domingo, 5 de mayo de 2013

El balance del mundo (2012-2013)


Los procesos históricos en un mundo globalizado son complejos y contradictorios. Muchos procesos y acontecimientos son previsibles pero igualmente existen los imponderables que volatilizan cualquier predicción. No existe una ciencia del futuro, pero sí es posible intentar identificar hechos y tendencias y en algunos casos anticipar, como por ejemplo, en los fenómenos meteorológicos aunque en el campo humano, como ya hemos dicho, lo imprevisto e impredecible están siempre presentes.

En el año 2013, se van a producir cambios políticos importantes en algunos países, como la nueva jefatura china. Las elecciones legislativa en la India, países que por su tamaño e importancia tienen una gran influencia en el mundo. La incorporación de Croacia como estado número 28 en la comunidad europea pero quizás la elección políticamente más importante es la del nuevo gobierno en Irán. Elección clave en una región altamente volátil y que de sus resultados prácticamente pudiera depender la paz o un gran conflicto armado en la región con repercusiones mundiales.

Igualmente las elecciones legislativas en Alemania pueden ser decisivas en cuanto al manejo de la crisis europea, por el papel protagónico que juega Alemania en esta comunidad de naciones.

La elección del nuevo papa también marca una noticia importante por las características del mismo, latinoamericano, jesuíta y la adopción del nombre: Francesco.

La economía mundial tiende a recuperarse y las proyecciones de crecimiento económico son las siguientes: 5.8% en los llamados países emergentes (BRIC). Un 3.5% como promedio mundial, y apenas un 1.6% en los llamados países desarrollados. Asia crecerá un 6.4%, sin Japón que apenas lo hará en un 1.2%. África Subsahariana un 4.8%. África del Norte y Medio Oriente 3.8%. América del Sur 3.9%. América del Norte 2.2%. Europa Occidental 0.3% y Europa Oriental 2.9%. Estas cifras en términos macrohistóricos y de mantenerse estas tendencias a largo plazo indicarían que el mundo está buscando un mayor equilibrio económico, lo cual es francamente positivo para la paz mundial. Como se viene diciendo en los últimos 40 años, vivimos en un mundo multipolar en donde la dinámica geopolítica fundamental estaría determinada por EEUU y China, que comparten intereses crecientes lo que pudiera hacer pensar en una paz mundial en las próximas décadas sin descartar importantes y graves conflictos regionales. Zonas de conflicto las hay y vienen del pasado inmediato, los más ruidosos y peligrosos se ubican en Medio Oriente y Norte de África y es fácilmente proyectable un aumento de las tensiones en la región, especialmente a nivel político por el conflicto abierto entre los diversos proyectos democráticos modernizadores y el fundamentalismo antioccidental. El mundo va a seguir siendo peligroso aunque luce en el corto plazo que la mayoría de los países y bloques van a privilegiar los negocios y la economía y evitar en los posible la confrontación.

En esta visión global y con una América Latina en franco crecimiento económico y desarrollo del proyecto democrático, Venezuela luce como una anomalía, con una economía destrozada, una sociedad dividida y un proyecto político anacrónico e inviable.

martes, 16 de abril de 2013

El atraso como ideología

La historia es fundamentalmente tiempo y, contrariamente a la teoría del tiempo único y progresivo, lo real son los muchos tiempos que coexisten: así como hay una modernidad y pueblos instalados en esa modernidad, otros permanecen anclados en estadios evolutivos anteriores, inclusive en tiempos equivalentes a la prehistoria.
Otras sociedades mantienen en su seno grupos diversos con usos, costumbres y mentalidades mezcladas, es nuestro caso, países a medio hacer, a medio camino entre la modernidad y la premodernidad; podemos usar tecnología de punta y tener actitudes y conductas primitivas o mágicas; vivir en una ciudad y tener o mantener conductas rurales.
Este tipo de sociedad desigual y contradictoria va a reproducir sus contradicciones y limitaciones históricas a todos los niveles, incluidas las estructuras institucionales, jurídicas y políticas. Ello ayuda a explicar el actual gobierno, muchas de sus políticas, ideología e imaginario.
El siglo XXI venezolano se asume en la perspectiva de personajes definitivamente anacrónicos, inspirado en un cacique rural, esclavista y terrateniente como Zamora, un ideólogo ilustrado pero iluso en muchos casos, como Simón Rodríguez, y la figura emblemática del padre de la patria, todo ello como andamiaje ideológico para acceder al futuro, algo así como pretender llegar a Marte con la física de los griegos o de los medievales.
En nuestro tiempo este anacronismo tiene sabidos antecedentes fracasados y con un alto costo en sufrimiento y atraso: estoy pensando en la barbarie de los Khamer Rouge de Camboya, que pretendieron regresar al campo y a la barbarie al 90% de la población, 30 años después el país no logra recuperarse.
Igual Corea del Norte con Kim Jong-Un, o los talibanes de Afganistán, pero aquí mismo en mérica Latina tenemos a Cuba con su envejecida gerontocracia, pobreza generalizada y la indignidad de haber convertido la prostitución en política de Estado y prohibir los mejores sitios de la isla a sus propios ciudadanos, convertidos en un porcentaje alto en servidores de turistas. Como la diosa bifronte Jano o aprendemos a mirar hacia delante y avanzamos o el pasado se convierte en culto y mausoleo.

Democracia


Después de un proceso electoral, no importando quién lo haya ganado, se hace necesario reafirmar nuestra fe en la Democracia y nuestro compromiso democrático. La Democracia más que un sistema político es un sistema de pensamiento y de valores, una cultura, la más propicia a la convivencia humana y a la consecución del Bien Común. La Democracia es convivencia, tolerancia, pluralismo, solidaridad, respeto a los derechos de los demás, división efectiva de los poderes, responsabilidad administrativa y alternabilidad en el poder con garantías para todos y respeto al derecho de las minorías. En la época moderna se agrega la vigencia de los Derechos Humanos, sustentados en dos principios fundamentales, la libertad de la condición humana y la dignidad de las personas. En Venezuela, durante todo el siglo XX, se confrontaron dos proyectos políticos, el proyecto autocrático y el proyecto democrático, creándose una dialéctica que sigue marcando el proceso político contemporáneo, de allí que no es ocioso volver a recordar quizá la primera declaración orgánica del concepto de Democracia como filosofía social y de vida; y se le atribuye al historiador ateniense Tucídides (460 a.C. - 396 a.C.) en su libro La Guerra del Peloponeso, y que pone en boca de Pericles (495 a.C.- 429 a.C) una declaración plenamente vigente.

Nuestro régimen político es la democracia, y se llama así porque busca la utilidad del mayor número y no la ventaja de algunos. Todos somos iguales ante la ley, y cuando la República otorga honores lo hace para recompensar virtudes y no para consagrar el privilegio. Todos somos llamados a exponer nuestras opiniones sobre los asuntos públicos. Nuestra ciudad se halla abierta a todos los hombres; ninguna Ley prohíbe la entrada en ella a los extranjeros, ni les priva de nuestras instituciones ni de nuestros espectáculos; nada hay en Atenas oculto, y se permite a todos que vean y aprendan en ella lo que bien les pareciere…
Confiamos para vencer en nuestro valor y en nuestra inteligencia. Tenemos el culto de lo bello y cultivamos la filosofía, sin que eso debilite nuestro carácter. Si poseemos riquezas no es para guardarlas ociosas ni para envanecernos de su posesión, sino para emplearlas productivamente. Para nadie es vergonzoso entre nosotros confesar que es pobre; lo que sí es vergonzoso es no tratar de salir de la pobreza por medio del trabajo. Todos los ciudadanos, incluso los que se dedican a los trabajos manuales, toman parte en la vida pública; y si hay alguno que se desinteresa de ella se le considera como hombre inútil e indigno de toda consideración. Examinamos detenidamente los negocios públicos porque no creemos que el razonamiento perjudique a la acción; lo que sí creemos perjudicial para la patria es no instruirnos previamente por el estudio de lo que debemos ejecutar”.

Con el mismo espíritu, casi dos mil años después, Abrahan Lincoln (1809-1865), reafirma esta filosofía y estos principios en su discurso de Gettysburg (10-11-1863) también con motivo de unas honras fúnebres, homenaje a los caídos de una batalla de la guerra civil norteamericana:

Hace ocho décadas y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales. Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como lugar de último descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa.
Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí ya lo han consagrado, muy por encima de lo que nuestras pobres facultades podrían añadir o restar. El mundo apenas advertirá y no recordará por mucho tiempo lo que aquí digamos, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí. Somos, más bien, nosotros, los vivos, quienes debemos consagrarnos aquí a la tarea inconclusa que los que aquí lucharon hicieron avanzar tanto y tan noblemente. Somos más bien los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la gran tarea que aún resta ante nosotros: que de estos muertos a los que honramos tomemos una devoción incrementada a la causa por la que ellos dieron la última medida colmada de celo. Que resolvamos aquí firmemente que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra.“

La Democracia sigue siendo, en términos históricos y prácticos, el mejor sistema concebido por el hombre para garantizar la convivencia y el progreso humano, de hecho ella forma parte de una conquista civilizatoria fundamental que implica que, el conflicto de intereses siempre presente en la historia humana, y las controversias de todo tipo que siempre acompañan la vida social, sólo pueden ser resueltas por la vía del diálogo y el respeto y para las decisiones importantes, de no lograrse el consenso, siempre se recurre al método electoral, siempre y cuando, éste, garantice equilibrio y objetividad en el árbitro. Este sistema político que ha terminado por prevalecer en todo el mundo evidentemente es imperfecto como muy bien lo apuntara Winston Churchill (1874-1965), al calificarlo como el menos malos de los sistemas de gobierno creados por el hombre, pero en su esencia defectuosa siempre existe la posibilidad de la perfectibilidad del sistema y no otra cosa ha sido la historia de la humanidad, la prosecución incansable de utopías e ideales en función de valores y logros, tanto en un sentido espiritual como material. No es casual que hasta los regímenes que niegan la democracia de hecho insisten en definirse como democráticos, como ocurrió en muchos de los fenecidos regímenes comunistas del siglo XX. La palabra en sí misma ya es un programa político y en la Venezuela de los últimos años la palabra democracia es la principal convocante del futuro. En nuestro país, la democracia republicana ya forma parte del proyecto fundacional de la nación, naufragado lamentablemente en la barbarie que caracterizó la Venezuela del siglo XIX. Dentro del proyecto democrático nacional se ha ido erigiendo como una urgencia del pensamiento político, la construcción de una épica civil que permita definir el proyecto de República Democrática desde la propia sociedad como totalidad y no desde un sector de ella y mucho menos desde el sector castrense que por diversos intereses ha venido monopolizando el pensamiento historiográfico y político del país. La Democracia no es un proyecto ni de autócratas ni de élites egoístas sino un proyecto compartido de país inclusivo y progresista. No hay tarea más urgente para las nuevas generaciones que seguir construyendo en la práctica este proyecto, y su principal obstáculo quizá siga siendo la épica militar, fuertemente arraigada en nuestra conciencia colectiva, y la condición de estado petrolero que ha propiciado una manera de ser de la mayoría de nuestros conciudadanos inadecuada, para decir lo menos. La democracia, como ya llevamos dicho, es una filosofía y una cultura, pero también implica unas estructuras económicas democráticas, así como una estructuración de la sociedad también democrática. En nuestro país se ha hablado de un ADN democrático, como garantía de supervivencia del sistema, en lo personal tengo mis dudas sobre este pretendido ADN que quizá estemos confundiendo con la costumbre de participar en procesos electorales, convirtiendo el proceso electoral casi en un fetichismo del sistema, especialmente cuando este, los procesos electorales, se desarrollan sin garantías de equilibrio e imparcialidad. La democracia venezolana tiene profundos desafíos ante sí de cara a las exigencias del siglo XXI, y estos desafíos no podrán ser enfrentados exitosamente sino aprendemos a mirar hacia adelante y a entender que una nación es una identidad dinámica que se nutre más del futuro que del pasado. El pasado no puede ser cambiado, pero puede ser manipulado y de hecho lo es por las élites dominantes y los gobernantes de turno y por ello las dificultades de que el futuro sea compartido por todos ya que se tiende a proyectar también hacia el futuro la misma manipulación ideológico-política que usualmente se hace con el pasado.

Venezuela vive no solo una crisis de larga duración dino que de hecho se encuentra en una encrucijada histórica, cuyo principal desafío es la globalización y la posibilidad de dejar de ser una sociedad minera sin renunciar, como es lógico, al valor estratégico que significa el ser un país petrolero. Quizá allí radica nuestro principal error histórico, no haber entendido ni asumido la oportunidad petrolera como una ventaja comparativa y competitiva para facilitar el desarrollo de una economía productiva y más bien habernos quedado en la concepción primitiva de este tipo de economía minera que nos convierte en rentistas irresponsables que al no tener que rendir cuentas de una riqueza no producida por nosotros mismos, simplemente terminamos dilapidándola como un patrimonio heredado y quizá no merecido.

En términos históricos, en Venezuela podemos hablar de una democracia petrolera, nos toca construir una democracia sin apellidos y que exprese de manera real los principios y valores ya aludidos en el discurso de Pericles y en el discurso de Lincoln. Creemos que tenemos la capacidad humana para hacerlo. Las nuevas generaciones tienen que entenderlo y asumirlo como su responsabilidad primaria, que no es otro que propiciar un modelo de desarrollo moderno, eficiente, solidario y honesto y quizá eso nos obligue como sociedad a abandonar viejos paradigmas y a asumir plenamente los paradigmas de la modernidad o como algunos autores llaman, las nuevas utopías que se definen, no solamente a nivel nacional sino a nivel global. Nunca como ahora la humanidad ha estado más integrada en términos de desafíos y riesgos y nunca como ahora la co-responsabilidad nos compromete, ya no solamente con nuestro país, sino con el destino humano en general.

La Democracia no se agota en el proceso electoral, al contrario, puede perecer en un proceso electoral si este no garantiza la igualdad de participación y de condiciones, de allí que en un sistema democrático los poderes fundamentales pasan a ser el poder electoral y el poder judicial, como poderes árbitros por definición; en Venezuela, lamentablemente, nos falta un largo camino por recorrer en este sentido.

Somos de los que estamos convencidos que en función de la teoría cíclica de la historia se avecinan tiempos difíciles y tormentosos, pero quizá definitivos para alcanzar el fondo de nuestra crisis, y como los pueblos no se suicidan necesaria e inevitablemente nos tocará emerger de esta ya larga crisis de más de 30 años con un “nuevo” proyecto de país que reivindique lo mejor de nuestro pasado y que al mismo tiempo posibilite nuestro mejor esfuerzo para definitivamente consolidar un proyecto civil, republicano y democrático.

sábado, 30 de marzo de 2013

En nuestro tiempo




Discurso ofrecido en la
Universidad de Roma, "La Sapienza",
el 14 de marzo de 2013
  
Los contemporáneos recibimos una terrible herencia intelectual: la muerte del Dios de los filósofos o el silencio de Dios de los artistas. "Se diría que el hombre está descontento de sí, que es incapaz de dar un sentido, un contenido, al hecho de estar en el mundo" (Eugenio Montale).

En las sociedades tradicionales, los humanos se refugian en el grupo y asumen una identidad colectiva, compartida pero en las sociedades modernas y particularmente en las grandes urbes las personas se individualizan y asumen una libertad con todo sus riesgos y el principal: el de decidir y asumir plenamente sus decisiones y responsabilidades.

Llegamos al siglo XXI confundidos y atemorizados. Aunque los seres humanos hemos nacido para la eternidad, vivimos en la inmanencia del tiempo y en la precariedad de nuestras existencias. El tiempo vital es finito. Vida escandalosamente corta para nuestra mentalidad actual. A ello agregamos una crisis de época en donde las viejas ideas ya no nos sirven. En donde los paradigmas normativos habituales que permitían comprender "el mundo" y nuestro lugar en él ya no son suficientes. Crecimos con una fe ciega en el progreso y en la razón y en el humanismo y sobre todo en las portentosas posibilidades liberadoras de la tecno-ciencia. Desde el renacimiento hasta el siglo XIX, particularmente en Europa y en el llamado mundo Occidental, literaria y filosóficamente la humanidad, a modo de metáfora, habría encarnado en Prometeo y Fausto.

El siglo XX destruyó esta creencia, el siglo sin Dios lo llamó Martin Buber, un siglo de crueldad y destrucción que hizo pensar seriamente en el apocalipsis atómico y en el fin de los tiempos.

En este tiempo y en este contexto hay que emplazar a Chiara Lubich, persona situada y comprometida en "apertura y expectativa" tal como lo definiría la filosofía existencialista.

Inevitablemente por razones de formación y época tiendo a "historizar" mi punto de vista. Intentando comprender a Chiara Lubich, ideas y épocas, he asumido la centralidad en su pensamiento de "Jesús abandonado" como expresión de su personalísima visión de una especie de teología de la muerte de Dios o del silencio de Dios tan en boga en ciertos círculos intelectuales de nuestra época. Termina siendo como una terrible metáfora del siglo XX. Es el siglo que le tocó vivir y padecer y emblemáticamente marcado por el año 1943 cuando nace el Movimiento, tiempo-eje (Karl Jasper) y que en la cultura italiana se conserva como expresión de una memoria trágica y traumática y que cinematográficamente se recogió en la película ("La lunga notte del 43", Florestano Vancino, 1960).

Confrontados a las terribles guerras mundiales, a la terrorífica experiencia de Hiroshima, a los campos de exterminio nazi y al "gulag" soviético, la humanidad espantada, millones de personas llegaron a pensar realmente que Dios nos había abandonado como lo pensaron los millones de seres que fueron sometidos a las terribles experiencias antes apuntadas. En ese siglo y en esa realidad fragua, a nuestro juicio, toda la carga de amor y esperanza que era portadora esta joven de Trento; fragua que se alimentaba en sus profundidades oceánicas de la doctrina del Amor, practicada y predicada por Jesús.

Existe una anécdota que se le atribuye a Juan, El Evangelista: ya en su vejez, la gente se le acercaba para preguntarle sobre Jesús, cómo era, qué hacía, qué decía, y Juan les contestaba de manera breve y escueta que todo se podría resumir en el mandamiento del Amor: "Ámense los unos a los otros". Y la gente sorprendida les decía: "¿Nada más?" Y Juan les contestaba: "¿Les parece poco?".

Chiara sentía y sabía que Dios es Amor y de eso se trata: cómo lo vivimos, cómo lo hacemos real en nuestras vidas concretas. Chiara vivió para pensar y transformar el mundo desde el Amor. El Amor gratuito e incondicional. El Amor recíproco y la Fraternidad, casi la única esperanza de este nuevo siglo.

Parte de esa inspiración y dinámica se está intentando estructurar en torno al concepto del Homo Agapicus. Cuando se habla de entrega incondicional, pensamos en el amor de la pareja, en el amor de los padres a los hijos y habría que empezar a pensarlo también en el ámbito de la comunidad y todas las relaciones humanas y sociales existentes. El Homo Agapicus históricamente ha empezado a existir en tensión dialéctica entre la lógica de la verdad y el amor y la lógica del interés y del poder. Valores y tradiciones establecidas entraron en crisis en la modernidad tardía. Los paradigmas normativos tradicionales ya no son suficientes y las propias palabras tienen que ser re-significadas.

El concepto de renuncia y servicio a los demás igual que el respeto y la tolerancia son fundamentales, y en ese sentido, iniciativas emblematizadas en el llamado Atrio de los gentiles y en el espíritu de Asís son iniciativas de primer orden.

Chiara Lubich fue profética en muchos sentidos y sin lugar a dudas abrió caminos, como el diálogo interreligioso e intercultural; y con la Economía de Comunión se amplía el concepto de desarrollo y se transciende la esfera económica y se proyecta a todos los aspectos de un desarrollo humano e integral.

En mi experiencia personal con Chiara Lubich y el Movimiento de los Focolares (no tuve el privilegio de conocerla personalmente) está en primer lugar vivenciar a través de personas concretas del Movimiento de los Focolares, una manera diferente de servir, de ser útiles (la santidad de la vida cotidiana como diría Santa Teresa de Ávila).

Después fueron los inspiradores escritos de Chiara y múltiples experiencias con el Movimiento.

La comunidad de la Universidad Católica de Maracaibo, con el Consejo Académico, acogió la importancia del Movimiento de los Focolares y la trascendencia del pensamiento y testimonio de vida de Chiara Lubich, considerándolos en línea profética con el Concilio Vaticano II y con el "aggiornamento" (actualización) necesario solicitado por la Iglesia.

El 22 de julio de 2003, el Consejo Académico confirió el doctorado Honoris Causa en Arte a Chiara Lubich, a partir de allí surgieron dinámicas académicas actualmente en pleno desarrollo: en julio del 2004 se creó la Cátedra Libre Chiara Lubich, de la cual se derivaron distintos proyectos como la bienal de arte, en su tercera convocatoria en mayo de este año; un importante proyecto editorial, del cual tenemos algunos ejemplares, y otras iniciativas como el Seminario sobre Economía de Comunión, el Programa Valores de la Cámara de Comercio de Maracaibo y la importante asistencia juvenil en el encuentro de Hungría.

Estas iniciativas no sólo se mantienen, más bien se multiplican así que la influencia humana aumenta.

El pensamiento de Chiara ha permeado la reforma curricular que ha favorecido la creación de cátedras comunes en todas las facultades como Humanismo Cristiano y la Semana de la Doctrina Social de la Iglesia que va en su séptima edición, iniciativa que animan permanentemente cientos de estudiantes en su formación y empeño con una tendencia expansiva natural y multiplicadora.

Pero el impacto más importante, para mi esposa y para mí, sin lugar a dudas, fue cuando tuvimos el privilegio de visitar su casa y su dormitorio, el 7 de diciembre del 2008, atendidos gentilmente por Eli Folonari y varias focolarinas. Frente a su modesta cama observamos tres imágenes: una especie de sagrario, un Cristo doliente y una María implorante (tal grito silencioso de una madre y el abandono de un Dios traicionado) Otro altísimo privilegio fue el que se nos regalara una edición de los Evangelios igual al que tenía Chiara en su mesa de noche.

Chiara Lubich, mujer de fe y esperanza, siempre supo quién era, de dónde venía y quién la inspiraba. En términos profanos sin lugar a dudas es una mujer profética y contemporánea del futuro. Como humanidad fraterna, una, diversa y solidaria se nos invita a una nueva ciudadanía que Chiara bautizó en las ciudades de Asís, Paris y Hollywood, que terminan siendo las metáforas históricas, intelectuales y simbólicas de esta nueva ciudadanía a la que nos invita Chiara Lubich y el Movimiento de los Focolares, la de la fraternidad.
 
Ángel Lombardi