista luce agotado y repetitivo y para un creciente número de personas, tiende a ser percibido como pasado y una repetición de más de lo mismo.
La oposición está obligada a ser inteligente y realista, en la compleja y difícil tarea de construir una alternativa democrática, electoralmente exitosa y con un mínimo de garantías de gobernabilidad. El candidato a escoger siempre es la parte más difícil. Para ser presidente no es suficiente querer serlo, ni haber leído a González Guinán y ser adeco como pretendía Betancourt, en la época de la hegemonía de AD. Los tiempos cambian y las nuevas generaciones demandan un liderazgo político moderno, abierto y eficiente, que no se agote en los linderos partidistas ni en los intereses de los grupos económicos. Afortunadamente Venezuela ha evolucionado lo suficiente para demandar una democracia moderna y un proyecto de desarrollo inclusivo, en donde la renta y el rentismo petrolero y el militarismo anacrónico dejen de ser los factores de poder que usualmente han sido.
El gobierno ya tiene candidato, por decisión propia y personal del mismo y en la oposición 16 pre-candidatos lucen demasiados. Creemos que en los próximos meses se debe decantar esta lista en función del respaldo real que cada uno pueda tener. Es importante, para no confundir al electorado y al mismo tiempo dar una demostración de seriedad y objetividad en la construcción de un proyecto alternativo y una unidad nacional, que va a demandar competencia y seriedad a todos los sectores. Hay que evitar la tentación hegemónica de algunos partidos y estar consciente que más importante que ganar unas primarias partidistas es convencer y convocar a una mayoría que permita elegir al nuevo presidente en función de todos los venezolano

La sombra de Carujo

Los procesos históricos de largo plazo tienden a repetir o reproducir ciertas características cuyos orígenes hay que buscarlos en la psicohistoria de una sociedad, así como en su antropología y cultura que determinan la mentalidad e imaginario de un colectivo con sus mitos, símbolos, creencias, prejuicios, miedos y esperanzas. Todo esto viene al caso al constatar en los hechos y en la realidad de nuestra historia la preminencia del militar y del hecho militar en ella, así como como del militarismo como ideología dominante. El poder en Venezuela ha estado fuertemente marcado por los militares y así se evidencia si repasamos la lista de nuestros presidentes y el número de ellos provenientes del cuartel así como la integración cuantitativa de muchos gobiernos con personas provenientes de este estamento, como es el caso del actual gobierno.
Sin ir más allá de nuestro proceso republicano la anécdota nos remite a un presunto intercambio de palabras entre el caudillo militar José Tadeo Monagas y el prócer civil José María Vargas, cuando el primero afirma que los empleos públicos deben estar en manos de los fundadores de la libertad mientras el segundo denuncia la perniciosa costumbre de los hombres que creen que Venezuela es su patrimonio. La otra anécdota se refiere también a José María Vargas y al atrabiliario Carujo con su frase bárbara de que el mundo es de los valientes y la respuesta civil de Vargas de que el mundo le pertenece a los justos. 176 años han transcurrido y 26 presidentes militares han gobernado desde aquel lejano-cercano 1835, tiempo en que se ubican ambas anécdotas. Con toda propiedad en Venezuela podemos hablar perfectamente de un Estado limitado en sus posibilidades institucionales, civiles y ciudadanas así como de una república y una democracia limitada, condicionada o secuestrada como proyecto cívico, republicano y democrático. Urge en nuestra sociedad fortalecer la visión civil de nuestra historia sin necesidad de denigrar ni disminuir la importancia del estamento militar en las diversas etapas de nuestra historia.

Manifiesto de Coloncito

El domingo 3 de Abril fue convocado un gran encuentro de productores agropecuarios en Coloncito, Estado Táchira, a través de las diversas asociaciones de toda la cuenca del lago de Maracaibo, que como se sabe incluye al Zulia y a los tres estados andinos. La convocatoria respondió a la necesidad de fijar una posición pública frente a las crecientes dificultades que está viviendo esta subregión y sus habitantes como consecuencia de las políticas oficiales además de otras dificultades propias de este tipo de actividades agropecuarias como son las de orden climático, económico y comercial. En el llamado manifiesto de Coloncito se reitera la vocación de patria de este importante sector en renglones vitales para el país como lo es la agroalimentación. Igualmente se reitera el compromiso con el proyecto democrático y el desarrollo nacional. Mas allá de cualquier otra valoración del sector agropecuario en general y con las excepciones del caso no hay duda que se trata de un grupo de personas altamente meritorias por su sentido pionero y de pertenencia telúrica, así como por su capacidad demostrada de emprendimiento y logros en una actividad económica de mucho riesgo y de gran compromiso con nuestra soberanía y nuestra independencia alimentaria. Lamentablemente el actual gobierno, viejo ya de 12 años, se empeña en agraviarlos y perjudicarlos en sus intereses legítimos con políticas que no se terminan de entender como lo es el despojo, simple y arbitrario de sus propiedades con intenciones poco claras, al final se termina en la ruina del campo, la “negociación” bajo sombra o la entrega al capitalismo más salvaje como lo es la anunciada negociación de 20.000 hectáreas para la explotación del plátano a empresas privadas rusas, inclusive con fuertes sospechas de que estas pudieran estar vinculadas al narcotráfico.
Conocemos y sabemos de las dificultades de esta subregión, de su azaroso y riesgoso destino como zona fronteriza y el azote que padece por parte de la narcoguerrilla y de la delincuencia en general. A pesar de estas dificultades y la arbitrariedad de los procedimientos y la proliferación de todo tipo de amenazas, el sector insiste en propiciar un gran diálogo con el gobierno nacional y en donde se incorporen al mismo los gobiernos locales y regionales ya que están conscientes del papel estratégico que les toca jugar en la soberanía alimentaria del país. La subregión de la cuenca del lago y en general toda la frontera occidental es vital para el futuro nacional. Resulta alentador para los productores la actitud asumida por sus trabajadores en casi todos los casos de solidaridad y acompañamiento en las dificultades.