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lunes, 6 de septiembre de 2010

Candidato único

Me niego a creer y a aceptar que la patria tienen dueño y esa es una de las razones para rechazar la campaña oficialista, que con recursos públicos obscenamente utilizados ha montado una campaña electoral anodina y dispendiosa, sin mensaje y sin ideas y que gira en torno a la imagen presidencial, icono sagrado de la revolución al cual hay que reverenciar y temer al mismo tiempo.
El gobierno no tiene candidatos a la Asamblea Nacional, puede ser cualquiera, lo importante es el líder único, indispensable, omnisciente y eterno. Una sociedad que tolera este despropósito está condenada a vivir por un tiempo determinado en la ignominia y a indigencia moral, que es mucho peor que la pobreza material. El programa gubernamental es uno solo, simple y directo: el endiosamiento presidencial y la eternidad de su mandato.
Ir a votar en estas elecciones por los candidatos que adversan al proyecto oficialista es vital para nuestra democracia y para el futuro, se trata de un problema de salud pública y de profilaxia política necesaria. El gobierno de una sociedad seria y moderna no puede ser reducido a la imagen de nadie y mucho menos a la sombra de un caudillo, agotado en su liderazgo oscurantista y regresivo.
Al régimen lo sostiene el miedo y la complicidad de muchos compatriotas que tienen un interés material determinado, así como en el deterioro espiritual generalizado de una parte importante de nuestra población, además de la miseria y la ignorancia.
La Asamblea Nacional tiene que ser rescatada y puesta al servicio del país, de eso se trata, crear los equilibrios políticos necesarios en el pluralismo, en donde el propio oficialismo tiene cabida plena. Este gobierno ha fracasado en casi todo y sus únicos éxitos verdaderos tienen que ver con la consolidación estructural de la pobreza y en ser una fábrica de millonarios, no es un exabrupto hablar de la plutocracia chavista en Venezuela, si en algo son expertos los diversos gobiernos que hemos tenido es la riqueza dolosa y fácil de algunos que descubrieron en su momento que el mejor negocio en nuestro país es vincularse al gobierno de turno.

domingo, 1 de agosto de 2010

Vota o bota

El General de División Luis Enrique Rangel Bourgoin en su campaña presidencial en los años 80 utilizó como lema electoral “el golpe es con el voto” queriendo significar con ello que para un demócrata, no importa si es un civil o un militar, no hay otra vía de participación política que la vía electoral.
Pero desde otro punto de vista la frase pareciera expresar una mentalidad generalizada entre civiles y militares sobre el hecho de que “el golpe” nunca es descartable, especialmente en sociedades de tradición civil y democrática endebles y precarias.
En Venezuela “el golpe” ha sido una constante oprobiosa en nuestra historia, el camino de la fuerza siempre es el camino más fácil. Nuestra historia está llena de “intentonas y golpes de estado” inclusive en nuestra historia más cercana como los intentos fallidos de golpe de estado de febrero y noviembre de 1992 respectivamente. En particular el 4 de febrero de 1992 ha sido sacralizado por el actual régimen y mitificado, tratando de disimular o confundir con el hecho simple de que era un golpe de estado más, en cambio se demoniza el intento de golpe de estado del 2002 y de manera farisaica se condena los recientes hechos ocurridos en Honduras.
Golpe de estado es golpe de estado, no importa su intención u orientación ideológica y política, y debe ser rechazado como fórmula de solución, pero si una sociedad se empecina en sus extravíos y quien ejerce el poder no acepta la alternabilidad democrática y no garantiza procesos electorales transparentes, los golpes de estado ocurren, y esa es peligrosamente nuestra situación actual sino logramos desarrollar un proceso electoral en donde las garantías ciudadanas y electorales estén garantizadas. De allí la importancia del 26 de septiembre, una posibilidad cierta para recuperar plenamente el ejercicio de la política y la democracia en la medida que garanticemos el pluralismo político la participación y la división y autonomía de los poderes para crear las condiciones de gobernabilidad y progreso sobre un gran acuerdo nacional que debe trascender lo meramente electoral.
Un exitoso año electoral en el 2010 nos garantiza un proceso electoral confiable en el 2012 y con un fortalecimiento seguro de nuestra democracia, arrinconando para siempre las tentaciones golpistas que tanto daño han hecho a nuestra sociedad y que lamentablemente siempre están latentes y se potencian en la medida en que se debilitan los mecanismos democráticos.

domingo, 27 de junio de 2010

Necesidad de un gran acuerdo nacional

Sin lugar a dudas este es un gobierno cercano a su fin, tanto por el desastre nacional que ha provocado como por la agenda electoral que posibilita un mayor equilibrio político a nivel de la Asamblea Nacional y una posible victoria electoral en el 2012 sobre las bases de una recuperación plena de la Constitución y la Democracia enmarcado en un gran acuerdo nacional de gobernabilidad. El país está urgido de una salida política, para ello la ruta electoral es insustituible aunque no única tal como lo establece la propia Constitución.
El 26 de septiembre de 2010 es una fecha altamente propicia para recuperar el impulso democrático de nuestra sociedad al elegir una Asamblea Nacional plural y equilibrada, que permita legislar para todo el país, así como ejercer a plenitud el poder contralor necesario.
Si el presidente fuera un demócrata no debería sentirse amenazado por este proceso electoral y con un eventual triunfo de la oposición. Su suerte política se va a dirimir electoralmente en el 2012 con el resultado previsible de un voto castigo a tanto desgobierno y además como expresión de un cansancio colectivo frente a una retórica guerrerista y siempre amenazante. Los pueblos son indulgentes, a veces tienen memoria corta pero no perdonan el mal gobierno especialmente cuando la capacidad de crear ilusión y esperanza por parte del gobernante no puede ser confrontado con la realidad.
La idea no es destruir políticamente a nadie sino simplemente recuperar nuestra condición de república democrática con una Constitución respetada y acatada por todos y unas instituciones despartidizadas al servicio de toda la sociedad. Hay que rendir cuentas, es mucho el dinero que se ha manejado; la “regaladera” y la corrupción y el deterioro general visible en todos los ámbitos van a servir para crear y desarrollar la conciencia necesaria en una gran mayoría de ciudadanos de que al actual gobierno se le dio una oportunidad a la cual no supo honrar. Si hay una necesidad nacional es un gran acuerdo político que permita volver a tener la posibilidad de un gobierno democrático pluralista, participativo e inclusivo. No hay mejor programa que la unidad sin impunidad y la reconciliación nacional. Reconstruir nuestra sociedad no va a ser fácil pero es una tarea necesaria e ineludible, necesitamos recuperar colectivamente nuestro mejor destino como pueblo.