La "domesticación" de las masas y la "cancelación" del pensamiento crítico constituyen el gran proyecto totalitario en desarrollo en la sociedad del siglo XXI, independientemente del sistema político o la ideología imperante. Es la promesa tecnológica de los dueños del gran capital —el verdadero Big Brother— y del sistema financiero global; específicamente de la tecnocracia del monopolio comunicacional y tecnológico, apoyada en la Inteligencia Artificial y el manejo masivo de datos.
Este proceso se articula a través del control y la
manipulación de la información, donde el uso de la desinformación, la
propaganda y la "verdad alternativa" construida tecnológicamente
dificultan cada día más el acceso a la realidad fehaciente. Se impone así un
control del relato mediante la construcción de narrativas orientadas a
confundir, crear falsas certezas y establecer patrones de consumo y pensamiento
alineados, uniformes y unidimensionales.
En el ámbito académico, ya se observa el desmantelamiento
del pensamiento humanista mediante la cancelación de cátedras y facultades que
estimulen el juicio crítico. Uno de los profetas de esta era tecnológica y
distópica, Elon Musk, ha sugerido que la formación universitaria es innecesaria
frente a los oficios técnicos, perfilando una universidad funcional de bárbaros
especializados y escuelas formadoras de conformistas y consumidores
"felices".
A la par, las tecnologías de control y vigilancia han
eliminado los espacios privados libres, aspirando incluso al uso de
dispositivos injertados para monitorear acciones y pensamientos. La meta es la
despersonalización y la uniformidad de ideas y conductas para hacernos
previsibles, frágiles y manipulables. A esto se suma la inoculación de una
cultura del miedo donde la realidad se presenta como una amenaza permanente;
basta observar cómo las noticias convierten todo en un peligro potencial,
incluso la salud, induciendo a una prevención constante aun cuando se está
sano.
Bajo este esquema, la felicidad se transforma en una receta
de predicadores, gurús y libros de autoayuda, mientras la ansiedad y la
depresión se extienden como una epidemia o desembocan en el refugio fanático.
El mal de nuestro tiempo es un sistema planificado para convertirnos en
consumidores endeudados y personas sin criterio propio, donde toda disidencia
es castigada, se aplaude el egoísmo y se premia al delincuente que alcanza el
éxito a través del poder y el dinero.
Ángel Lombardi
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