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domingo, 21 de marzo de 2010

La Política y la guerra o el arte del engaño

Ya lo decía el infaltable Sun Tzu, en la guerra el objetivo es engañar al enemigo (en la política sería al adversario). Si aplicamos esta fórmula, la debilidad del régimen es evidente, ya desde el gobierno no se engaña a nadie y el líder se ha quedado sin discurso. La realidad se ha encargado de desmentirle, y hoy nadie puede salvar su responsabilidad y ocultarse en el cómodo “no sabía lo que estaba pasando”.
A nivel internacional, nadie se llama a engaño, solo la complicidad interesada de los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Bolivia mantienen esa ficción llamada ALBA.
La crisis económica, que como un fatalismo indeseable, se cierne sobre el país desde el 2008, se ha encargado de desnudar al régimen en su incompetencia y corrupción. Ni siquiera a nivel social los éxitos iniciales pueden ser sostenidos frente al fracaso estruendoso en educación, salud, vivienda, empleo e inflación. Una crisis estructural en PDVSA además de una destrucción irresponsable de las industrias básicas y casi todo el aparato productivo. El gobierno por donde se le mire está en crisis y el liderazgo presidencial cada vez más menguado (mientras más grita y amenaza más débil es). Se puede mentir al principio y se puede engañar a muchos, pero no se puede engañar a todos siempre. Como dicen los estrategas, cuando el adversario amenaza con avanzar está pensando en cómo retroceder. Cuando habla de atacar, realmente está pensando en huir. En esta sintomatología del engaño y la huida, llama la atención la decisión del TSJ al aprobar una masiva y privilegiada jubilación. El 2010 pareciera ser un año decisorio en muchos sentidos y particularmente importante son las elecciones parlamentarias a pesar de la torpeza y el sectarismo tradicional de los partidos políticos, pero es una oportunidad para avanzar políticamente, convencidos en un triunfo electoral en el 2012, y es que el presidente en las encuestas se ha convertido en un presidente a “plazo fijo”. Cuando se le pregunta a sus seguidores sobre su permanencia en la presidencia más allá del 2012, apenas un 12% piensa que debería continuar. La democracia ente otras cosas es garantía de alternabilidad y es lo que desea la mayoría de los venezolanos. El régimen cada vez más se identifica con el pasado y un pueblo solo se moviliza cuando algo o alguien lo ilusiona o le promete un futuro mejor.

lunes, 15 de febrero de 2010

Una guerra anunciada

La guerra y el conflicto han sido una constante en la historia humana. Una historia profundamente cainítica y destructiva. Empezando el siglo XXI seguimos sin aprender las lecciones del pasado. La violencia sigue acosándonos en todo sentido, en nuestra cotidianidad urbana y en las guerras en curso. Uno de los escenarios más amenazadores y con probables conflictos de mediana o alta intensidad es el de Asia Central y el Medio Oriente. Irak, Afganistán, Pakistán, Irán, así como el ya largo conflicto entre Israel y los palestinos constituye todas referencias preocupantes y en particular el empeño suicida de la hierocracia (gobierno de los Ayatolás) iraní por convertirse en potencia nuclear. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó una resolución en contra de estas aspiraciones y que expiró el pasado 31 de Diciembre de 2009, de no haber una señal positiva del gobierno persa, existiría la posibilidad de una intervención armada de Israel con apoyo tácito o expreso de los EEUU, para neutralizar la posibilidad nuclear de Irán, tal como sucedió en el pasado reciente con Irak y Siria. De darse esta situación es muy difícil evitar una escalada confrontacional en este polvorín asiático. La humanidad no está preparada para este conflicto, al contrario, sería una distracción grave frente a problemas tan apremiantes y universales como la pobreza y el desafío ambiental.
Cuando le fue otorgado el premio nobel de la Paz, contra todo pronóstico, al Presidente Barack Obama, muchos lo interpretamos como una manera indirecta de comprometer al presidente de la primera potencia mundial a evitar en lo posible este tipo de escenarios, pero para sorpresa de todos, el presidente Obama, en su discurso durante la ceremonia de entrega del Nobel de la Paz, se refirió de manera directa y dramática a la idea de que hay algunas guerras que son necesarias, criterio que evidentemente muchos no compartimos, pero si nos atenemos a la lógica de violencia que ha presidido la Historia hasta nuestros días, creo que hay razones de sobra para preocuparse en el corto o mediano plazo. En el siglo XXI la paz se ha convertido en un imperativo categórico de una ética universalizada que nos obliga a toda la humanidad a proteger la tierra y preservarla en todo sentido.


viernes, 6 de noviembre de 2009

El desbarrancadero

Con este feroz título el escritor colombiano Fernando Vallejo tituló su libro para referirse a su país en guerra, sociedad agónica, atrapada entre la violencia y la pobreza. Algo parecido está ocurriendo en Venezuela, una sociedad que está naufragando en la violencia y la inseguridad, estimulada por una predica de odio y división nacional.
Desde otro punto de vista se está viviendo una crisis económica y social progresiva con una ingobernabilidad creciente. La pobreza otra vez en ascenso, un desempleo estructural como consecuencia de la destrucción del aparato productivo y una inflación indetenible. Si a todo esto sumamos las fracasadas políticas en vivienda, vialidad y servicios la situación nacional se torna ensombrecedora y de pronóstico reservado.
La zona fronteriza y en general todos los espacios urbanos viven en una zozobra permanente por la violencia que en ella impera y el clima de recelo y desesperanza tiende a imponerse.
Frente a este cuadro de una aguda crisis tanto en lo económico como en lo social el gobierno luce incompetente y desbordado y que la retórica populista y demagógica ya no es suficiente para enmascarar o disimular.
Las cosas están tan mal que lo peor está por venir. La crisis económica global que afloró en el 2008 y que ha significado una contracción del PIB a nivel mundial del 3% aproximadamente y un retroceso en el comercio mundial de un 10% y cuyos efectos en Venezuela ya no pueden ser disimulados a pesar de que de manera irresponsable se nos dijo que no nos iba a tocar se ha acentuado en el 2009 y seguramente en el 2010. En nuestro caso las cosas se complican porque una vez más fuimos imprevisores e irresponsables al dilapidar nuestra mejor oportunidad financiera con los altos precios del petróleo de los últimos años mientras paradójicamente nos endeudábamos y aumentaba nuestra dependencia del exterior en todos los rubros y particularmente en el alimentario. Profundizamos nuestra condición de economía de puerto que en el tiempo luce insostenible y mucho más con la caída de los precios del petróleo. Nuestra insensatez ha llegado al extremo de empezar a utilizar las reservas internacionales para apuntalar el populismo gubernamental con miras a los próximos procesos electorales, creando una situación de insolvencia a corto y mediano plazo con profundas y dramáticas consecuencias sobre el ingreso real de los venezolanos y su capacidad de sostener una vida digna y de oportunidades.