Nada de lo que ocurre en el mundo puede ser entendido totalmente si no lo enmarcamos en una visión geopolítica global. Toda acción o movimiento geopolítico responde a intereses muy concretos, más allá de ideologías y retóricas de propaganda.
En el caso de Venezuela, Estados Unidos está desarrollando
su estrategia de control hemisférico frente a China, Rusia, Irán y cualquier
otro país o gobierno que considere rival o adversario. El régimen venezolano,
al dejar puerta franca a China, Rusia e Irán, tarde o temprano iba a
encontrarse en la línea de fuego entre estos rivales estratégicos, y así ha
sucedido.
China, con su penetración económica; Rusia, con su
influencia militar; e Irán, presunto financista y articulador del terrorismo
extremista islámico —con Cuba como “operador” e intermediario— han configurado
una presencia que inevitablemente genera tensiones.
El problema llega a la situación actual porque, en curso,
las tres potencias están discutiendo sus relaciones geopolíticas, es decir, sus
zonas de influencia para los próximos años. Trump y Putin lo están haciendo con
el problema de Ucrania y las relaciones con Europa. Y en abril está prevista
una reunión en China entre Trump y Xi Jinping, como culminación de las
negociaciones en curso entre ambas potencias, cuyas economías están tan
interconectadas que ambas se necesitan.
Los chinos tienen el control de las tierras raras, y Estados
Unidos mantiene el control de los pasos vitales del comercio mundial y,
parcialmente, del petróleo del Medio Oriente y ahora del de Venezuela. En caso
de reabrirse el conflicto con Irán —algo muy probable— el suministro de
petróleo a China quedaría comprometido, y Rusia no tiene la capacidad para
cubrirlo.
Y aquí es donde nuestro petróleo y otros recursos —oro,
tierras raras, etc.— bajo control de Estados Unidos se convierten en un
elemento adicional de negociación frente a China, al mismo tiempo que “frenan”
la influencia de los tres países adversarios citados. Estados Unidos, en su
doctrina de Seguridad Nacional publicada en diciembre de 2025, no disimula su
política de control de las Américas, Caribe y Groenlandia incluidas.
No simpatizo con Trump ni con sus políticas, y rechazo su
agresión a Venezuela, pero la realidad casi nunca es como uno quiere que sea.
Ángel Lombardi
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