sábado, 17 de enero de 2026

TRIPOLARIDAD

 Nada de lo que ocurre en el mundo puede ser entendido totalmente si no lo enmarcamos en una visión geopolítica global. Toda acción o movimiento geopolítico responde a intereses muy concretos, más allá de ideologías y retóricas de propaganda.

En el caso de Venezuela, Estados Unidos está desarrollando su estrategia de control hemisférico frente a China, Rusia, Irán y cualquier otro país o gobierno que considere rival o adversario. El régimen venezolano, al dejar puerta franca a China, Rusia e Irán, tarde o temprano iba a encontrarse en la línea de fuego entre estos rivales estratégicos, y así ha sucedido.

China, con su penetración económica; Rusia, con su influencia militar; e Irán, presunto financista y articulador del terrorismo extremista islámico —con Cuba como “operador” e intermediario— han configurado una presencia que inevitablemente genera tensiones.

El problema llega a la situación actual porque, en curso, las tres potencias están discutiendo sus relaciones geopolíticas, es decir, sus zonas de influencia para los próximos años. Trump y Putin lo están haciendo con el problema de Ucrania y las relaciones con Europa. Y en abril está prevista una reunión en China entre Trump y Xi Jinping, como culminación de las negociaciones en curso entre ambas potencias, cuyas economías están tan interconectadas que ambas se necesitan.

Los chinos tienen el control de las tierras raras, y Estados Unidos mantiene el control de los pasos vitales del comercio mundial y, parcialmente, del petróleo del Medio Oriente y ahora del de Venezuela. En caso de reabrirse el conflicto con Irán —algo muy probable— el suministro de petróleo a China quedaría comprometido, y Rusia no tiene la capacidad para cubrirlo.

Y aquí es donde nuestro petróleo y otros recursos —oro, tierras raras, etc.— bajo control de Estados Unidos se convierten en un elemento adicional de negociación frente a China, al mismo tiempo que “frenan” la influencia de los tres países adversarios citados. Estados Unidos, en su doctrina de Seguridad Nacional publicada en diciembre de 2025, no disimula su política de control de las Américas, Caribe y Groenlandia incluidas.

No simpatizo con Trump ni con sus políticas, y rechazo su agresión a Venezuela, pero la realidad casi nunca es como uno quiere que sea.

Ángel Lombardi

DEMOGRAFÍA, INMIGRANTES, MIEDO Y CAMBIO

 Elon Musk, en X —de la cual es propietario— tiene más de 230 millones de seguidores, lo que indica que es una voz escuchada. Además, su figura pública, que él cultiva, tiene proyección mundial e influencia indudable.

No sé si los tuits los escribe personalmente o si lo hace un equipo, pero los temas que aborda merecen atención. Ninguna opinión es inocente, y siempre cabe preguntarse cuál es la intención detrás de cada opinión que damos. Una opinión no es ciencia, ni mucho menos la verdad.

Musk se ha referido al tema migratorio y demográfico y, en sus planteamientos, refleja una preocupación por la inmigración ilegal y por la procedencia étnico‑cultural de muchos de los migrantes. Que un Estado Nacional controle sus fronteras no está en discusión; la pregunta importante es cómo entran y quién o quiénes los dejan entrar.

Son los propios gobiernos y empresarios —ávidos de mano de obra barata, y de técnicos y profesionales cuya formación no pagaron— quienes los “apetecen” y facilitan su entrada, legal e ilegalmente; preferentemente esto último, porque facilita su explotación laboral. Pero cuando el país receptor y cómplice, por codicia, empieza a tener problemas internos, económicos, políticos o de cualquier tipo, entonces el inmigrante —en particular si es de cierto color— se convierte en el problema, en “el enemigo interior”.
Por estos lados decimos “el paganini”.

Yo lo llamo hipocresía política y empresarial; o, para ser más crudo y directo, “nazismo o método Hitler”. Creo que es lo que está ocurriendo en Estados Unidos y en algunos países europeos.

En cuanto a la demografía: usted viene de un país, Sudáfrica, que inventó el funesto apartheid, donde una minoría blanca —al final, unos 8 millones de personas— dominaba, explotaba y excluía a 22 millones de nativos negros de diversas etnias. Al final, se impuso la realidad real, y ahora a Sudáfrica la gobiernan esos “negros”.

Me pregunto maliciosamente: ¿no será este el peligro que están viendo los grupos dominantes frente al aluvión migratorio que necesitan para explotar, pero que, si siguen creciendo, en algún momento les discutirá el poder y, eventualmente, les quitará o arrebatará ese poder?

Con las drogas pasa igual: se consumen allá y el dinero termina allá, pero la culpa está acá. Lo mismo ocurre con la desindustrialización de Estados Unidos: sus empresas se mudaron a países de mano de obra barata, leyes laxas y gobiernos corruptos que facilitaban “buenos negocios”, y tenían grandes mercados emergentes de potenciales consumidores: millones y millones de personas. Y ahora se quejan de que Estados Unidos, que en 1945 era una potencia manufacturera con el 50% de la producción mundial, hoy apenas representa el 5%.

Sus empresarios buscaron buenos y rápidos negocios, y ahora viene este personaje a decirle al mundo que los han estafado esos pueblos “malos”, de colores diversos.

Menos mal que el mundo está cambiando, y cada vez hay más personas, en todas las latitudes, que saben quién es quién.

Ángel Lombardi