jueves, 19 de febrero de 2026

El torturador y sus víctimas

 



El torturador y sus víctimas podría haberse titulado esta excelente película iraní. También sería un título adecuado El odio, la venganza y el perdón, o simplemente Humano, demasiado humano. La historia universal y la historia de cada país registran en algún momento el hecho monstruoso de Caín asesinando a su hermano Abel; la existencia de victimarios y víctimas es tan frecuente y recurrente que casi siempre se trata de olvidar o borrar de la memoria.

Por eso algunos, de buena fe, quieren "borrar" el Helicoide. Convertido en centro comercial, cultural o deportivo, con el paso del tiempo —y una vez muertos quienes allí torturaban, maltrataban e igual sus víctimas— se condenaría al olvido en la memoria y consciencia colectiva a este emblemático centro del horror carcelario. En contraste, los judíos, milenariamente perseguidos, después del genocidio del Holocausto nazi no olvidaron ni quieren olvidar la Shoah, y para ello crearon los Museos de la Memoria. No lo hicieron por odio o venganza, sino para no olvidar y como pedagogía para no repetir esos horrores.

La película plantea magistralmente esta compleja problemática en una historia sencilla que gira en torno a unos pocos personajes: el torturador, su familia y cuatro de sus víctimas. La trama transcurre en el Irán teocrático actual, una dictadura político-religiosa en una sociedad que, como muchas de nuestras naciones latinoamericanas, se encuentra a medio camino entre la modernidad y el medievo; entre el desarrollo y el subdesarrollo, y entre democracias precarias y feroces dictaduras.

Esta obra resulta muy oportuna en Venezuela, donde estamos intentando salir de una larga dictadura y se mantiene en discusión una Ley de Amnistía que plantea, más que justicia, equidad y reparación, el "perdón y el olvido". No se quiere odio ni venganza, pero sí una recta aplicación de la ley y minimizar la impunidad para que no se repitan las atrocidades cometidas. Nunca una película fue más oportuna para educarnos a todos, tanto a víctimas como a victimarios.

 

Ángel Lombardi

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