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domingo, 27 de junio de 2010

Ideología y política exterior

Los tiempos se aceleran, son los inevitables tiempos de la globalización y el portentoso empuje tecnocientífico que caracteriza nuestra época. La sociedades, aunque aparentemente estáticas, siempre se mueven. La economía, con sus crisis cíclicas, desestabiliza y crea incertidumbres. La política lo que hace es “somatizar” estas realidades y estos síntomas mientras que la geopolítica lo proyecta a nivel internacional en un “juego” permanente de intereses y tensiones. El mundo siempre ha vivido en conflicto y para el conflicto y no podía ser de otra manera cuando cada país se asume como un proyecto único, que pretende girar exclusivamente en torno a sus intereses materiales e ideológicos, entendible lo primero pero totalmente irracional lo segundo, ya que no hay nada más insensato que la pretensión hegemónica en torno a una verdad única que nos obliga a imponérselas a los demás como sea y de cualquier manera. Las alianzas ideológicas siempre han existido y siempre terminan en fracaso particularmente cuando entran en conflicto con los intereses nacionales de cada sociedad. Tan absurda es la pretensión de una alianza revolucionaria como puede serla la sustentada en el libre mercado, como si la afinidad o identidad ideológica puede sustituir los intereses concretos de una sociedad y de un Estado.
Los nuevos desafíos internacionales con temas o problemáticas que trascienden los estrechos marcos de las naciones y los anacrónicos nacionalismos del pasado. Paz y guerra, pobreza y desarrollo, ambiente y demografía, entre otros, dejan de ser problemas locales y nacionales y se convierten en problemas globales que tienen que ser asumidos con criterios globales que trasciendan en mucho los simples egoísmos nacionales, así como las limitaciones ideológicas de un determinado gobierno. Estos pasan, los Estados quedan por tiempos relativamente largos y el desafío es cómo conciliar estos intereses particulares con intereses de interés general para la humanidad sustentado en un planteamiento menos egoísta y más solidario tanto de la política como de la economía. La relaciones internacionales no pueden sustentarse ni en los egoísmos nacionales ni en los fundamentalismos ideológicos. Las nuevas, complejas y desafiantes realidades nos obligan a trascender nuestra propia experiencia histórica, así como nuestro horizontes mentales tradicionales. De lo que se trata es de humanizar la globalización en aras de una mayor reciprocidad internacional a pesar de las desigualdades geopolíticas existentes.

domingo, 2 de mayo de 2010

El lente deformante de las ideologías

En las últimas décadas del siglo pasado se puso de moda la tesis de la “muerte o fin de las ideologías” postura razonable si la asumimos en la perspectiva del enorme daño y la gran destrucción que provocó la absurda, dogmática e irracional idea de que la realidad política e histórica podría ser reducida a una sola visión o idea de la misma. Así tuvimos la aberrante experiencia soviética y la nazi-fascista que plagaron de sufrimiento, muerte y destrucción a casi todo el planeta. Entonces con el “muerte o fin de las ideologías” lo que se quería significar era la necesidad de no permitir más nunca este reduccionismo ideológico de la historia humana que lo único que propicia es el fanatismo y la intolerancia, así como permite una historia maniquea, en blanco y negro; por una lado “nosotros” y los “nuestros” y por el otro los “otros”, los enemigos a exterminar y que merecen todos los epítetos descalificadores posibles: reaccionarios, contrarrevolucionarios, burgueses, gusanos, escuálidos y un largo etcétera de denigración y descalificación, como si la historia pudiera ser reducida a una dialéctica asesina de “buenos y malos” que en su peor momento se expresaron a través de las llamadas guerras de religión y en los últimos años en el fundamentalismo islámico, con su anacrónica guerra santa o en su momento el infame apartheid sudafricano.
La humanidad, peligrosamente ha regresado a la tentación de los muros y cercados que pretenden dividir pueblos y territorios. Se calcula que hay unos 30 países que por un motivo u otro han construido murallas y perímetros cercados para segregar y separar, como si estas modernas murallas chinas o castillos y fortalezas medievales pudiera parar el curso inevitable de la historia, que no es otro que el proceso civilizatorio que nos acerca y nos obliga a vivir en comunicación abierta y solidaria y nos invita de manera creadora a tratar de construir la única utopía razonable que no es otra que la fraternidad constructiva, en un mundo fuertemente desigual y amenazado desde la pobreza de millones de seres humanos que claman por su oportunidad de ser protagonistas de su propio destino y que no tienen otra aspiración sino la muy humana del bienestar propio y familiar sin menoscabo de las oportunidades y del bienestar de los demás.

lunes, 22 de marzo de 2010

Prólogo solicitado con permiso para no ser publicado

José Luis Monzantg nos presenta un ensayo aluvional sustentado en su condición de lector-cinéfilo. A su manera comparte la mitificación literaria de Irama Mesa 15 que en la bohemia de la charla informal ha permitido que algunos de nuestros amigos descubrieran su vocación literaria. El autor en este trabajo intenta un diálogo en el fondo consigo mismo, con sus vivencias y lecturas, especialmente en el campo de la política y las ciencias sociales lo que le permite plantear sus “tesis”, para mi gusto, demasiado maniqueas y mecanicistas, para terminar en un nominalismo sin demostración. La “tesis” se inscribe en el viejo debate de la izquierda y la derecha como referentes políticos que en un plano inmanente reproducen el otro debate sobre el bien y el mal. Sobre esta premisa el autor asume la ideología como la columna vertebral para entender lo real-social y en la mejor tradición de “izquierda” todo lo “malo” está la derecha y el “bien” a la izquierda. Quizá el autor tenga razón si nos situamos en la tradición romántica y utópica que propuso la construcción de su mundo ideal lleno de sueños y poesías para oponerla a una realidad contaminada e imperfecta y que se expresa normalmente a través de la ideología dominante.
Desde mi punto de vista la ideología dominante no es más que la expresión de los intereses dominantes, tanto en lo económico como en lo político y no importa si esto se definan como de derecha o de izquierda, de allí que en lo personal pienso que más que la “derecha invisible” lo que hay es la ideología oculta y que siempre expresa unos intereses dominantes y una concepción del poder desde el poder. La derecha invisible no es otra cosa que el poder y sus representantes. No hay gobierno de izquierda, lo que hay son buenos o malos gobiernos y no hay que confundir el discurso de izquierda con las ejecutorias que siempre tienden a ser conservadoras por subordinación a la realidad y a veces inclusive reaccionarios cuando el fracaso gubernamental termina por servir a un grupo o sector de la sociedad y no a los intereses de la mayoría. Tan reaccionario es Stalin como Hitler o como Franco y Fidel, todos sin distinción terminaron produciendo miseria, violencia y destrucción. Si bien es cierto que en las llamadas democracias terminan gobernando grupos de intereses y con su correspondiente ideología dominante, también es cierto que la sociedad va desarrollando respuestas políticas institucionales y culturales que abren la posibilidad de un cierto equilibrio, algo así como los movimientos contraculturales que periódicamente se expresan en las diversas sociedades y cuestionan todo el orden establecido, situación impensable en los sistemas dictatoriales y totalitarios.
El autor continua su argumentación y desarrolla su “tesis” utilizando dos categorías que merecerían una discusión aparte “falsa conciencia” “ciencia verdadera” siguiendo de alguna manera directa o indirectamente a Marx y la tradición marxista como si los planteamientos y tesis del gran filósofo alemán fueron textos canónicos inmunes a la crítica. En este tipo de planteamiento se vuelve a ignorar el impacto de la tecnociencia sobre la realidad. No hay duda de la importancia del análisis de la “ideología” en la comprensión de lo real tanto en la política como en la economía la sociedad y en la propia cultura y mucho más en el mundo moderno cuyos niveles de alienación y confusión han alcanzado niveles delirantes de unos seres humanos que pretendiendo ya no creer en nada terminan creyendo en cualquier cosa que la publicidad y los medios o el discurso político les ofrezca.
Las “tesis” de José Luis son discutibles y no pueden ser asumidas como un dogma y creo que al autor tampoco lo pretenda pero ya en la segunda parte de su trabajo se empieza a desarrollar el planteamiento de fondo presente en este libro y en la intuición de que la liberación solo es posible en los sueños y en la poesía o como diría Sandor Marai, la intrínseca dignidad humana solo es posible ser abordada desde la razón y el escepticismo.
Este es un libro-tránsito entre el ejercicio académico de una tesis y una necesidad de expresarse literariamente para asumir sus propias contradicciones: “lo que si es cierto es que si hay gente ejerciendo poder sobre otros, allí hay ideología que enmascara ese poder. Si algo fue hecho desde las afueras del poder-bien pudiera no ser ideológico en cuanto a falsa conciencia que oculta y justifica privilegios, injusticias, ganancias y beneficios; pero movimiento libertario que alcance el poder y no quiere o no puede cambiar las causas de la desigualdad, aun que sí puede permanecer en el poder, entonces necesita ideologizar y lo hace”. En cada época la ideas de la clase gobernante son las ideas gobernantes, es una frase afortunada de Marx citada por el autor. El autor, sin decirlo, a la manera de Sergio Ramirez, también le dice adiós a los nuevos amos del poder, con honestidad intelectual y compromiso permanente con sus sueños y utopías.
“Pensar el mundo” inevitablemente nos lleva a representarlo (casi siempre heredamos la representación) y en la edad juvenil hasta pretendemos cambiar el mundo, como lo propuso el poeta Rimbaud y el filósofo de la Biblioteca Británica, en el fondo, todo ser humano vive en búsqueda y huida de sí mismo, y es difícil no sucumbir a la tentación ácrata y al nihilismo devastador.
En este libro el auto se nos “confiesa“ intelectualmente con esta Conversación con K y su diatriba ideológica del poder. El estilo es directo e irreverente a lo Vallejo aunque pretender encasillarlo sería un error. En este “laberinto de ideas enmarañadas” el autor intenta un diálogo consigo mismo (leyendo me leo, escribiendo me escribo como diría Günter Grass). Este es un diálogo abierto consigo mismo, aunque hay un interlocutor K (quiźa un homenaje inconsciente a Kafka además de breves referencias y conversaciones con sus amigos de Irama Mesa 15). En el fondo creo que no quiere proponer nada ni demostrar nada (contrariamente a la intención manifiesta del libro). Solo mostrarse en sus lecturas y en su voyeurismo cinematográfico y en diálogo abierto, como diría Nietzsche irreverentemente en desafío y en espectativa. “en medio de este concierto enmarañado de ideas y de -discursos de poder, me toca tan solo hacer al lector la invitación de las ciencias y el arte de Platón y Aristóteles, de Sócrates, Schopenhauer y Nietzsche; una invitación a pensar el mundo”.
En realidad más que pensar el mundo lo quiere escribir, desde la lectura y el cine que inclusive se anteponen a la realidad y sin poder desprenderse de su formación historiográfica quiere también “comprender” aunque ya no con la pretensión del historiador. Como muchos ante el derrumbe de las utopías y los sueños de la razón se aferran no sin esperanza en el poder creador de la palabra.


domingo, 24 de enero de 2010

Una época de oscurantismo

Manuel Caballero, en un artículo oportuno y pertinente titulado “La era del oscurantismo” (El Universal 17-01-2010) desarrolla la idea del atraso y la tragedia que ha propiciado este gobierno. Su líder se ha proclamado “marxista” en plena crisis eléctrica con sus apagones programados, sin haberse enterado que en la revolución bolchevique, liderizada por Lenin e inspirándose en Marx, la consigna era “Marxismo más electricidad” para significar que la revolución para ser efectiva tenía que cambiar las bases materiales de la sociedad y desarrollar una economía industrial moderna como requisito indispensable para implantar el marxismo. Para Marx, la revolución era distribución de la abundancia y no como está ocurriendo en este proceso que lo que está es destruyendo la producción y distribuyendo la miseria.
El líder socialista español Felipe González decía muy acertadamente que el socialismo es un sentimiento y una visión noble pero que el gobierno no es otra cosa que la gerencia y la administración eficiente para garantizar la solución práctica de los problemas y las necesidades de la gente. La inseguridad, el alto costo de la vida, la falta de trabajo y vivienda, el deterioro general en los servicios y particularmente en los últimos tiempos el de la electricidad no se resuelven ni con retórica ni con ideología. Las necesidades y los problemas de la gente no son de izquierda ni de derecha, de allí que en la sociedad moderna lo que hay son buenos o malos gobiernos. Gobernantes competentes o incompetentes, honestos o deshonestos. En consecuencia, después de 11 años de confrontación estéril e ignorancia atrevida lo que tenemos es un retroceso evidente y un alejamiento progresivo de las espectativas de progreso que en algún momento tenían la mayoría del pueblo venezolano.
La historia es fundamentalmente hacia adelante, pero en ciertas circunstancias, una sociedad enferma o anómica puede eventualmente apoyar un proyecto político anacrónico y reaccionario, hasta que la realidad los haga despertar como aparentemente pareciera estar ocurriendo en nuestro país. No tengo la menor duda que con el paso del tiempo y en la mirada retrospectiva del historiador, la idea que tenderá a prevalecer para identificar estos últimos años es el de una época de oscurantismo.

sábado, 28 de noviembre de 2009

¿La economía: Una ciencia optimista?

La economía en su desarrollo, termina siendo proyectiva y predictiva. Es inevitable en la visión económica de la historia, mirar hacia adelante con optimismo, por algo somos herederos de la Ilustración y de la Teoría del Progreso. En la actual coyuntura de crisis global (2008-2011) los expertos avizoran una recuperación económica progresiva en los próximos 2 años, moderada en los países avanzados y muy acentuada en los llamados países de economía emergente. Para América Latina la excepción son los países empeñados en la fracasada ilusión milenarista del comunismo, siendo el socialismo del siglo XXI, una distracción y un camuflaje ideológico y mediático, que ha servido para confundir y disimular el proyecto totalitario. En consecuencia, nuestros problemas económicos no tendrán solución si no resolvemos previamente el problema político. Tanto en Cuba como en Venezuela, no habrá posibilidad de un crecimiento económico y un desarrollo sustentable si no se resuelve el problema de la orientación política, de hacerlo, y creo que se hará, en el marco de esta crisis económica, la recuperación nacional, en un plazo de 3 a 5 años será impresionante. Tenemos todas las condiciones para ello, o como dirían los economistas, las ventajas comparativas y competitivas necesarias y en un plazo relativamente breve, nos colocaríamos entre los países emergentes con mayores posibilidades de futuro. Para lograrlo hay que empezar a deslastrarnos de nuestra mentalidad rentista que ha creado toda una ideología y una mitología de una cultura petrolera providencialista.
El petróleo es una oportunidad económica, pero por sí solo no garantiza un progreso permanente ni un desarrollo autosostenido, lección que se desprende de nuestro siglo XX petrolero, con su mentalidad y cultura del petróleo. Es imperativo superar a corto plazo nuestra economía dependiente y artificial por una economía real , diversificada, productiva y eficiente, para ello el cambio político en necesario e inevitable.
El petróleo, como factor económico de primer orden, nos va a acompañar por dos o tres décadas más, pero es necesario en paralelo “despetrolizarnos” mental y culturalmente. Hay que recuperar la condición de sociedad abierta y de una república civil capaz de entender que la gestión pública es fundamentalmente gerencia y administración, así mismo hay que insistir en la adecuación del sistema educativo a las nuevas exigencias económicas y tecnocientíficas del siglo XXI, que nos permita habilitarnos para un mercado laboral cada vez más complejo y cambiante y una vida y cultura urbana cada vez más problematizada.