Un aporte importante del filósofo Giorgio Agamben, que es muy apropiado para entender la situación y condición del "preso político", es aquel que está preso sin haber cometido ningún delito. En este escenario, un sistema político dictatorial lo convierte en un "delicuente legalmente encarcelado" cuando las autoridades competentes —policías, fiscalía, tribunales y jueces—, cooptados por venalidad o corrupción, siguen las órdenes arbitrarias del poder dominante o dictatorial.
Precisamente, se califica de "preso político" a
los perseguidos y encarcelados por sus ideas críticas al poder dominante. Esto
constituye una violación a un derecho humano fundamental como es la libertad de
pensamiento y opinión, además de ser un derecho garantizado por la
Constitución. Esta realidad se ve agravada por el "modo" en que son
apresados y tratados, las condiciones carcelarias infamantes y las diversas
modalidades de tortura que se les aplican. Todo lo anterior son sobrados
motivos para la liberación plena y total de todos los presos políticos.
Si no hay libertad inmediata de todos los presos políticos,
la injusticia continúa. La señal política inequívoca es que el poder sigue
siendo dictatorial y la aplicación de la ley, arbitraria e injusta. Igualmente
llama la atención, de manera negativa, cómo la Fiscalía y el Poder Judicial
siguen bajo la dirección de los mismos que ejecutaron la persecución judicial
con fines políticos.
Como prueba irrefutable de esta situación, queda la
aceptación explícita de parte del régimen de la existencia de "presos
políticos". A esto se suman las múltiples denuncias hechas en su momento,
con pruebas contundentes, por familiares y entes especializados nacionales e
internacionales que ratifican la naturaleza de esta crisis institucional.
Ángel Lombardi
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